México: tierra de vinos

Cuando se habla de vinos, hay países que inevitablemente vienen a la mente: Francia, España, Italia, Alemania, Argentina o Chile.

Hay varias razones por las que a México no se le considera un país de vinos. La franja del vino en el hemisferio norte se encuentra entre los 30° y los 50° de latitud, y la mayor parte del territorio nacional, con la excepción de Ensenada, queda fuera de dicha franja. Claro, otra cosa habría sido si México no hubiera perdido más de la mitad de su territorio a manos de Estados Unidos, ya que hoy el valle de Napa sería patrimonio nacional.

A pesar de que México no figura entre los principales productores, como tampoco entre los grandes consumidores de vino a nivel mundial, la ingesta de estos caldos ha crecido durante los últimos cinco años. Es el propio Consejo Mexicano del Vino quien refiere que mientras en 2012 se bebían 450 mililitros de vino per cápita al año, en 2018 la cifra aumentó a 960 mililitros. A diferencia de los refrescos o gaseosas, el vino comparte propiedades nutrimentales con los alimentos, al contener proteínas y vitaminas, en tanto que las calorías que posee no tienen tantas grasas ni azúcares. Asimismo, posee cualidades antioxidantes (retarda el envejecimiento) y apoya al sistema cardiovascular. Consumido en cantidades moderadas, hace un aporte nutricional muy importante.

¿Qué tipo de vino consumen los mexicanos? 64 por ciento de los bebedores de vino prefiere los tintos. Además, un dato alentador es que, si bien dominan en el mercado los importados, el consumo de vino mexicano, recientemente, creció a razón de dos dígitos.

Así, para llegar a un escenario de mayor consumo e incluso exportación del vino mexicano, hay muchas cosas que se deberían hacer, por ejemplo:

• Difundir la presencia de casas productoras existentes en el país con campañas que exalten el orgullo nacional y la calidad de los vinos mexicanos. Diversas marcas nacionales han ganado concursos y medallas en prestigiadas competencias internacionales.

• Mejorar la percepción de la sociedad en torno a esta bebida, destacando sus propiedades nutrimentales con campañas de educación serias, en conjunto con la Secretaría de Salud.

• Generar acuerdos con las autoridades municipales, estatales y federales en torno a la legislación existente, buscando que al vino se le reclasifique en términos tributarios, lo que disminuiría la carga impositiva que inhibe actualmente el desarrollo del sector.

• Cuando una persona requiere un “vino de emergencia” para alguna reunión o fiesta, basta con que acuda a un Oxxo donde lo que encontrará, sobre todo, será alguno chileno o argentino. Eso debería cambiar. Existen vinos mexicanos de calidad equivalente que pueden competir por precio, pero las redes de distribución no logran llegar al consumidor final.

• Reforzar los circuitos turísticos empoderando el consumo del vino. En muchas casas vinícolas del país se estilan las fiestas de la vendimia: el pionero ha sido, ciertamente, Querétaro, gracias al trabajo de la Finca Sala Vivé; pero actualmente hay otras fiestas de la vendimia en Guanajuato, Aguascalientes y Zacatecas, donde “Tierra Adentro”, ubicado en el municipio de Trancoso, logró reunir a celebridades como Aleks Syntek o Ana Torroja.

El camino no es fácil, pero México se encuentra en la ruta correcta para consolidarse como tierra de vinos. Empresas, gobierno y sociedad pueden hacer de este producto un elemento cultural, económico y coadyuvante al bienestar de la población. Dicho esto: ¡Salud!

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