Las ciudades con más ejecuciones

Pedro IsnardoLa violencia en varias regiones ha crecido durante los últimos años, según datos dados a conocer por la propia Presidencia de la República, que colocan a Ciudad Juárez, Culiacán, Tijuana, Chihuahua y Acapulco como los municipios con mayor número de muertes vinculadas al crimen organizado.

Con la llegada del Partido Acción Nacional (PAN) a la Presidencia de la República, y los cambios de gobierno en diversas partes del país, las antiguas negociaciones con el crimen organizado, en particular con el narcotráfico, se vinieron abajo. Ello provocó vacíos de poder en diversas regiones, por las que los grupos delincuenciales han luchado en la última década.

Así, la radicalización de las acciones de los criminales se da por el descabezamiento de los cárteles de narcotráfico, la lucha por el control territorial del narcomenudeo, el control de las rutas de trasiego de drogas y, en los últimos años, su incursión en crímenes como el secuestro a empresarios o migrantes para obtener recursos, coinciden expertos.

recrudece la violencia

Con más decesosDurante los últimos 10 años el fenómeno del narcotráfico ha registrado cambios por al menos tres factores: el rompimiento de los acuerdos tácitos entre los gobiernos estatales y locales con grupos del crimen organizado, la caída de los grandes cárteles de la droga en Colombia y el cierre de la frontera por parte de Estados Unidos (EU), asegura José Luis Cisneros, investigador de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) Xochimilco.

El cierre de la frontera, sobre todo, ha provocado que los cárteles busquen nuevos mercados de venta en México, lo que ha generado un aumento en el consumo y el nivel de adicciones, principalmente de drogas sintéticas. “No podemos dejar de lado que la ganancia neta y de más alta concentración se encuentra en el narcomenudeo”, explica.

Según datos del maestro en Ciencias Penales, en los últimos años se han detenido a alrededor de 121 mil 199 personas, “de ellas, solamente 1,359 tienen nexos con el tráfico de drogas, 120 mil detenidos, en su gran mayoría, son narcomenudistas, que en poco tiempo están nuevamente en la calle”.

En los municipios como Ciudad Juárez, Culiacán, Tijuana, Chihuahua y Acapulco, el deterioro en la calidad de vida y el enriquecimiento ilícito de funcionarios públicos fomentan el crecimiento de la criminalidad.

Asimismo, explica Pedro Isnardo de la Cruz, especialista en temas de seguridad nacional y narcotráfico de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), el aumento de muertes en municipios fronterizos es consecuencia de las medidas contra el tráfico de drogas implementadas por el Gobierno Federal, que radicalizó su postura al grado de extraditar en automático a EU a los capos detenidos, lo que significó descabezar a los grupos con los que había pactado el viejo régimen.

Escena del crimenEsto generó que los líderes de los sicarios ascendieran en la escala de mando de las organizaciones criminales, lo que ha llevado a recrudecer la violencia en todos los sectores de la sociedad, “ya que operar en México bajo este negocio significa apostar por la vida o por la extradición”, asegura el experto.

Esta dinámica generó una abierta y radical lucha por la hegemonía dentro de los cárteles en las zonas donde ya estaban arraigados, lo que provocó que la incidencia de ejecuciones en México vinculadas a la delincuencia organizada, se incrementara más de 60 por ciento durante la actual administración, de acuerdo con informes del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SNSP).

Estos datos ubican a Ciudad Juárez como la urbe más violenta del país ya que desde diciembre de 2006 hasta diciembre de 2010, esta zona fronteriza ha registrado 6,437 homicidios. Le siguen Culiacán, Sinaloa, con 1,890; Tijuana, Baja California, con 1,667; Chihuahua, Chihuahua con 1,415 y Acapulco, Guerrero, con 661.

Los asesinatos con este perfil se desataron en al menos 20 estados de la República como son: Tamaulipas, Sinaloa, Baja California, Michoacán, Guerrero, el Estado de México, Durango, Sonora, Jalisco, Nuevo León, entre otros.

Mientras 2006 terminó con un registro de 11.23 “homicidios dolosos” por cada 100 mil habitantes, para 2010 aumentó a 18.42, es decir, 7.19 puntos más. El mayor índice, al menos desde hace 12 años, cuando se contabilizaron 15.05 ejecuciones de alto impacto por cada 100 mil habitantes.

TAMBIÉN SECUESTROS

Al ser capturadas pequeñas células de narcotraficantes, grupos antagónicos buscan el control de la zona, lo que se refleja en la actual violencia. Pero también implica la pérdida de una entrada de recursos para los grupos criminales, lo que los orilla a buscar nuevas formas de obtener ingresos a través de ilícitos como el secuestro, asegura José Luis Cisneros.

Así, como parte del cambio en los roles y la ruptura de los códigos implícitos que tenía la criminalidad, ahora el plagio se encuentra ligado al narcomenudeo, principalmente, aunque también ha sido usado por el narco para amedrentar a sus oponentes, obtener recursos ante el cierre de rutas o como forma de pago de derecho de piso, añade.

Durante 2010, alrededor de 209 personas secuestradas fueron ultimadas en México, cifra que duplica a la de 2009, que fue de 99, considerada la “más alta en la historia del país” por el llamado Movimiento Blanco. Entre las víctimas están 72 inmigrantes centroamericanos asesinados el año pasado en Tamaulipas, presuntamente por el grupo armado Los Zetas.

Sin embargo el número de secuestros podría ser mayor, asegura Isnardo de la Cruz, ya que existe una base de datos con información parcial, “no integrada suficientemente, no madura a nivel nacional, sobre el secuestro en todas sus modalidades, en toda su intensidad y en toda su crudeza”.

En el caso del secuestro de migrantes, las redes criminales cuentan con “lazos comunicantes entre las mafias mexicanas, las centroamericanas y las de Estados Unidos”, por lo que se necesita una estrategia conjunta para atacar el problema.

Lo más grave en estos dos fenómenos, coinciden los especialistas, es una generación de jóvenes carentes de oportunidades escolares y profesionales, que son proclives a caer en manos de la delincuencia organizada bajo la promesa de un ingreso fácil que les permita no sólo garantizar un sustento, sino además acceder a lujos que un empleo regular no les permitiría.

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