El que mucho abarca… se acaba al mundo

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MáquinaLos recientes 200 años de mercado han desarrollado de manera vertiginosa la industria y la tecnología. En este periodo la humanidad ha evolucionado y la población mundial se ha cuadruplicado (de mil 500 millones de habitantes en el siglo XIX pasó a 6 mil millones en la actualidad). Con esto, también se multiplicó la explotación irracional de los recursos naturales, a tal grado que hoy el planeta se ve amenazado por los trastornos provocados por la industrialización del desarrollo de los países.

El dilema para el actual mundo industrializado es cómo mantener el ritmo de producción de mercancías para abastecer el mercado y mantenerlo activo (y con ello conservar su cuota de ganancia), sin acabar con el planeta. De entrada, en menos de 100 años prácticamente se acabó el petróleo, y está en riesgo el agua, recurso cuyo agotamiento era inconcebible hasta hace 40 años. Además, la acumulación de gases industriales en la atmósfera ha provocado el calentamiento global, fenómeno que ya ha ocasionado estragos en los glaciares.

Y en este contexto crece el problema de la producción y distribución de alimentos. La contradicción más grande es que mientras más de mil millones de personas (la sexta parte de la población mundial) viven en pobreza extrema, sin acceso a la más elemental alimentación para nutrirse, en el mundo cada año se desperdician alimentos con un valor de alrededor de 100 mil millones de dólares, según datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO).

ADQUISICIÓN DE ALIMENTOS, EL PROBLEMA

Wayne JonesEs una realidad que la comercialización de los alimentos en el mundo está dominada por no más de 20 empresas. Sobre esto, el Center of Cocer, instituto de análisis social y económico con sede en Washington, realiza varias investigaciones.

En agosto de 2008, la organización Plataforma Perú Libre de Transgénicos publicó un estudio en el que señala que 10 multinacionales dominan 50 por ciento del mercado mundial de semillas: Monsanto y Dupont, que tienen su casa matriz en Estados Unidos; les siguen Syngenta (Suiza), Groupe Limagrain (Francia), KWS AG (Alemania), Land O’ Lakes (Estados Unidos), Sakata (Japón), Bayer Crop Science (Alemania), Taikii (Japón), DLF Trifolium (Dinamarca) y Delta & Pine Land (Estados Unidos).

Entrevistado sobre este tema, Wayne Jones, jefe de la División de Comercio Internacional y Mercados Agroalimentarios de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), afirma que no se le puede atribuir la crisis alimentaria a las multinacionales que comercializan los alimentos: “En nuestro análisis, vemos que hay un gran número de personas que están en situación de pobreza y ya no pueden comprar alimentos; entonces, es un problema de poder adquirir los alimentos. Es un problema de pobreza y de desarrollo agrícola en los países en vías de desarrollo”.

Sobre el tema, dijo que en las naciones desarrolladas la inversión en investigación para el desarrollo del campo es 50 por ciento privada y otro tanto es pública; mientras tanto, en los países pobres prácticamente toda la inversión es pública.

La recomendación de la OCDE para que México pueda insertarse en el mercado internacional, es que produzca alimentos de alta calidad como los que están buscando las grandes compañías multinacionales.

En cuanto a cómo resolver el problema de la pobreza mundial, Jones dice que eso se logrará sólo mediante el crecimiento económico de los países.

COMPLEJIDADES ALIMENTARIAS

Efraín GarcíaPara Enrique de la Madrid, director de Financiera Rural (Finrural), el futuro a corto y largo plazo es complicado para la humanidad, porque las buenas noticias de unos, serán malas para otros. Por ejemplo: las tendencias en la producción de alimentos prevén buenos precios agrícolas: buenas noticias para los agricultores y comercializadores y no tan buenas para los ganaderos, toda vez que dependen de los granos para la engorda de sus animales. Por otro lado, esto implica alimentos caros: malas noticias para los consumidores, sobre todo para los de las capas medias y bajas de la sociedad.

En el caso de México, De la Madrid ejemplifica con cifras la gravedad de esa situación: “En la actualidad las familias pobres destinan 90 por ciento de sus ingresos a la compra de alimentos, mientras que las más ricas ocupan 14 por ciento de sus ingresos para comer”. Y cada vez hay más pobres y menos ricos.

El director de Finrural habla también de otras presiones que tiene el sector alimentario, además del agotamiento del petróleo. Dice que los países emergentes como China e India, cuyas poblaciones suman más de la tercera parte de la población mundial, están cambiando rápidamente sus dietas, privilegiando el consumo de proteína de origen animal. Para producir este tipo de alimentos se requieren grandes volúmenes de granos, toda vez que para obtener un kilo de carne de res o cerdo, se necesitan tres kilos de maíz o su equivalente en sorgo, trigo o soya.

Otro ejemplo de esas presiones es el consumo de agua para producir los alimentos básicos de una dieta occidental, así, para obtener un kilo de carne de res se necesitan 15 mil 500 litros de agua, un kilo de queso requiere de 4 mil 900 litros del vital líquido, un kilo de carne de cerdo 4 mil 850 litros, un kilo de pollo 3 mil 900 litros, un kilo de arroz blanco 3 mil 400 litros, un kilo de huevo 3 mil 300 litros, un kilo de sorgo 2 mil 850 litros, un kilo de trigo mil 300 litros, un litro de leche mil litros y un kilo de maíz 900 litros de agua.

A esto hay que agregar que, de acuerdo con las proyecciones de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), para 2050 la población mundial será de cerca de 10 mil millones de personas, lo que exige una mayor producción de alimentos, y que implica, a su vez, que se le tenganque sumar a la superficie agrícola al menos mil 400 millones de hectáreas para poder satisfacer la demanda mundial de alimentos.

Ante tal panorama, la OCDE ve con buenos ojos la inversión de los gobiernos en tecnología e infraestructura para desarrollar el campo de los países pobres, y se pronuncia por disminuir los subsidios a la producción de alimentos.

MÉXICO: EXPLOTAR EL POTENCIAL AGRÍCOLA

Planta tratamiento aguaSin embargo, para México existe una abrumadora realidad, que Efraín García Bello, presidente de la Confederación Nacional de Productores Agrícolas de Maíz de México (CNPAMM), dibuja de esta forma: “La importancia del maíz en el mundo es fundamental, porque es la segunda fuente de energía más importante, después del petróleo. Los mexicanos domesticamos este grano hace más de 8 mil años, pero hoy somos importadores del cereal”.

Añade que es absurdo que nuestra producción anual sea de 22 a 24 millones de toneladas de maíz, cuando Estados Unidos, por ejemplo, obtendrá este año una producción récord de 330 millones de toneladas del grano.

Pero hay más de estas situaciones absurdas: hace 25 años los chinos vinieron a México para aprender a cultivar maíz y se llevaron variedades de la semilla netamente mexicanas, y hoy son el segundo productor más importante del cereal, después de Estados Unidos.

A lo anterior hay que agregar, comenta, que los productores maiceros tenemos oportunidades para exportar, “porque nos llaman de otros países que quieren que les mandemos grano, pero, ¿cómo lo hacemos? Sí tenemos maíz almacenado en Sinaloa y Tamaulipas, pero en las zonas indígenas no hay granos para consumo y no tenemos ninguna política clara con la que podamos acercar el maíz que nos piden. Por eso mismo, el entorno mundial nos va a avasallar.

“Tenemos que apostarle primero a la seguridad alimentaria de México y luego vemos las exportaciones de alimentos. Pero no veo que los tres niveles de gobierno y el Poder Legislativo tengan intención de impulsar el desarrollo del campo. Los gobernantes quieren dirigir los apoyos al agro de acuerdo al color de la camisa que portan, y así pues nada más no se puede”, afirma García Bello.

Sobre el mismo tema, Máximo Torero, coordinador para Latinoamérica del Instituto Internacional de Investigaciones de Políticas Agroalimentarias (IFPRI, por sus siglas en inglés) con sede en Washington, afirma que es momento de que los países en desarrollo, como México, fortalezcan su producción de alimentos, para garantizar su seguridad en esa materia.

También comenta que “México tiene que explotar y aprovechar sus enormes potenciales agrícolas, porque aún no se expande toda la innovación que han logrado en materia agrícola. Los gobiernos no tienen que copiar modelos de otros países”, y dice que lo que más se ve de nuestro país en el exterior es la desigualdad y el atraso que persiste en todo el territorio nacional, “sobre todo en la parte del sur, donde es evidente su potencial productivo, pero también su atraso”.

Y aunque el futuro pinta bien para los grandes productores y comercializadores de alimentos, porque la mayor demanda les imprimirá buenos precios, para México eso podría ser una quimera por los enormes rezagos que tiene en su sector primario.

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