Ciudadanos al rescate

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El autor es coordinador General del Colectivo Ciudadanos por Municipios Transparentes (Cimtra).

Contra la delincuenciaTodos los días estamos sometidos a una gran cantidad de información sobre la violencia que afecta diversas regiones del país. Como ciudadanos nuestra exposición es muy alta, por lo que la sensación de que vivimos en un mundo más violento puede aumentar, explican especialistas.

Pero la violencia es una realidad en zonas como Ciudad Juárez, que ha sido considerada la localidad más violenta del mundo. Mientras que en el Distrito Federal, Iztapalapa es vista como una de las delegaciones con mayores índices delictivos.

Y aunque pareciera que la sociedad se encuentra pasiva ante el accionar de los grupos delictivos, la realidad indica que existen organizaciones civiles que se encuentran constantemente trabajando para mejorar su entorno.

Así, además de la inseguridad, estas zonas del país comparten algo más: la idea de una sociedad civil organizada, coinciden especialistas, activistas y vecinos.

PARTICIPACIÓN CÍVICA

Luis Wertman

Luis Wertman, presidente del Consejo Ciudadano de Seguridad Pública del Distrito Federal, asegura que la sociedad civil tiene siempre el deber de participar, y que el papel más activo de estos grupos no es cosa nueva.

“Tal vez es nueva la manera, más estructurada, en la que se lleva a cabo, pero siempre han existido grupos organizados, por ejemplo, asociaciones vecinales, la asociación de alumnos en escuelas, en la universidad.” Lo que vemos ahora es un proceso de evolución o de especialización.

Por su parte el doctor Alfonso León Pérez, investigador de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) Xochimilco asegura: “Este fenómeno lleva más de 20 años gestándose, y se debe, sobre todo, a la democratización del espacio público”.

“Anteriormente el gobierno, principalmente el Federal, tenía copada la participación ciudadana”. Esta estructura tan rígida se mantuvo por años, pero inició su ruptura en la década de los 50 y tuvo su máxima expresión con los movimientos sociales de 1968. Poco a poco los ciudadanos se dieron cuenta de que los gobiernos ya no respondían a sus necesidades.

Aquellas personas comprometidas con problemas públicos fueron aumentando durante las décadas de 1980 y 1990. “No es que aparecieran junto con el problema, sino que ya venían trabajando como grupos, y tuvieron la oportunidad de manifestarse por el problema de la seguridad pública”, como fue el caso del llamado “Movimiento Blanco” en 2004.

Wertman Zaslav coincide, y explica que dentro de las diversas formas de participar, una de las más utilizadas es la de la protesta y la crítica. “Esto no se está haciendo bien, aquello está mal ejecutado, esto no va a funcionar, y es una forma válida de participación”, pero hay otras, asegura.

“Si pasamos de la protesta a la propuesta, ya recorremos un trecho y nos alineamos todos, en lugar de estar en una situación de confrontación”, entonces se pueden presentar propuestas de trabajo conjunto entre sociedad y autoridad para que cada uno actúe en lo que les corresponde, afirma.

PUENTE BLANCO

Cuando en noviembre de 2008 Enrique Vargas vio amenazada su vida y la de su familia por un asalto en su casa, supo que tenía que hacer algo para mejorar la seguridad en donde vive. Y tras levantar la denuncia, el jubilado del Seguro Social inició en la colonia Puente Blanco, Iztapalapa, una campaña contra la delincuencia para denunciar cualquier actividad sospechosa.

Con mantas en las que lanzó un “Ya basta de asaltos y muertes”, el movimiento vecinal inició con pocos seguidores. Pero tuvieron que suscitarse más robos y al menos tres asesinatos en la zona —entre ellos el de un estudiante de bachillerato quien fue ultimado tras robarle un videojuego a plena luz del día—, para que las personas se unieran.

Según Alfonso León Pérez, son los delitos del fuero común los que más afectan a las personas. Y en la mayoría de los casos, los grupos de la sociedad civil organizada surgen de una experiencia personal, un robo, un asesinato, una situación de violencia o peligro hacia una persona cercana.

Enrique Vargas explica que tras los hechos violentos que pasó con su familia, recibió el apoyo del jefe del gobierno del Distrito Federal, Marcelo Ebrard Casaubón, así como del secretario de Seguridad Pública del Distrito Federal, Manuel Mondragón y Kalb, pero que no toda la gente tiene la fortuna de acercarse a funcionarios de ese nivel, por lo que es necesario exigir a las autoridades que cumplan con su trabajo.

Por ahora, la zona cuenta con tres cámaras de vigilancia, una patrulla que realiza rondines y los vecinos tienen un sistema de alerta basado en silbatos, que los alerta en caso de peligro. Además, representantes de las 40 calles que conforman la colonia se reúnen periódicamente para tratar el tema de la inseguridad, como parte del nuevo Comité Ciudadano.

LA VIOLENCIA EN EL NORTE

Desde la trincheraEl problema en Ciudad Juárez no es nuevo. La crisis que vive la industria maquiladora ha dejado sin empleo a muchas personas sobre todo a jóvenes. Además, la “guerra contra el narcotráfi co” que inició el Gobierno Federal se ha extendido en la región, lo que se suma a la falta de infraestructura pública, educativa y de recursos que vive esta frontera.

Así lo explica Karen Yarza Sieber, presidenta de la Fundación Comunitaria de la Frontera Norte, A.C., quien sabe del temor de vivir la violencia entre grupos del narcotráfi con, el crimen organizado y la inseguridad hacia las mujeres. Sin embargo, su principal preocupación es gestionar recursos y promover intercambios y apoyos para los programas sociales con los que trabaja su organización.

“Los que estamos aquí, y vivimos esta realidad, tenemos dos opciones: sentarnos a ver cómo se destruye nuestra ciudad o empezar a hacer algo. Y creo que la gran mayoría hemos decidido hacer algo, sobre todo la sociedad civil organizada, y cada quien, desde nuestros frentes, estamos tratando de contribuir a que las cosas mejoren.”

Alfonso LeónSegún Alfonso León, las organizaciones sociales se pueden dividir en tres grandes rubros: de investigación o datos, aquellas que atienden a la población afectada (víctimas de delito) y las que dan talleres o generan investigación que beneficie a otros grupos sociales, como es el caso de Frontera Norte.

Yarza Sieber enfatiza que el cambio no debe ser sólo por asistencias, por lo que la Fundación busca ser un puente entre grupos de personas, empresas y otras organizaciones que quieren donar tiempo, talento o recursos, y canalizarlos a aquellos que trabajan en la comunidad. “Buscamos que la gente se dé cuenta que es importante pedir ayuda, pero que también es importante corresponder, aportar algo, sin importar edad, género o condición social. ”

Como ejemplo pone Jóvenes y Filantropía, uno de los 131 programa desarrollados por la Fundación, que capacita a los muchachos en temas como trabajo en equipo, obtención de recursos económicos y materiales, además de potenciar sus habilidades para aplicarlas en la vida diaria.

“Ellos crean el proyecto y calculan la cantidad de recursos necesarios. Y entonces nosotros aportamos un pequeño ‘capital semilla’, ellos deben aportar el 10 por ciento de los recursos necesario, y gestionar el resto, y les enseñamos a generar recursos. Tienen seis meses para desarrollar el proyecto y terminarlo”, agrega.

Asegura que el propósito es que el proceso sea vivencial, que los jóvenes adquieran experiencias de vida, mejoren su autoestima, aprendan el trabajo en equipo, a tener una visión del futuro, y que además apoyen a la comunidad donde viven. Esto permite que los adultos los vean con respeto y los niños los tomen como ejemplo.

Para la activista, la comunidad en general, el gobierno, “todos estamos dándonos cuenta de que tenemos que hacer algo. Ciudad Juárez tiene muchos retos; pero es una ciudad de oportunidades. Es un momento que tenemos que aprovechar para tratar de que las cosas mejoren, queremos que ahora nos llamen para preguntarnos cómo mejoramos nuestra situación y no para preguntarnos cómo le hacemos para vivir”.

LO QUE SE PUEDE HACER

Otros casosAlfonso León asegura que el fortalecimiento del llamado tejido social implica que los niños y jóvenes tengan oportunidad de ir a la escuela, que las instituciones gubernamentales y la clase política realicen un mejor trabajo, tengan un acercamiento con la sociedad y que un verdadero diagnóstico mejore el combate al crimen organizado.

Las situaciones entre el DF y el resto del país son diferentes, pero las estrategias se pueden replicar y ajustarse a cada caso. Lo más importante, agrega, es que “las organizaciones poco a poco pueden incidir en leyes y procedimientos, gracias a la experiencia adquirida por las personas que las conforman”.

Para Luis Wertman lo importante es unir las voluntades tanto de la autoridad como de la sociedad. “Que entendamos todos que uno sin el otro no funciona”. Entender que cada uno tiene su función y no busquemos ocupar como sociedad puestos de la autoridad, ni como autoridad puestos de la sociedad.”

Asimismo, agrega, debemos dejar de ser una sociedad que justifique o que permita que las cosas pasen. “La ilegalidad ha existido a lo largo de la historia de la humanidad, pero solamente crece o prolifera en las sociedades que la aceptan y la justifican.”

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