Bolivia: lecciones electorales

La renuncia del Presidente de Bolivia, Evo Morales, obliga a una reflexión sobre la importancia de mantener el equilibrio entre las fuerzas políticas, militares y el respeto a los procedimientos electorales. La democracia implica mucho más que ganar una elección.

Evo Morales nunca lo entendió así. Bolivia es un país con alta pluralidad social, étnica, económica y política. El Presidente no se podía mantener más tiempo solo con base en reformas que garantizaran electoralmente su triunfo y la reelección constante.

En México aprendimos que era importante mantener una sana relación entre las fuerzas armadas y los gobiernos civiles, misma que inició el Presidente Miguel Alemán en 1946. Con todo, los militares siempre desempeñaron un papel importante en el equilibrio de poderes, tanto por los servicios que prestaron a la sociedad, como por la cercanía que siempre tuvieron con los gobiernos de la Revolución. Lealtad y disciplina caracterizaron a las fuerzas armadas mexicanas y, con su presencia, México mantuvo altos niveles de estabilidad política durante el siglo XX y hasta la fecha.

En Bolivia, el reto de Evo Morales para mantener el equilibrio se incrementó conforme las protestas sociales dejaron de ser atendidas y se acentuó la polarización de la sociedad. La tradición de participación de las fuerzas armadas en la política boliviana hacía pensar que un golpe de estado podía volver a ocurrir. No fue un derrocamiento violento, aunque la policía y el ejército influyeron determinantemente en la renuncia del Presidente, aun cuando Evo Morales ya había convocado a nuevas elecciones presidenciales. El equilibrio se había roto desde antes en el proceso electoral amañado y en la auditoría que realizó la OEA al proceso.

Las lecciones están claras. El ejercicio del poder en América Latina enfrenta límites sociales importantes cuando concurren la polarización, el cierre a la expresión política y el fraude electoral, incluso cuando se asume que se cuenta con el apoyo de las fuerzas armadas. En el caso de México la situación es muy diferente.

En México la polarización no ha generado una situación conflictiva que se busque resolver a través de la violencia, pero no conviene provocarla ni con el discurso ni con intolerancia a la crítica. Las fuerzas armadas han mostrado reiteradamente que su lealtad no está en duda y que apoyarán a los gobiernos democráticos, pero no es necesario estirar la liga cuando la seguridad se ha convertido en un problema importante en los últimos meses. Las autoridades y los procesos electorales han permitido que la alternancia en el poder, tanto a nivel federal como local, sea una constante de nuestra democracia, y que la transición de poderes se realice en paz. Sin embargo, reformas improvisadas y una austeridad mal entendida podrían dañar la eficiencia de procedimientos electorales que han salido bien.

En este aspecto, el mantenimiento y fortalecimiento de la autonomía de las instituciones electorales resulta fundamental. Curiosamente, Evo Morales, antes de su renuncia, intentó corregir errores. Buscó llamar a nuevas elecciones y cambiar completamente al Órgano Electoral Plurinacional que había conducido su reelección. Al final del día, fue la manipulación de la elección la que detonó la explosión de las contradicciones que culminaron con la caída de Evo Morales. Nosotros nos diferenciamos claramente. Mientras no se atente contra el INE y el Tribunal Electoral mantenga su autonomí

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