¿Cuáles son las medidas más efectivas para combatir el acoso hacia las mujeres?

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La aparición de movimientos como #MiPrimerAcoso o #MeToo en el debate regional y global han evidenciado la urgencia de reflexionar, de manera más profunda, sobre las implicaciones que tiene el acoso sexual en la vida de las mujeres y cómo se expresa en el contexto en el que se desarrollan.

Sin embargo, para poder hablar sobre qué medidas representan una oportunidad para combatir y erradicar la problemática que viven miles de mujeres en México; debemos partir de que la violencia contra las mujeres significa “cualquier acción o conducta, basada en su género, que cause muerte, daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico a la mujer, tanto en el ámbito público como en el privado.” (Convención de Belém Do Pará, 1994). El acoso sexual es considerado como un ejercicio abusivo de poder que se expresa a través de conductas verbales o físicas que ponen en un estado de indefensión y riesgo a las mujeres.

Si bien las instancias de gobierno a nivel federal y local han emprendido políticas públicas, programas y leyes para hacer frente al creciente número de delitos sexuales contra las mujeres —incluidos el acoso—, que durante el primer semestre de 2017 representaron 16 mil 631 denuncias (SNSP, 2017); ninguna medida será suficiente sin una transformación cultural que permita romper con las lógicas de desigualdad en el acceso y ejercicio del poder, que colocan a las mujeres en una posición de subordinación. Para ello, considero apremiante que se lleven a cabo al menos estas cinco propuestas de acción encaminadas a transformar los patrones culturales y con ello, combatir el acoso sexual hacia las mujeres.

1. No revictimizar. Es necesario replantear el enfoque, dejar de lado el paradigma que responsabiliza a las mujeres de ser violentadas, por su comportamiento “inadecuado” o por su manera de vestir, que sólo contribuye a justificar a los agresores. Se deben identificar las prácticas que constituyen acoso sexual en ánimos de que las mujeres puedan contar con las herramientas necesarias para reconocerse como víctimas de este tipo de agresiones y poder denunciar sin miedo a ser cuestionadas por las autoridades.

2. Fortalecer las alianzas entre mujeres. Las redes de mujeres constituyen una de las estrategias más efectivas para el empoderamiento, para que se sientan más confiadas y seguras para enfrentar estas situaciones y denunciar.

3. Cambio de paradigma en la educación. Este sistema patriarcal jerárquico que educa de manera diferente a mujeres y hombres y sólo genera desigualdad.

4. Reconocer que las mujeres somos personas. Cambiar el discurso de que las mujeres merecen respeto porque son “las madres, hijas, esposas, hermanas” (de alguien); y reconocer que son humanas con plenos derechos, incluido el vivir libre de violencias.

5. Transversalizar la perspectiva de género. Un aspecto fundamental para que las autoridades encargadas de velar por los derechos de las mujeres cumplan con sus funciones, es que reciban capacitación especializada, objetiva y puntual sobre lo que implica incorporar la perspectiva de género a cada una de sus líneas de acción; con ello las y los funcionarios públicos contarán con marcos de referencia que les permitan diseñar e implementar acciones más asertivas de atención a las diferentes modalidades de violencia que viven las mujeres.

Por su puesto estas acciones no son una receta, pero pueden ser un buen principio para reconocer que el acoso no es “natural” y evidenciar que es una grave situación que las mujeres enfrentan de manera cotidiana y por tanto es una realidad que debe cambiar.

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