Lo mejor Y lo peor del país.

Tren_o13El sur de México limita con Guatemala y Belice. Cuatro estados mexicanos son los que comparten la frontera con estos dos países: Chiapas, Campeche, Tabasco y Quintana Roo. Los límites terrestres suman 1,149 kilómetros, a lo que hay que agregar 85 kilómetros cuadrados de litoral costero en la Bahía de Chetumal.

La zona ha sido definida como un problema de seguridad nacional para México desde la década de 1980. En ese entonces, estaban en su apogeo las guerras civiles en El Salvador y Guatemala, y se temía un contagio de las guerrillas. Aparecieron graves complicaciones asociadas con la población afectada, sobre todo campesinos que huyeron de sus tierras.

En esos años se observó un aumento inusitado de flujos migratorios de esos países, al que se sumaron hondureños. Todos buscaban la tierra prometida de Estados Unidos, pero muchos encontraron oportunidades laborales en nuestro país. Esta migración fuera de control abrió rutas por todo el país.

En la década de 1990, al pacificarse Centroamérica, surgieron una gran cantidad de fenómenos criminales por la frontera sur, que afectaron notablemente a sus municipios colindantes.

Guatemala, Honduras y El Salvador tenían economías muy afectadas por la crisis, quedaron miles de familias divididas (con el padre viviendo en Estados Unidos y las madres manteniendo a sus hijos en forma muy precaria en sus países), de modo que comenzó a expandirse la migración de mujeres y menores, el tráfico de armas, el trasiego de drogas y lo que se ha convertido en una catástrofe humanitaria, que es la trata de mujeres para
obligarlas a prostituirse.

MARAS Y ZETAS, LETALES

Hoy por hoy, las redes criminales mexicanas, como los Zetas, al igual que las pandillas centroamericanas —las más grandes conocidas como la Mara Salvatrucha y la MS-18—, comenzaron a hacerse presentes en las ciudades de la franja divisoria entre México y Guatemala, como Tecún Uman, de Guatemala, y Ciudad Hidalgo y Tapachula, de Chiapas; mientras que en El Ceibo, ubicado en Tabasco, han llegado a las selvas del Petén y la Lacandona.

El famoso tren, la Bestia, que se desplaza desde Tapachula al centro de México, y desde Tenosique, Tabasco, se convirtió en un medio de transporte de los indocumentados. Sin embargo, comenzó a ser controlado por los Maras.

Los municipios del área tienen que enfrentar el tránsito de extranjeros en masas, la presencia de Maras, de coyotes mexicanos —que poco a poco se han vinculado con los Zetas—, y también de agentes de migración y otros cuerpos de seguridad del Estado mexicano que se aprovechan de la vulnerabilidad de estas personas.

La porosidad de la frontera, donde casi 80 por ciento está dominada por las selvas, ha sido aprovechada por las organizaciones criminales. Existen 10 pasos legales por Guatemala, uno en Tabasco, y dos en Belice-Quintana Roo. En Campeche no se han establecido franjas legales, por no existir poblados importantes ni vías de comunicación.

Sin duda, las poblaciones limítrofes más afectadas son Ciudad Hidalgo y Tapachula.

Por ambas transita más de 60 por ciento del comercio y el cruce legal e ilegal de personas.

CHETUMAL, LÍNEA DESCONOCIDA

Otro ayuntamiento clave es Comitán, en Los Altos, donde se ubica la propia ciudad de Comitán, y la carretera transfronteriza que atraviesa la Selva Lacandona. En esa zona de Chiapas se encuentra una gran cantidad de sitios arqueológicos y reservas ecológicas.

La selva del Petén se considera una zona de preeminencia para grupos de narcotraficantes guatemaltecos y mexicanos, que emplean a los migrantes como “mulas”, además de que existe un gran tráfico de mujeres para ser explotadas, sin olvidar que por ahí pasa todo tipo de contrabando. El Ceibo y Tenosique, en Tabasco, viven esta realidad de forma trágica.

Pasamos a un breve análisis de la frontera más chica y desconocida, la de Quintana Roo con Belice. A 10 kilómetros de Chetumal se encuentra Subteniente López, que constituye el cruce más importante. Por ahí transitan gran cantidad de migrantes que buscan emplearse como trabajadores de la construcción en Quintana Roo, además de que se trafica con mujeres que se desplazan a dicho estado, Tabasco y el sur de Veracruz, en tanto que muchos extranjeros buscan llegar al sur de Estados Unidos, a través de su ruta más cercana, la costa del Golfo de México.

La peligrosidad de este camino hacia Texas fue del conocimiento de todos, cuando el 22 de agosto de 2010, hace exactamente tres años, en San Fernando, Tamaulipas, fueron masacrados 72 individuos, casi todos provenientes de Honduras, El Salvador y Guatemala. A partir de ese suceso, los migrantes han buscado rutas alternas para evitar pasar por Veracruz y Tamaulipas.

¿MUNICIPIOS INMÓVILES?

Los municipios de la frontera sur viven día a día fenómenos criminales y tragedias humanitarias. Pero también en esa misma zona existen personas y organizaciones civiles y religiosas muy valientes que protegen a los migrantes, ya que les dan asilo, asistencia alimentaria y hasta médica, en condiciones de gran precariedad.

Esto también es la frontera sur: albergues y mexicanos generosos. En este análisis, es pertinente destacar que se encuentra un mosaico de lo mejor y lo peor del país. Acción solidaria y humanitaria, versus la acción criminal que se aprovecha de personas muy vulnerables. Los gobiernos municipales son conscientes de estas dos realidades opuestas.

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