Más presencia pero… ¿más poder?

MujeresEl trabajo remunerado sólo es posible gracias al trabajo —doméstico ama de casa, esposa y madre— que realizan en casa, casi en su mayoría las mujeres. Cuando ellas no se incorporan al trabajo remunerado, los efectos en el bajo desarrollo de un país son visibles. De las que llegan a incorporarse, contadas son las que logran insertarse en posiciones de poder y autoridad.

Según la Organización de las Naciones Unidas (ONU), la pobreza ha sido asociada a la baja cantidad de mujeres en puestos de toma de decisiones y poder, por ello, de los ocho Objetivos de Desarrollo del Milenio de la ONU, uno de ellos contempla como fundamental la participación política de las mujeres como un factor central para el desarrollo.

Si bien su participación en los gobiernos nacionales se ha incrementado, aún está lejos de alcanzarse un equilibrio entre hombres y mujeres. Desde la primera década en que gobernaron en el mundo hasta hoy en día, su aumento ha sido mínimo: Siramovo Bandaranaike (Sri-Lanka, 1960-1965), Golda Meir (Israel, 1969-1974), Indira Gandhi (India, 1966-1977). De tres mujeres, se ha pasado en 2011 a 16 que gobiernan en los 193 países en el mundo, es decir, menos de 10 por ciento del total. En lo que respecta a los parlamentos en el mundo, dependiendo de la nación, podemos encontrar una participación promedio en la última década que fluctúa entre 20 por ciento (Emiratos Árabes), 35 por ciento (Costa Rica), hasta 46 por ciento (Suecia).

BoletasEn México, para el año 2000, según el Instituto Nacional de las Mujeres (Inmujeres), la participación femenina en la toma de decisiones era la siguiente: 17.7 por ciento en los mandos superiores, 27 por ciento en la Administración Pública Federal, 15.6 por ciento eran senadoras, 16 por ciento eran diputadas,33.7 por ciento eran asambleístas del Distrito Federal y 3.5 por ciento presidentas municipales. Para 2011, en algunos ámbitos había cierto avance, 23.4 por ciento eran senadoras, 27 por ciento diputadas y, con respecto a las presidentas municipales, las fuentes varían entre 3.5 y 4.5 por ciento.

Como se puede apreciar, el panorama de las mujeres en los puestos de toma de decisión en la política es muy inferior al que se esperaría en una sociedad igualitaria. Cada vez es mayor el número de mujeres que acceden al poder público y a las empresas, pero son los cargos jerárquicos los que todavía son detentados, en su gran mayoría por hombres.

ACCEDER, LUEGO MANTENERSE

Dulce María Sauri¿Cuál es la situación que viven las mujeres con respecto a los puestos de toma de decisiones en la política? ¿Cuáles han sido las limitantes a las que se enfrentan para acceder y después para mantenerse en las altas jerarquías del poder?

Desde que México surgió como Estado-Nación hasta nuestros días, seis han sido las mujeres que han gobernado algún estado de la República: Griselda Álvarez (Colima, 1979-1985), Beatriz Paredes (Tlaxcala, 1987-1993), Dulce María Sauri (Yucatán, 1991-1994), Rosario Robles (Distrito Federal, 1999-2000), Amalia García (Zacatecas, 2004-2010) e Ivonne Ortega (Yucatán, 2007-2012).

Desde la Primer Legislatura, en donde la mujer ya podía votar y ser votada, las limitantes para acceder al poder político siguen estando presentes, por ejemplo, en la XLVI Legislatura la proporción era de 3.4 por ciento de senadoras y 20.3 por ciento de diputadas; actualmente son 5.6 por ciento y 27 por ciento, respectivamente. Otro caso lo podemos ver claramente con sólo dos ministras en la Suprema Corte de la Nación: una a partir de 1995, Olga Ma. Sánchez Cordero; y desde 2004, Margarita B. Luna.

El acceso de las mujeres al poder puede variar según el contexto sociocultural de cada país, o en el caso de México, según el partido político que esté en el poder o según la región, ya sea rural o urbana, pero en todos los cargos se observa a la mujer relegada con respecto a los puestos de mayor jerarquía. Esto nos sugiere que la política en sus orígenes surgió para los tiempos, códigos y espacios de los hombres.

Rosario RoblesSegún el imaginario social tradicional, la política es de los hombres y les pertenece a ellos. Se han dado casos (García Gossio, Ma. Ileana, Género y participación política. El caso de Rosario Robles Berlanga) en donde alguna mujer ha traspasado los códigos de lo que “debe hacer una buena mujer” y la respuesta ha sido de abierto rechazo y expulsión de la política cuando algunos han sentido “invadidos sus espacios”.

Además de factores sociales, existen aspectos subjetivos que inciden en la formación de las mujeres como seres estereotipados a quienes supuestamente no les interesa el poder o le temen a él. Lo anterior está claramente explicado en el llamado Techo De Cristal de Mabel Burín. Es invisible pues no existen leyes o algún código explícito que señale limitantes hacia las mujeres para ascender a los puestos de toma de decisiones. Más bien es invisible pues ese techo está constituido sobre la base de otros rasgos simbólicos e imperceptibles a simple vista. Este concepto hace referencia a aspectos de la socialización cuando a las mujeres se les educa como seres para otros, para tener miedo a tomar decisiones, para obedecer, entonces aprenden a tener miedo al poder, a no ejercerlo.

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