Electricidad limpia, cara pero con futuro.

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Por su ubicación geográfica, México cuenta con importantes recursos que lo colocan como uno de los mejores lugares del mundo para aprovechar la energía del viento en la generación de electricidad. Sin embargo, la explotación de esta fuente limpia es relativamente nueva.

En 1994 inició operaciones el primer parque eólico en el país en el ejido de La Venta, ubicado en el municipio de Juchitán, Oaxaca, por lo que recibió el nombre de La Venta I. Esta planta generadora, que fue construida como un prototipo, tiene una capacidad instalada de 1.6 MW; la construcción se realizó con recursos federales bajo el esquema de obra pública financiada (OPF) y es operada por la Comisión Federal de Electricidad (CFE).

A casi 20 años de la puesta en marcha de este parque, hoy día en la región del istmo oaxaqueño operan 15 plantas de gran potencia, las cuales suman más de 1,300 MW instalados gracias al funcionamiento de más de 900 aerogeneradores, algunos de éstos hasta con una potencia individual de 3 MW.

El segundo proyecto eólico en la región, La Venta II, fue desarrollado doce años después. Cuenta con una capacidad instalada de 83.3 MW, y al igual que La Venta I, también funciona como una OPF y es operado por la CFE. Ambos proyectos son los únicos que producen energía eléctrica para el sector público.

Los otros parques eólicos instalados en México entraron en operación entre los años 2009 y 2012, sin embargo, la electricidad que producen —bajo las modalidades de autoabastecimiento y de producción independiente de energía— es para el sector privado. Si bien, en cierta medida, dichas plantas han contribuido a un mayor abasto eléctrico en la región —mediante la construcción de nuevas líneas de trasmisión— esto no se ha visto reflejado en una tarifa más baja para los ciudadanos.

No obstante, la CFE ofrece algunos incentivos para la generación privada de electricidad a partir de fuentes limpias, como un banco de energía, el cual permite la acumulación de excedentes a los productores bajo el esquema de autoabastecimiento para ser utilizados en el futuro o para ser vendidos a la paraestatal. Asimismo, ofrece una tarifa preferencial para la transmisión de energía: 0.14 pesos/kWh en el cargo por servicio de transmisión para energías renovables o cogeneración eficiente, en lugar de 0.30 a 0.40 pesos/kWh de las fuentes tradicionales.

POCO INTERÉS
Un elemento clave en la explotación de los recursos eólicos en México por parte del sector privado, fueron las modificaciones realizadas a la Ley del Servicio Público de Energía Eléctrica en 1992, ya que antes de que se hicieran dichas adecuaciones, sólo el Estado tenía esa atribución.

Hoy día existen diversas empresas propietarias y operadoras de parques eólicos, principalmente multinacionales, como es el caso de Iberdrola Energías Renovables, Acciona Energía, Eléctrica del Valle de México, Peñoles, Gamesa Energía, Cemex, entre otras. Una de las principales razones para que actualmente las empresas privadas aprovechen esta fuente con más frecuencia que los gobiernos, radica en que la tecnología aún es cara y se produce en otros países, como España, Estados Unidos y Dinamarca. Se estima que el sector privado ha invertido más de 2,500 millones de dólares (mdd) para los proyectos que actualmente funcionan en el Istmo de Tehuantepec.

Lo anterior también se debe al poco interés por parte del Gobierno Federal para apostarle a ésta y otras fuentes limpias de generación eléctrica, fundado en la idea de que la explotación petrolera es una prioridad.

Es innegable que los combustibles fósiles han sido y seguirán siendo una fuente de energía vital para el desarrollo del país, sin embargo, hoy día tenemos una gran oportunidad para transitar hacia una economía baja en carbono a partir de la explotación de los recursos renovables.

A nivel internacional se ha demostrado que el aprovechamiento del viento para la generación de electricidad ha cobrado un papel relevante, aún en naciones con menores recursos eólicos, lo cual representa una ventana de oportunidad ante un posible estancamiento en la explotación de este recurso por parte de los países que históricamente le han apostado a dicha fuente. Bajo esta premisa, México y Brasil se posicionan como uno de los mercados con mayor potencial para el aprovechamiento del viento en el mundo.

Según cifras de la Secretaría de Economía (SE), la meta del Gobierno Federal es alcanzar una capacidad instalada de tecnologías limpias de 35% para el año 2024. Para entonces, la dependencia espera que se incrementen 18,716 MW a la capacidad ya existente para generar electricidad a partir de energías renovables, liderada por una mayor participación del sector eólico (60.3%) e hidráulico (24.3%).

MÁS ESFUERZOS
Si bien es cierto que el potencial eoloeléctrico instalado en Oaxaca ha logrado posicionar a la región como el corredor más importante del país, aún faltan muchas tareas por cumplir. La realidad es que a pesar de los esfuerzos realizados por tratar de incursionar en este sector, falta mucho or hacer para aprovechar todo el potencial que tiene México, lo cual requiere de esfuerzos tanto financieros como de políticas públicas para acumular capacidades tecnológicas que permitan que el país consolide una cadena de suministros capaz de impulsar a la industria eólica.

Finalmente, hay que puntualizar que una cuenta pendiente por saldar en la materia es la falta de equidad en las comunidades donde se instalan dichos proyectos. Es preciso que las empresas eviten prácticas oportunistas, como sobornos y contratos de arrendamiento de tierras poco claros, pero sobre todo, deben garantizar la protección a los derechos humanos de las comunidades donde se instalan los parques eólicos. En ese sentido, es urgente que los proyectos sean completamente sustentables ambiental, social y económicamente.

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