En política se abren camino

Olga SánchezLos ojos de la ministra de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, Olga Sánchez Cordero, se iluminan cuando recuerda la ocasión en que pasó a la historia, cuando consiguió su patente de notaria, la primera para una mujer en el Distrito Federal.

Era marzo de 1984 y habían transcurrido más de tres décadas desde que las mujeres fueron tomadas en cuenta para participar con su voto en la vida política de México y cuatro años desde que por primera vez el país tuvo una secretaria de Estado.

Pero no todos estaban preparados para que el género femenino accediera a posiciones como la que la ministra Sánchez acababa de alcanzar. Recuerda que en el Colegio de Notarios del Distrito Federal, la institución que agremia a los titulares de las 250 notarías que existen en la capital del país, ni siquiera había un baño para mujeres, por lo que a su llegada se tuvo que construir uno, y entre los comentarios de algunos colegas se dejaba ver el rechazo.

Participación en el Legislativo“Cuando llegué al Colegio de Notarios, un compañero dijo: ‘Caray, ahora tenemos que poner un salón de costura junto a la biblioteca’. El comentario fue irónico, sarcástico, demoledor para alguien que había estudiado muchísimo para poder presentar un examen de oposición y lograr ser notaria en esta ciudad, el mismo derecho que se le había negado en un amparo a otra persona allá por los años 50: ella quería presentarse al examen de oposición y solicitó el amparo y la protección de la justicia federal, pero no lo obtuvo porque la ley decía ‘los varones’, así se refería a los que podían ser notarios. En ese tiempo pensar en discriminación no existía”, comenta.

Actualmente, expresiones de este tipo llegan a sonar anacrónicas y discriminatorias; sin embargo, el avance de las mujeres en espacios de representación política y toma de decisiones aún es una asignatura pendiente. Un botón de muestra es que de 1979 a la fecha, sólo seis mujeres han llegado a ser gobernadoras, dos de ellas de manera interina. Rosario Robles Berlanga, fue nombrada jefa de gobierno del DF en 1999, en sustitución de Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano; y Dulce María Sauri Riancho, que en 1991 ocupó la gubernatura de Yucatán, cuando el entonces gobernador de la entidad Víctor Manzanilla Schaffer, solicitó licencia para dejar su encargo.

BAJA PARTICIPACIÓN

Hasta 1980, el gabinete presidencial era territorio exclusivo de los varones. En ese año, el entonces presidente José López Portillo nombró a Rosa Luz Alegría como secretaria de Turismo, un hecho histórico al convertirse en la primera mujer en ocupar una Secretaría de Estado. Tendrían que pasar ocho años más para que las mujeres pudieran figurar de nuevo, cuando María de los Ángeles Moreno Uriegas y María Elena Vázquez Nava llegaron a las secretarías de Pesca y Contraloría, respectivamente, en el sexenio de Carlos Salinas de Gortari. En los gabinetes de Ernesto Zedillo y Vicente Fox, sólo cuatro mujeres fueron titulares de alguna dependencia federal con cada ex mandatario, mientras que la administración de Felipe Calderón registra el índice más alto de mujeres que han llegado a ocupar dicho cargo: ocho en lo que va de su mandato.

En el Poder Legislativo, el avance tampoco ha sido tan rápido, aunque es uno de los ámbitos en los que se han hecho notar con más claridad los esfuerzos para modificar las leyes, con el objetivo de incrementar la participación de la mujer en posiciones de poder, que no ha superado 20 por ciento.

En 1952 Aurora Jiménez de Palacios se convirtió en la primera diputada federal del país como parte de la XLII Legislatura. Desde ese año, 6,447 ciudadanos han ocupado un escaño en la Cámara de Diputados, de los cuales 941, es decir, 11.3 por ciento, han sido mujeres.

En 1964, María Lavalle Urbina y Alicia Arellano Tapia fueron las dos primeras senadoras, y a partir de entonces, 190 mujeres han obtenido una curul en la Cámara Alta.

ENTRE EL TRABAJO Y EL HOGAR

Rocío RuízRocío Ruiz Chávez, vicepresidenta de la Junta de Gobierno del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), quien es economista egresada de la UNAM y ha trabajado en el servicio público por más de 46 años, asegura que uno de los retos más grandes a los que se han tenido que enfrentar las mujeres que quieren llegar a espacios de representación política o toma de decisiones, tiene que ver con su disposición para combinar el trabajo profesional y el rol de amas de casa.

“Cuando tú llegabas a determinada edad, donde aún no te casas y no tienes hijos, antes de que te promovieran en algún puesto importante te cuestionaban si ibas a seguir trabajando o si te ibas a retirar cuando tuvieras tus hijos. Yo creo que esa es la principal limitante que tuve en los primeros años de trabajo, el que no te dejaran acceder a mayores puestos por la posibilidad de que en un momento dejes el trabajo”, comenta.

Al igual que la ministra Olga Sánchez Cordero, Ruiz Chávez afirma haber experimentado expresiones de rechazo por parte de varones que se resistían a que las mujeres pudieran tener acceso a mejores oportunidades de superación profesional o académica. “En la Escuela Nacional de Economía, donde yo estudié, había maestros que decían: ‘Las mujeres no deben estar aquí, al salir de la escuela se van a casar y aquí nada más están ocupando un lugar que le correspondería a un hombre que sí va a rendir sus frutos trabajando posteriormente’ ”, recuerda.

Para algunas mujeres en el poder, que iniciaron su carrera durante las últimas décadas del siglo XX, los actos discriminatorios ya no eran tan recurrentes; sin embargo, la preparación académica y profesional continuó siendo un factor indispensable si querían destacar, sobre todo cuando comenzaban a temprana edad. Es el caso de la coordinadora de la bancada panista en la Asamblea Legislativa del Distrito Federal (ALDF), Mariana Gómez del Campo, quien recuerda haber iniciado su carrera política de manera formal a los 14 años dentro de las filas del Partido Acción Nacional (PAN).

“A veces es más complicado como mujer joven, ir haciendo esta carrera e ir participando en política, pero yo he tratado de ganarme un espacio; en la parte profesional no dejo de estudiar ni de prepararme. Afortunadamente ya terminé la maestría en Política y Gobierno. Soy una mujer que cree que no podemos dejar de estudiar, tenemos que seguir preparándonos, también hay que demostrar que la juventud no está peleada con la experiencia; en la política necesitamos ir formando a los jóvenes y que ellos se atrevan a participar”, destaca.

VOLUNTAD NECESARIA

Amalia GarcíaLa ex gobernadora de Zacatecas, Amalia García, asegura por su parte, que todavía existen resistencias culturales que deben romperse si se quiere conseguir un mayor empoderamiento de las mujeres, por lo que debe existir una voluntad política y de las propias mujeres para romper los “techos de cristal” que les impiden ascender. Y aún esos esfuerzos serían insuficientes si no se ejerce presión desde la legislación.

“Puede haber voluntad política, pero lo importante es que la norma obligue incluso a los que no la tienen, y por eso la resolución del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (emitida a finales de 2011) dice claramente que no pueden haber menos de 28 mujeres candidatas al Senado por cada partido y que no pueden haber menos de 120 mujeres candidatas a la Cámara de Diputados por cada partido político. Eso es algo que debe acatarse más allá de si hay voluntad o no, y por supuesto los partidos deberían ir mucho más allá”, expone.

La ex funcionaria perredista, quien además fue presidenta de su partido, sugiere que mujeres de distintas tendencias políticas y de la sociedad civil, y muchos hombres también, se alíen para hacer presión y lograr la equidad de género en la política, más allá de las cuotas, ya que finalmente el empoderamiento ocurre cuando hay conciencia de la situación y el deseo de mejorar las condiciones para tener acceso a los espacios de decisión.

JUEGO RUDO

Además de las limitantes a las que comúnmente se tienen que enfrentar las mujeres para alcanzar posiciones importantes dentro de la política o la administración pública, también tienen que hacer frente a prácticas en las que mediante acuerdos con varones se ven forzadas a ceder su lugar a éstos, como sucedió a dos días de haber iniciado la LXI Legislatura, cuando ocho legisladoras con suplentes varones solicitaron licencia para dejarles el cargo. A este acto se le conoció como el de “las Juanitas”, en alusión al caso de Rafael Acosta Ángeles “Juanito”, quien en 2009 llegó a la jefatura delegacional en Iztapalapa como candidato del Partido del Trabajo, pero solicitó licencia para dejar el cargo en manos de la perredista Clara Brugada.

Precisamente para evitar este tipo de situaciones, en diciembre de 2011 la Comisión de Gobernación de la Cámara de Diputados aprobó reformas al Código Federal de Instituciones y Procedimientos Electorales (Cofipe) para garantizar que el propietario y el suplente a candidatos de diputados y senadores sean del mismo género, con el fin de evitar el incumplimiento con las cuotas de género, haciendo renunciar a las mujeres electas para que un hombre ocupe el cargo. Años atrás, en 2008, otra reforma incrementó las cuotas electorales por razón de género en las candidaturas a diputados y senadores, con lo cual el techo de participación de candidatos propietarios de un mismo género pasó de 30 a 40 por ciento.

Ana GüezmezActualmente el umbral está por romperse ya que la participación de mujeres llega a 29 por ciento en la Cámara de Diputados y es de 22 por ciento en la Cámara de Senadores; sin embargo aún queda mucho por hacer. Hasta el momento sólo 28 países han alcanzado ese mínimo de participación, de ellos seis se encuentran en América Latina: Argentina, Cuba, Costa Rica, Bolivia, Ecuador y Guyana.

“México estaría en un lugar intermedio, pero tiene toda la capacidad para dar el salto y colocarse junto a estos 28 países que ya han alcanzado el Objetivo de Desarrollo del Milenio sobre participación política. Uno de los retos más impor- tantes para que eso se logre es eliminar los obstáculos en materia de violencia contra las mujeres, los partidos políticos que estarán en la contienda deben comprometerse a cumplir con lo estipulado en las leyes mexicanas, que son bastante buenas y así abrir paso al liderazgo de las mujeres”, argumenta Ana Güezmez, directora regional de ONU Mujeres para México.

A nivel local se han alcanzado los mayores logros en términos de la representación política de las mujeres; pero, la equidad de género en este ámbito todavía está muy lejos de alcanzarse. A inicios de 2011 apenas 5 por ciento de las presidencias municipales estaban ocupadas por mujeres, mientras que al cierre del año la cifra se incrementó un punto porcentual como consecuencia de los comicios en los estados de Baja California Sur, Hidalgo, Nayarit y Michoacán, donde se renovaron más de 100 alcaldías; así como a los reacomodos provocados por el proceso electoral federal de este año. A pesar de ese avance mínimo el número de alcaldesas no rebasa las 150, de entre las 2,440 presidencias municipales que tiene el país.

Patricia MercadoEn los 31 congresos estatales y la ALDF sesionan 1,129 legisladores locales, de los cuales 24 por ciento, es decir, 274 en total son mujeres. Chiapas, Oaxaca, Veracruz, Campeche, Baja California Sur, Baja California, Zacatecas, Tamaulipas, Nayarit y Morelos son las entidades cuyos congresos cuentan con 30 por ciento o más de participación femenina, mientras que en Guerrero apenas pasa de 15 puntos y en Aguascalientes es de 7.4 por ciento.

De acuerdo con Patricia Mercado, presidenta de la Iniciativa SUMA, Democracia es Igualdad, la presencia de más mujeres en el Congreso de la Unión y en los congresos estatales es necesaria para fortalecer alianzas estratégicas entre partidos políticos, que puedan colocar entre las priorida- des de la agenda legislativa los temas que afectan al género femenino. Afirma que para ello “debe haber voluntad real para que el consenso nacional realmente se traduzca en acciones concretas sin simulación y sin regateos a las mujeres”.

AÚN HAY RETOS

Ma Elena JarquínEl empoderamiento de las mujeres todavía enfrenta obstáculos relacionados con el hecho de que por bastante tiempo se les negó su condición de ciudadanas con derechos y oportunidades, amén de la ideología que las sujeta al rol de madres y amas de casa.

María Elena Jarquín, especialista en estudios sobre feminismo del Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades (CEIICH) de la UNAM, advierte que tampoco existe una conciencia plena entre las mujeres sobre su derecho a participar activamente en la política y en puestos de poder.

La académica afi ma que esto se debe, entre otras causas, a las deficiencias en el sector educativo del país, principalmente a los bajos niveles de escolaridad, a pesar de que la escuela es un potenciador de las capacidades de la gente. “Pero al ser éste un país donde se lee poco, hay una escasa participación. Las políticas (por sí solas) no favorecen que esta conciencia se genere ni propician los canales para que las mujeres puedan participar, hay que hacerles llegar información”, finaliza.

Gobernadoras

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