Gerente que vela por la ciudad.

Roberto Mellado Hernández y Adán LarraciliaObjetivos, metas, eficacia, calidad, responsabilidad, apartidista, tolerante y ético son algunas palabras que hablan de lo que se necesita para ser un city manager, figura que se encarga de mejorar la localidad que lo contrata, buscando mayor desarrollo, inversión y bienestar social para la comunidad.

Ciudades europeas y americanas han incrementado su competitividad y desarrollo gracias a la operación del city manager, que es una especie de gerente ejecutivo de la ciudad.

A través de este modelo se separan las tareas de gobierno; mientras el actor político lleva la conducción y la toma de decisiones sobre el qué hacer, el city manager está a cargo de garantizar la buena operación de la ciudad.

Además, aporta profesionalismo a la gestión en los gobiernos locales y está bajo la supervisión del alcalde y el concejo.

“Entre las ventajas de contar con uno, está la competitividad urbana, es decir, es la capacidad de participar en el entorno globalizado, de crear ambientes propicios para el desarrollo y competitividad de sus agentes económicos y sociales. De atraer inversión, retenerla y generar mayor bienestar social”, menciona Roberto Mellado Hernández, académico del Departamento de Ciencias Sociales y Políticas de la Universidad Iberoamericana.

Por su parte, Octavio Chávez, director del International City Management Administration (ICMA Latinoamérica) dice que “la operación de las ciudades requiere alto nivel de especialización y profesionalismo, es lo que, por más de 100 años, se ha adoptado en las ciudades que van a la vanguardia en desarrollo y competitividad”.

Dicho modelo está presente en más de la mitad de las ciudades de Estados Unidos con más de 100 mil habitantes, y también tiene presencia en Chile, Canadá, Inglaterra, Australia y Holanda.

El PlusGARANTIZA LA GOBERNANZA

El city manager es nombrado por el cabildo de la ciudad y, entre sus tareas, se encarga de contratar o despedir empleados administrativos, supervisar, formular y dirigir las obras públicas.

Cuando el concejo designa el presupuesto, el city manager acata y supervisa su aplicación y buen funcionamiento. Asimismo, hace recomendaciones en cuanto a mejoras a la ciudad, donde el concejo las acepta o rechaza. Lo que sí tiene como facultad es la transferencia de algunos fondos que son flexibles dentro de los departamentos a su cargo.

“A él corresponde dar seguimiento a las políticas públicas diseñadas por el gobierno local, se coordina con las dependencias locales y está al tanto de las finanzas públicas”, menciona Mellado.

En este sentido, Adán Larracilla, director ejecutivo de la Asociación Nacional de Alcaldes (ANAC), explica que: “Su función está ligada a la gobernanza porque engloba eficacia (cumplimiento de metas), eficiencia (trabaja con la menor cantidad de recursos) y con mayor calidad, y legitimidad, y es aceptado por la ciudadanía”.

Por otro lado, en América Latina, Chile trabaja con el “administrador municipal”, mientras que en Brasil está innovando con figuras similares; y México ha intentado también esta figura en Tijuana, Mérida y Puebla, pero ha faltado su continuidad.

Sin embargo, en Inglaterra y Australia, añade Larracilla, se ha aplicado este modelo desde hace siglos y ha funcionado bien porque “la gente votada se dedica a hacer labores políticas, como inaugurar obras, hacer negociaciones, atender a la ciudadanía, y deja lo operativo al gerente de la ciudad”.

CERO FRACASOS

En cuanto a su contratación requiere de tiempo e inversión, ya que siempre se buscan los mejores perfiles, por ello, se hacen múltiples entrevistas hasta hallar personas con amplia experiencia en administración pública enfocada a gobierno local.

“Deben estar especializados en fenómenos de las ciudades. Además de lo técnico deben estar preparados para resistir fuertes presiones en el tema del dinero y lo partidista, tener capacidad de negociación y tolerancia”, dice Larracilla.

Por lo regular ganan más que los alcaldes, por ejemplo en Phoenix, Arizona, ejemplifica Chávez, el sueldo del político es de unos 35 mil dólares al año, mientras que del city manager está por arriba de los 200 mil dólares. La permanencia de éste último depende de su desempeño, si no logra las metas trazadas o se excede en el presupuesto puede ser despedido.

Para hacer más eficiente su trabajo debe movilizar a su equipo hasta alcanzar los objetivos trazados y queda explícita su facultad de remover gente. “Están encargados de trabajar los planes que le planteó el concejo y debe cumplirlos a cabalidad, si no, lo corren”, explica Larracilla.

El ICMA, como organismo internacional que afilia a los city manager, está pendiente del ejercicio de sus socios, si alguno no hace lo correcto como profesional, es expulsado.

“En promedio, cada dos años alguien de la asociación es corrido por acciones indebidas, no necesariamente ilegales”, afirma Chávez.

En este sentido, Mellado Hernández asegura que el city manager de alguna manera da continuidad a los programas sociales que han demostrado calidad y eficiencia, por lo que su cargo no está ligado a un periodo de gobierno sino a su desempeño. Dadas sus funciones, agrega Chávez, no están bajo los reflectores, “su tarea es que el alcalde se vea bien”.

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