Ciudad de México: ¿lista para otro terremoto?

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El autor es coordinador General del Colectivo Ciudadanos por Municipios Transparentes (Cimtra).

Elias MorenoEl reloj de la Torre Latinoamericana marcaba las 7:19 de la mañana. Era el 19 de septiembre de 1985 y la Ciudad de México vivía uno de los peores desastres naturales registrados en el país. Un terremoto de 8.1 grados en la escala de Richter dejó un saldo de entre 7 mil y 40 mil personas fallecidas, cuantiosos daños materiales y cerca de 1 millón de damnificados. De pronto, la gran urbe se descubrió casi inerme para enfrentar la situación.

Esa experiencia motivó un aprendizaje en materia de prevención, incluido el concepto de protección civil. El temor de vivir una catástrofe similar resurge hoy tras los sismos que han afectado en los meses recientes a Haití, Chile, China y, en nuestro país, a Mexicali.

Ante la posibilidad de un sismo de gran magnitud en una de las urbes más pobladas del mundo, autoridades, instituciones educativas y organismos civiles realizan simulacros, revisan los programas preventivos y de reacción inmediata, además de analizar los reglamentos de construcción y planes de uso del suelo.

METRÓPOLIS EN PREPARACIÓN

Arturo Tena

Frente a la posible afectación por un terremoto, el Gobierno del Distrito Federal (GDF) coordina a dependencias locales e instituciones de educación pública para delinear estrategias que puedan salvar personas y atender contingencias con prontitud, asegura el titular de la Secretaría de Protección Civil, Elías Miguel Moreno Brizuela.

Por ejemplo, entre las medidas preventivas “se inició el acopio de agua embotellada, alimentos y medicamentos en 17 almacenes distribuidos en la ciudad, que servirán en caso de una emergencia de gran magnitud; además, se han intensificado los simulacros en escuelas y edificios públicos, incluyendo algunos realizados de forma sorpresiva”, explica.

Prepararse para el sismoAsimismo, agrega el funcionario, se mantiene un constante monitoreo de edificios en el Centro Histórico, que incluye la posible demolición de más de 150 que presentan peligro estructural, y una vigilancia permanente en las zonas de riesgo en que está dividido el Distrito Federal. Destaca que el gobierno capitalino “está preparado en caso de que haya un terremoto fuerte en la ciudad, caso para el que hemos desarrollado varias medidas. Los equipos de emergencia y los hospitales podrán ser eficientes en cualquier situación”.

Para lo anterior se cuenta con el Plan Permanente Ante Contingencias, establecido por el Centro Coordinador de Operaciones y por el Gabinete de Crisis y Reacción Inmediata, en el que se concentrarían los responsables de cada una de las dependencias locales para atender la situación bajo el mando del Jefe de Gobierno, además de contar con un gabinete de coordinación en cada delegación.

Moreno Brizuela explica que el procedimiento contempla los siguientes operativos: detección y evaluación de daños, rescate y salvamento, atención hospitalaria y salud, refugios temporales, rehabilitación y restablecimiento, así como seguridad pública y vialidad.

La dependencia invertirá este año un presupuesto de 134 millones de pesos, aunque el gasto ha bajado respecto a 2008 y 2009, cuando se ejercieron 172.6 y 169 millones, respectivamente. Por esto, Protección Civil busca ofrecer asesoría a particulares y de esa forma hacerse de recursos que le permitan concretar los planes en la materia.

Adicionalmente, Moreno Brizuela convoca a la población a tomar conciencia y participar en los simulacros, ya que, afirma, “una efectiva preparación en materia de protección civil es lo que permite reducir, hasta en 90 por ciento, el número de víctimas durante un sismo”.

SUELO DE GELATINA

México es uno de los países con mayor actividad sísmica del mundo; en particular, las características arcillosas del suelo hacen de la Ciudad de México una de las metrópolis más sensibles a los efectos de un terremoto de gran intensidad, como el generado en 1985, asegura Carlos Valdés González, jefe del Servicio Sismológico Nacional (SSN).

Tras erl sismo“La posibilidad de un sismo en la Ciudad de México es real; sin embargo, es necesario puntualizar que no podemos saber cuándo sucederá. Lo que sí podemos conocer es que el movimiento podría llegar de un segmento de la costa grande de Guerrero, conocido como ‘brecha sísmica de Guerrero’, con una intensidad de 7.6 grados en escala de Richter, en promedio”, destaca.

Según el especialista, la mayoría de los fenómenos que afectan al Distrito Federal provienen del Pacífico, aunque desde 1911 no ocurre un sismo de gran magnitud en la zona de Guerrero. Pero advierte que “han pasado 99 años, durante los cuales se ha acumulado energía; cuando se ha rebasado el límite de resistencia de la roca, se produce una fractura y liberación de energía, y con ello la posibilidad de un sismo”.

En este supuesto, considera que el movimiento tendría epicentro entre Acapulco y Petatlán, cerca de Ixtapa Zihuatanejo, con una intensidad de 7.6 grados, “tomando como base los sismos de entre 7.5 y 7.7 grados que se registraron en la zona entre 1899 y 1911”. Además, al reducirse 100 kilómetros la distancia con respecto al registrado hace 25 años en Michoacán, las ondas sísmicas llegarían con mayor fuerza.

Valdés González precisa que el fenómeno conocido como “efecto Ciudad de México” ocasionaría que “el suelo arcilloso se comporte como una gelatina, lo que propiciaría que las ondas sísmicas se magnificaran ocasionando incluso un movimiento mucho mayor, como sucedió en 1985”.

Sin embargo, puntualiza que esto no debe ser motivo de alarma, como la generada tras los terremotos arriba mencionados porque, según las previsiones mundiales, “la situación actualmente está dentro de los límites normales de sismos. En promedio al año se registrarán entre 18 y 25 movimientos con magnitudes de entre 7 y 7.5 grados”, por lo que aún “hay margen para 15 fenómenos más”.

Según el doctor en Geofísica, el verdadero riesgo radica en la ubicación y el poco conocimiento que se tenga del fenómeno. “Si comparamos el sismo de Haití, que fue de magnitud 7.0, con el de Mexicali, de 7.2, podemos ver que aunque los movimientos pueden ser similares, en nada lo son el número de víctimas y destrozos que generaron”, agrega.

PREVENCIÓN EN CONSTRUCCIÓN

Desde 1985, en la Ciudad de México se han levantado al menos 25 edificios de más de 100 metros de altura, todos equipados con tecnología antisísmica, que los hace resistentes a terremotos. Sin embargo, el riesgo sigue latente en los inmuebles antiguos y en aquellos que no respetan la normatividad en materia de construcción, explica el ingeniero civil Arturo Tena Colunga.

“Actualmente existen tecnologías de construcción conocidas como Sistemas de Control de la Respuesta Sísmica, que se han desarrollado desde los años 70 del siglo pasado, pero que hasta hoy se aplican en la construcción en países como Estados Unidos, Japón e Italia, y que permiten aislar o disipar la energía producida por un sismo”, comenta el investigador del Arturo Tena Colunga. Carlos Valdés González. Fotos: rosalía moral es Departamento de Materiales de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM).

La amenaza sísmica no constituye un riesgo si no viene acompañada por construcciones vulnerables. “De ahí que es indispensable diseñar y construir las edificaciones para que resistan eventos sísmicos grandes o recurrente sin colapsar y sin daños en la estructura, y daños mínimos o nulos en los elementos no estructurales”, agrega.

Por su parte, investigadores del Instituto Politécnico Nacional (IPN) diseñaron un modelo para conocer los riesgos sísmicos en el Valle de México, ocasionados por los movimientos telúricos de distintas magnitudes y sus posibles epicentros, explica el físico Alexander Balankin, director del proyecto.

La Escuela Superior de Ingeniería Mecánica y Eléctrica (ESIME), Unidad Zacatenco, realiza simulaciones de posibles movimientos que podrían impactar en la estabilidad de las construcciones; usa datos geofísicos del subsuelo y sobre la extracción de agua de los mantos freáticos aportados por Protección Civil local, agrega el especialista.

El proyecto, que se lleva a cabo en colaboración con el Instituto de Ciencia y Tecnología del Distrito Federal, formula propuestas técnicas a las autoridades para que emitan recomendaciones en materia de protección civil y prevención de riesgos en materia de construcción, de acuerdo con la zonificación de tipo de suelo.

En este contexto, Tena Colunga recuerda que en 2004 se publicó la última renovación del Reglamento de Construcciones para el Distrito Federal, en el que se establecen parámetros para que los inmuebles resistan movimientos telúricos de 8.1 grados en la escala de Richter o más.

Pero advierte: “el mayor riesgo por colapso se tiene en las viviendas que generalmente están mal construidas, con materiales deficientes y tecnología inadecuada, por lo que son altamente vulnerables ante un temblor como el de 1985. Así que es necesario replantear la forma en que se realizan y supervisan las obras, ya que aunque la tecnología para construcciones seguras existe, no se aplica del todo en la vida diaria”, agrega.

Tierra de sismos

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