Protegen tortugas en Colima.

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TortugasEn las playas de Armería, Colima, se encuentra el Centro Ecológico de Cuyutlán, conocido como El Tortugario. En 20 años de labor ha liberado a más de 2 millones de tortugas y actualmente es pilar fundamental en la educación ambiental de la comunidad.

Abrió sus puertas en 1992 con el propósito de investigar, conservar y proteger a los animales que se encuentran en peligro de extinción, como tortugas, iguanas y cocodrilos.

El trabajo realizado en este lugar le valió ser considerado, por la Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat), como parte del Sistema de Unidades de Manejo para la Conservación de la Vida Silvestre (Suma), el cual busca promover la diversificación de actividades productivas en el sector rural, sustentadas en el binomio conservación-aprovechamiento de los recursos naturales.

A mediados de 2012, este centro ecológico —que ya es reconocido como una Unidad de Manejo Ambiental (UMA)— fue galardonado por el gobierno del estado de Colima con el Premio Estatal de Ecología Dr. Miguel Álvarez del Toro, en la categoría Conservación de los Recursos Naturales, por la labor realizada durante 20 años, tiempo en el que se han liberado más de 2 millones de crías de tortugas golfina, negra y laúd.

Pero los resultados del trabajo de este lugar van más allá de los reconocimientos. El principal logro de este espacio ha sido de tipo educativo, asegura la directora de El Tortugario, María Cruz Rivera Rodríguez.

EN PELIGRO

La ubicación geográfica y el clima de nuestro país permiten que cientos de especies busquen refugio en territorio nacional para su reproducción. Este es el caso de las tortugas. De las ocho especies de tortugas marinas que los científicos reconocen, siete de ellas llegan a México a desovar.

Las autoridades mexicanas y organismos civiles han emprendido una serie de estrategias para su protección, como el Programa Nacional de Protección y Conservación de Tortugas Marinas, diseñado por el Instituto Nacional de Ecología (INE), de la Semarnat.

Sin embargo, uno de los problemas más serios que enfrentan estos programas es la falta de continuidad de apoyo económico a largo plazo. En este sentido, se han realizado proyectos alternos en los cuales las comunidades localizadas en las áreas de influencia de las playas de anidación participan activamente. Éste es el caso del El Tortugario.

Localizada en el poblado de Cuyutlán, municipio de Armería, Colima, a 25 minutos de Manzanillo, la UMA es encabezada por tres investigadores, además de seis empleados operativos. Su labor central es proteger tres especies de tortugas —golfina, laúd y prieta—, que llegan a desovar en las playas, además de proteger y conservar las iguanas y cocodrilos que también habitan la zona.

“Este lugar tiene tal cantidad de biodiversidad que ya es candidata a ser reconocidad como área natural protegida. De hecho ya es un sitio Ramsar, una categoría internacional que se asigna a los verdaderos refugios de conservación para la flora y fauna que habita en ellos y para las poblaciones que viven a su alrededor”, comenta la directora.

Además de las tortugas, los visitantes encontrarán un cocodrilario, un iguanario y un andador natural para apreciar las aves. La infraestructura del lugar cuenta con un muelle que permite embarcarse en lancha y recorrer el estero El Paraíso.

EDUCACIÓN AMBIENTAL

El centro ecológico de Cuyutlán administra un programa permanente de educación ambiental para niños y jóvenes, que ayuda a crear conciencia del valor de estas especies.

A través de un convenio firmado con la Secretaría de Educación Pública de Colima, los alumnos de todas las escuelas preescolares y primarias realizan visitas guiadas al centro y participan en alguno de los 10 talleres ambientales que allí se imparten.

“El reto es enseñarle a estos niños que vale más una tortuga viva, que una muerta, pero es complicado manejar el tema”, dice la directora, sobre todo porque muchos de los pequeños provienen de familias que comercializan huevos de tortuga.

De todos los niños y jóvenes que han pasado por los talleres de educación ambiental, se formó el club Amigos del Santuario de Cuyutlán, que actualmente suma más de 200 personas, quienes colaboran en la promoción de las actividades del lugar.

DESAFÍOS

La operación de la UMA es autofinanciable. No cuenta con subsidios permanentes y sus ingresos más importantes son los que se generan por las entradas de los visitantes al centro —de 35 pesos los adultos y 25 los niños— y por los recursos que se logran gestionar ante el gobierno estatal.

El gobierno del estado apoya a este centro, a través del pago de la energía eléctrica, que asciende a 15 mil pesos mensuales, y aunque desde hace tres administraciones no se cuenta con el apoyo económico del municipio, María Cruz hace ver que “la relación con la administración local es buena, porque ayuda a solicitar recursos al estado y apoya con espacios en exposiciones para promocionar el sitio”.

La experta comenta que, a pesar de no contar con recursos fijos del gobierno, algunos proyectos de investigación o apoyos específicos sí vienen etiquetados desde la Federación.

En julio de 2012, este centro ecológico recibió 530 mil pesos a través de fomento a las Unidades de Manejo Sustentables (Umas), los que se han destinado al cuidado de animales de vida silvestre con ciertas condiciones de cautiverio, con fines didácticos y de investigación.

Con estos recursos, entre otras acciones, se rehabilitaron los estanques de tortugas que sufrieron daños tras el paso del huracán Jova en octubre de 2011, además de que se adquirió una cuatrimoto nueva, un motor de cuatro tiempos y una embarcación que ayudará con los estudios de cocodrilos.

Aunque estos recursos son esporádicos, afirma Rivera Rodríguez, sin ellos sería muy complicada la operación. “Con todo y todo el Centro nunca ha parado. Desde hace 20 años, cada año recolectamos huevos y realizamos liberaciones de crías.”

 

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