El agua, preocupación ancestral en México

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El autor es director de Chema Tierra, un proyecto orientado a la difusión del conocimiento básico de las ciencias de la Tierra.

Desde tiempos prehispánicos la zona centro y sur de nuestro país ha sido mucho más vulnerable a las inundaciones que la región norte de la República. Esto se debe a la orografía del país. Estamos situados en una zona intertropical de convergencia, es decir, entre el campo de influencia de los ciclones tropicales que son los que originan lluvias intensas. Tanto por el Golfo de México como por el Océano Pacífico somos susceptibles a ser impactados por este tipo de fenómenos meteorológicos.

Una inundación se da cuando el terreno no puede absorber toda el agua que cae, y ocupa zonas que habitualmente están libres de esta, ya sea por desbordamiento de ríos, torrentes o ramblas, por lluvias torrenciales, deshielo, por subida de las mareas por encima del nivel habitual, por marejadas, huracanes, entre otros.

Es importante señalar que de todos los desastres causados por fenómenos naturales, las inundaciones, sin duda, son las más destructivas, ya que son las que mayor número de víctimas producen al año e impactan fuertemente la economía de familias, pueblos y países enteros.

A través de la historia de nuestro país, muchas ciudades se han visto fuertemente dañadas por las inundaciones o lluvias torrenciales. La Ciudad de México es una de ellas, ya que ha tenido una cantidad de eventos meteorológicos muy importantes, de los cuales destaca la inundación de 1629, que incluso provocó que muchísimas familias españolas emigraran.

La ciudad quedó inundada por más de tres años, y las aguas alcanzaron hasta dos metros de altura. En los años cincuenta era común tener estas inundaciones, otra vez, por la orografía. No debemos olvidar que la Ciudad de México está construida sobre un gran lago.

En Monterrey hubo un huracán intenso en 2010, que causó grandes inundaciones y pérdidas económicas. Hemos sido afectados también en la península de Yucatán, en zonas como Cancún y no olvidar Tabasco, el cual se encuentra entre las regiones más vulnerables del país a inundaciones.

Recordamos que Tabasco está en una amplia planicie costera por donde cruzan muchos ríos, dos principales, el Usumacinta y el Grijalva, cuyos afluentes cruzan por el territorio de la entidad, lo que hace que comúnmente se inunden varias de sus zonas. Lo principal es que tengamos un conocimiento pleno del espacio físico que nos rodea. Es importante saber dónde se construyen nuestras ciudades, nuestras carreteras y a qué tipo de eventos podemos ser susceptibles, como se mencionó anteriormente, de todos los riesgos naturales las inundaciones son las que más nos impactan.

Desafortunadamente, la mayoría de estos eventos son difíciles de pronosticar. Si bien es cierto que a través de las nuevas tecnologías los huracanes ―que influyen en gran medida para que se generen inundaciones― se pueden monitorear con tiempo para avisar a la población que esté preparada para un evento de este tipo.

En la medida que nuestros estados y autoridades tengan este conocimiento del espacio físico, podrán planear mejor su ciudad, dónde construirlas, dónde y cómo ubicar sus carreteras; aunado por supuesto a una red de drenaje efectivo. Eso es lo principal que debe conocerse: el espacio físico en el que se sitúa México, y con ello planear mejor la infraestructura de las ciudades.

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