Concejales y alcaldías en la CDMX, un reto

A partir de la entrada en vigor de la Constitución Política de la Ciudad de México (17 de septiembre de 2018), tres principales instituciones se pondrán en marcha: las alcaldías y concejos, en cada demarcación territorial y el Cabildo de la Ciudad de México.

Este conjunto de instituciones consolidará el proceso democrático que desde hace más de 20 años vive la Ciudad de México y tratará de generar un equilibrio para matizar la administración pública de las demarcaciones.

La Ley Orgánica de Alcaldías de la Ciudad de México define las principales funciones de los concejos, lo que les da un poder extraordinario para frenar o alertar sobre algún exceso que tenga el alcalde.

Los titulares de las delegaciones son una especie de caciques sin rendición de cuentas ni transparencia. Son entes con gran opacidad en el ejercicio de gobierno: el ciudadano no sabe cuándo, dónde y cómo se aplica el gasto.

El concejo de cada alcaldía estará compuesto por entre 10 a 15 integrantes y el alcalde. Debido al bajo número de candidaturas sin partido y la forma de elección de los concejales la representación de los partidos políticos será mayoritaria, lo que, en sí mismo, es un freno a la posibilidad de que los ciudadanos no afines a algún partido político sean representados.

Un punto que mantendrá la fuerza del alcalde será la aprobación del Proyecto de Presupuesto de Egresos de la Alcaldía, pues requerirá solamente de una mayoría simple del concejo y no de una mayoría calificada (Artículo 98 de la Ley Orgánica de las Alcaldías de la Ciudad de México), lo que, es evidente, no será ningún problema para la planilla ganadora, pues de acuerdo con el Artículo 17 del Código de Instituciones y Procedimientos Electorales de la ciudad:

a) El 60 por ciento de los concejales por alcaldía será electo por el principio de mayoría relativa en su conjunto por la planilla ganadora.

b) El 40 por ciento restante será determinado por la vía de representación proporcional que se asigne a cada partido, así como a las candidaturas sin partido.

La puesta en marcha de los concejos en las alcaldías refresca nuestro modelo institucional para el gobierno que está más cerca de las personas. Sin embargo, el hecho de que sean los partidos políticos quienes tengan más voz en el concejo nos regresa al entuerto que tenemos, pues son ellos los más cuestionados por los ciudadanos al no ver que representen sus intereses.

Pensemos en los comités ciudadanos. Es una figura para que las personas participen en la toma de decisiones, pero hoy son dominados o controlados por los partidos políticos quitándoles esa posibilidad de “vaso comunicante” independiente entre sociedad civil y sociedad política.

¿Cómo separarán los concejales su visión y actuar partidista de la función esencial representativa para influir en la toma de decisiones a favor del interés de la mayoría de los ciudadanos? Así como las disputas entre partidos políticos, o entre sus cúpulas, se trasladaron al legislativo y a otras áreas de la vida ciudadana, el ejercicio cotidiano de los concejos y la alcaldía estará permeado por esas diferencias que pudiera entorpecer la toma de decisiones.

El reto fundamental para el trabajo eficaz entre el alcalde y sus concejales radicará en el grado de especialización o experiencia que tengan éstos en la función colegiada, pues sabemos que no es de los partidos políticos desde donde emana el mejor ejercicio de gobierno.

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