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Más allá de rampas y letreros.

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Alcaldes_de_Mexico_Julio_2014_Rampas_DiscapacitadosHace unos años, Ricardo Bucio, ex secretario técnico de la Comisión Nacional de Derechos Humanos del Distrito Federal (CDHDF) denominaba a la Ciudad de México como “laberinto sin salida” para las personas discapacitadas.

Siendo una de las ciudades más grandes del mundo, el Distrito Federal se enorgullece de ser una las urbes con el mayor número de museos del mundo, o contar con uno de los sistemas de transporte más efectivos del planeta. No es inusual comparar al DF con Nueva York, Washington o Londres, en aquello en lo que estamos a la par.

Pero en términos de amigabilidad hacia aquellos que se ven aquejados por algún tipo de discapacidad, la capital del país aún está muy lejos de codearse con las grandes metrópolis del mundo occidental. Basten algunos ejemplos:

• Transporte público, donde falta muchísimo por hacer para que autobuses o microbuses sean universalmente accesibles a personas discapacitadas. En cambio, las plataformas mecánicas para discapacitados son comunes en los autobuses de las principales ciudades de los EUA.

• Puentes peatonales. De los cerca de mil que existen en la ciudad, sólo unos cuantos son accesibles para una silla de ruedas, y aún así, las rampas implican considerable esfuerzo físico, o el necesario acompañamiento de alguien.

• Metro. ¿Cuántos de ellos son accesibles para personas con silla de ruedas? En contraste, no es rara la presencia de elevadores de acceso en estaciones subterráneas en Washington o París. ¿Pueden las personas discapacitadas usar confortablemente algunas de nuestras estaciones, que llegan a estar a varias decenas de metros de profundidad? Si a lo anterior se añade la rutinaria reparación de escaleras eléctricas descompuestas, algunas estaciones son prácticamente territorio prohibido para personas con discapacidad.

• Semáforos. ¿Cuántos en el Distrito Federal tiene señales auditivas para aquellos impedidos del sentido de la vista?.

Ciertamente no son sólo las autoridades públicas, sino la sociedad civil en general, la que todavía dista de ser plenamente consciente de la necesidad de brindar espacios a personas discapacitadas.
¿Cuántos restaurantes y bares, algunos de reciente apertura o diseño, tienen baños en su primer piso o planta baja? ¿Cuántas tiendas, oficinas, edificios tienen puertas de acceso aptas para discapacitados?.

Tareas pendientes.

La inclusión no es sólo crear rampas o reservar algunos cajones de estacionamiento, implica un modelo de arquitectura urbana y diseño de exteriores, basado en principios de antropometría, método que mide los espacios necesarios para el sano y confortable movimiento de las personas, incluyendo las discapacitadas.

Cuando se diseña y construye pensando en las personas con discapacidad se logran entornos accesibles para todos, no sólo para la mayoría. Las dimensiones de los espacios, necesarias para el desplazamiento y maniobra de personas que utilizan sillas de ruedas, muletas, andaderas e incluso perros guía, tienen su fundamento en dicho enfoque.

La accesibilidad se logra pensando en los espacios y en los recorridos, como parte de un sistema integral. De nada sirve un baño adecuado, con acceso para discapacitados, si llegar a éste implica subir o bajar escaleras o atravesar puertas angostas.

A la vista del panorama anterior, no es sorprendente que muchas personas con discapacidad permanezcan en sus casas, antes que enfrentarse a la diaria carrera de obstáculos que implica moverse en una ciudad cuyas autoridades y sociedad no los consideran una prioridad.

Letrero no estacionarseTal confinamiento constituye una moderna forma de discriminación y aislamiento que afecta, en mayor o menor grado, a casi medio millón de personas con discapacidad, tan sólo en el Distrito Federal (cifra exacta: 483 mil 045 personas según el Censo de Población y Vivienda de 2010).

En meses y años recientes se ha hablado de la capital del país como de una ciudad moderna, abierta al futuro, donde habrá cada vez más espacios digitales en el metro, o acceso de banda ancha en cada vez más espacios públicos, todo lo cual es ciertamente necesario.

Una sociedad es juzgada no sólo por la accesibilidad de su tecnología sino aún más por la forma en que trata a sus miembros más débiles. No es sólo alta tecnología sino sentido solidario de inclusión, lo que define a una sociedad moderna.

En la modernización tecnológica, estamos en camino; en la inclusión de todos, apenas estamos empezando.

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