Protestas Fortalecen la participación ciudadana

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El autor es abogado y activista. Ha escrito los libros Manual del poder ciudadano y De la protesta a la participación ciudadana. @ulrichrichterm

Las movilizaciones sociales buscan hacerse presentes en la toma de decisiones políticas, lo que nos encamina a una democracia participativa

 

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Uno de los principales temas que ocupan la agenda de las ciencias sociales son los cambios que ocurren a través de un movimiento. El cambio y la identidad son dos elementos fundamentales de los movimientos sociales, pues en ellos, los ciudadanos tenemos una raíz común: la identidad de la causa de construir ciudadanía y que ésta produzca un cambio en la sociedad que dé como resultado el fortalecimiento de los valores de la misma.

Hoy día, las movilizaciones sociales han tomado un nuevo impulso, y como apunta Alberto Melucci, uno de los expertos en la materia, las nuevas expresiones constituyen una crítica al orden social y a la democracia representativa, desafiando las formas convencionales de hacer política en nombre de una democracia radical.

MÁS QUE INDIGNADOS

Antes de continuar, es necesario repasar lo que se entiende por un movimiento social. Para ello he elegido a uno de los autores más reconocidos sobre el tema. De acuerdo con el analista José María Tortosa es, desde un plano conceptual, la oposición continua al poder establecido. A nivel empírico, podemos asimilarlo como el fenómeno más amplio de protesta social.

Si realizamos un balance de las recientes manifestaciones sociales de este tipo, salta a la vista el fenómeno de Los Indignados. Pero ¿quiénes son? Para el politólogo Marcos Roitman, son quienes desde la rebeldía y la digna rabia luchan por una ciudadanía inclusiva, plena, donde la vida suponga el despliegue de todas las facultades humanas y la dignidad sea el referente ético para la libertad de realización, personal y colectiva, asentada en el bien común.

Esta ola de movimientos sociales no inició en la Puerta del Sol en Madrid, España, sino en Islandia, en 2008, cuando una crisis política, acompañada de la movilización social detonó la caída del gobierno. En 2010 ocurrió el derrocamiento del dictador Ben Ali, en Túnez; pero más impactante fue la caída del “último faraón egipcio”, Hosni Mubarak. Hoy se debate incluso si dicho cambio ha beneficiado a la población egipcia, pero lo que es insoslayable es el derrocamiento del tirano.

Como piezas de dominó seguían cayendo los dictadores, los opresores del pueblo quienes seguramente nunca pensaron en ser depuestos de esa forma; es decir, derrocados por sus gobernados, por el pueblo, por los ciudadanos. Pero a diferencia de otras revueltas, ésta costó la vida al terrible dictador libio Muamar Gadafi, alias “El Tirano”, el 20 de octubre de 2011.

Uno de los movimientos más conocidos y emblemáticos ha sido el “15-M”, cuyo nacimiento se debió a que el sábado 15 de mayo de 2011, en el centro de Madrid, miles de españoles se reunieron para protestar por la crisis, los recortes y un nuevo matiz en un país con democracia: la falta de representación de la clase política.

En 2012, la movilización social continuó en Atenas y en Estados Unidos con nombres como “Occupy Wall Street”, luego se expandió a América del Sur, particularmente a Chile, en donde entre cientos de activistas y líderes estudiantiles destacó Camila Vallejo, quien asumió la presidencia de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile. Debido a su destacado liderazgo, hoy Camila es diputada en el Congreso Chileno.

En Italia, el cómico y actor Giuseppe Piero Grillo (mejor conocido como Beppe Grillo), logró que en las elecciones generales del 24 y 25 de febrero de 2013, el “Movimiento 5 Estrellas” se convirtiera en el primer partido del Congreso con 25.5 por ciento de diputados y 23.8 por ciento en el senado.

PAZ, JUSTICIA Y POLÍTICA

No podemos dejar de mencionar lo que ha sucedido en Latinoamérica con la crisis política que atraviesa el gobierno de Nicolás Maduro en Venezuela. Incluso el ex presidente español Felipe González declaró recientemente que asumirá la defensa de los presos políticos como Leopoldo López.

Asimismo, en Brasil se han registrado marchas en las que más de un millón y medio de personas protestan por la situación económica y el gran escándalo de la compañía petrolera Petrobras.

Una vez que hemos recorrido el mundo a través de estos movimientos, ¿qué podríamos decir de nuestro México? Aquí destacan, entre otros, “Reforma Política Ya”, que tuvo sus orígenes en las movilizaciones ciudadanas a favor del voto nulo durante la campaña electoral de 2009; “Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad”, encabezado por Javier Sicilia a raíz del asesinato de su hijo y en el que hizo un llamado a protestar por la guerra que el ex presidente Felipe Calderón declaró en contra del narcotráfico, con el lema contundente de “Estamos hasta la madre”; y “#YoSoy132”, en el cual, estudiantes de la Universidad Iberoamericana (UIA) reclamaron al entonces candidato presidencial del Partido Revolucionario Institucional (PRI), Enrique Peña Nieto, por el caso Atenco.

Las transformaciones de estos movimientos sociales y de estas crisis han tenido ya sus efectos. Recientemente, en Grecia, Syriza, la coalición de izquierda radical liderada por Alexis Tsipras —quien defiende el crecimiento frente a la austeridad impuesta por la canciller alemana Ángela Merkel— ganó las pasadas elecciones parlamentarias realizadas en enero de 2015, con lo cual se convirtió en la mayor fuerza política del país.

En España el grupo “Podemos”, encabezado por Pablo Iglesias, ahora es la tercera fuerza. En las pasadas elecciones en Andalucía, el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) obtuvo el 35.43 por ciento de los votos, correspondiente a 47 diputados; el Partido Popular (PP) se quedó con el 26.76 por ciento de los votos, correspondientes a 33 diputados; mientras que Podemos obtuvo el 14.84 por ciento, con 15 diputados, y Ciudadanos alcanzó 9.28 por ciento de las preferencias, con nueve diputados.

Lo anterior me lleva a concluir que el mapa político ha comenzado a cambiar a través de estos movimientos sociales que, por los cauces institucionales, han entrado a la política, ya que piden participar en la toma de decisiones en este ámbito, lo que nos encamina a una democracia participativa. Esto apenas comienza.

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