La luna, las reformas y el futuro

Inicia el octavo mes del gobierno de López Obrador. En dos meses más tendremos el primer informe presidencial y aún no hay claridad en muchas de las estrategias de esta administración. Empieza a perfilarse una valoración claroscura de lo que la cuarta transformación (4T) significa. Ahora, la planeación debería de estar completa y la visión de futuro debería ser lo más clara posible. No se percibe así.

Durante este mes se celebran 50 años desde que el ser humano pisó la superficie de la luna por primera vez, el 21 de julio de 1969. Más allá de la nostalgia, recordé esos tiempos en que todo apuntaba hacia el cambio y hacia el futuro. No eran sólo los movimientos estudiantiles en el mundo ni la fiebre de los Beatles que distribuían Abbey Road en aquellos meses. Eran tiempos que presagiaban el cambio tecnológico que estaba en puerta y que de repente nos rebasó a todos con la llegada de las computadoras personales.

También eran tiempos de la Guerra Fría, de protestas y de búsqueda de algo distinto. En México habían pasado las Olimpiadas y en un año más empezaría el gobierno de Luis Echeverría. Aquel “Arriba y Adelante” suena hoy como la gran añoranza que no llegó, justamente por falta de visión de futuro y la actitud del gobierno por aferrarse a un sistema político que ya daba muestras de su gran decadencia.

En 1969 era difícil imaginar que cinco años después iniciaría la aventura petrolera de México y poco se pensaba en un futuro alterno al “nacionalismo revolucionario”. Incluso los autores de El Perfil de México en 1980, publicado en 1970 por Siglo XXI Editores, no podían ver las crisis que estaban por afectar nuestra economía, ni la etapa del neoliberalismo. Lo que sí veían aquellos autores era la urgencia de proyectar escenarios y planear estrategias hacia el futuro. Quizá una de las virtudes de sus libros era que reconocían los avances que había tenido el país, pero buscaban alternativas para un México “echado para adelante”, con visión de futuro.

Los tiempos de hoy siguen enmarcados en la necesidad de una visión que proyecte a México hacia el año 2035. A diferencia de 1969, hoy sí nos podemos preparar para el uso y aplicación de las tecnologías. La sociedad hace tiempo que transitó de la economía rural y localista a las actividades industriales y de servicios, cada vez más urbanas. Por eso, ni la política energética, ni la social, ni ninguna otra, pueden escapar de las tendencias a las que se dirige el mundo, incluyendo el cambio climático.

Aplicar políticas del pasado, por muy exitosas que fueran en su tiempo, es dilatar la visión de un futuro que irremediablemente se impondrá. Incluso quienes buscan dejar atrás las políticas neoliberales, se ven obligados a participar en un mundo globalizado, con fronteras que se borran y con retos como la relación con Estados Unidos y la migración (con o sin aranceles).

El mundo se ha propuesto 17 Objetivos para el Desarrollo Sostenible y México no debe estar fuera de los esfuerzos por alcanzarlos. Los años del Apolo 11 no regresarán, pero aquella hazaña inspira a una planeación de amplia visión.

Los jóvenes que hoy tienen entre 18 y 30 años, en el año 2035 estarán en la plenitud, entre 34 y 46 años. Ellos gobernarán con base en las soluciones que hoy se formulen para la educación, la seguridad y la generación de energía, entre otras políticas. Con todo, hoy no parece estar claro cuál es “el perfil de México en 2035” y las políticas que corresponden a ese futuro cercano. Habrá que visualizarlo.

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