Los litorales, con mínima protección.

Litoral Contaminado Noviembre 2013El país cuenta con más de 11 mil kilómetros de costas enmarcadas en el planeta en más de 15 grados de latitud y 30 grados de longitud. Nuestro territorio es más agua de mar que tierra, ya que la proporción es de 65 y 35 por ciento, respectivamente, en tanto que los litorales son bañados por aguas de los océanos Pacífico y Atlántico.

Si esta condición se vincula con una extensión territorial y una diversidad biológica particular, producto de la fisiografía y posición geográfica intertropical, el resultado es que México es uno de los principales países megadiversos a nivel mundial.

65% DE MANGLARES PERDIDOS.

Bajo esta circunstancia, existen grandes retos de conservación para nuestros mares y litorales. En el último estudio realizado por la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat), sobre los vacíos y omisiones en la salvaguarda de la biodiversidad marina del país —que incluye océanos, riberas e islas—, se identificaron 105 sitios prioritarios para la preservación de la biodiversidad que carecían de resguardo, 79 de los cuales corresponden a la zona costera y al margen continental, lo que incluye a las islas, y cerca de 30 a la zona de mar profundo. Menos de 2 por ciento de toda la zona económica exclusiva cuenta con algún estado de protección.

En cuanto a la pesca la situación no es buena. La gran mayoría de las pesquerías muestran tendencia a la baja, en tanto que 60 por ciento de la producción nacional proviene de la captura ilegal, según un estudio del Instituto Mexicano para la Competitividad (Imco) y la Environmental Defense Fund (EDF) de México.

Mientras que el sector industrial lo componen cerca de 2,200 barcos, la flota ribereña se estima en alrededor de 100 mil embarcaciones pequeñas, no todas ellas identificadas, situación que complica las tareas de vigilancia a los poco más de 200 inspectores de la Comisión Nacional de Acuacultura y Pesca (Conapesca).

Los ecosistemas costeros no son la excepción de la degradación ambiental. México ha perdido ya 65 por ciento de los manglares y otros hábitats acuáticos, debido principalmente al avance de la frontera agrícola y ganadera, a la acuacultura y a la construcción de infraestructura turística en la franja marítima, lo que elimina las barreras naturales de protección y aumenta así la vulnerabilidad.

Como pudimos observar recientemente con la tormenta tropical Ingrid y el huracán Manuel, de haberse respetado los ecosistemas ribereños, seguramente la magnitud de los daños habría sido mucho menor en Guerrero.

MAL ARRANQUE SEXENAL.

La preservación de nuestros mares y litorales no ha sido del todo exitosa y es con éste y otros grandes retos como comenzó la administración de Enrique Peña Nieto. En su gobierno se encuentran numerosos funcionarios que siguen en sus puestos desde el sexenio pasado, así como otros nuevos e inexpertos en estos temas que responden más a una cuota política que a otra cosa.

El rumbo que estos funcionarios han fijado en este sexenio hasta el momento no es claro y la protección ambiental se ha mantenido con programas de sexenios pasados sin que hasta ahora se propongan modificaciones que revolucionen la política ambiental.

El Plan Nacional de Desarrollo (Planade) 2013-2018 ha llegado muy tarde. Peña Nieto lo presentó seis meses después de haber tomado la presidencia, aunque es pertinente recordar los foros de consulta pública que se realizaron en los estados.

Para subsanar este retraso en la definición del rumbo del país, las autoridades ya se habían preparado con el Pacto Por México, un acuerdo que desde el inicio del sexenio ha demostrado ser un coto de poder en donde se cocinan las grandes reformas estructurales. Por supuesto, en dicha alianza no se consideran los mares y riberas.

De sus 819 líneas de acción, el Planade sólo menciona una relacionada con el tema en comento: “Impulsar una política en mares y costas que promueva oportunidades económicas, fomente la competitividad, la coordinación y enfrente los efectos delcambio climático protegiendo los bienes y servicios ambientales”. Y es de aquí, en stricto sensu, de donde debe partir el eje rector de toda la política nacional de protección de esas regiones y que así permee hacia los estados y municipios.

PELIGRO DE MÁS DAÑOS.

Y si el Planade ha llegado tarde, también lo han hecho los programas sectoriales. Tal es el caso del Programa Sectorial de Medio Ambiente y Recursos Naturales, el cual, según el sitio web de la secretaría del ramo, “se encuentra actualmente en proceso de elaboración”. Por lo que hasta ahora solamente programas de sexenios pasados se han puesto en operación.

El retraso de la presente administración en fijar el rumbo de la política de conservación de los mares y costas se refuerza todavía más en el primer informe de gobierno de Peña Nieto, en el que es posible identificar únicamente dos acciones incipientes. Éstas consisten en la firma de un programa estratégico binacional para el Golfo de México y continuar con la formulación de programas de ordenamiento marino en todo el país, que por cierto es un programa transexenal.

Ha transcurrido casi un año, una sexta parte del gobierno de Peña Nieto, y aún no se definen estrategias claras para proteger a nuestros recursos marinos.

Es necesario establecer una política integral de gestión que revolucione, fortalezca, oriente y apoye la planeación y el ordenamiento de estas regiones, con el propósito de hacer más eficientes y efectivos los procesos de toma de decisiones y detener y revertir el deterioro que han sufrido a lo largo de décadas y así potenciar su desarrollo actual y futuro. Si dejamos que transcurra más tiempo únicamente dando continuidad a los programas del sexenio pasado, el perjuicio ambiental seguirá el mismo rumbo.

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