Muchas policías, baja calidad

Policía extranjeraIndudablemente la situación de seguridad pública que vive nuestro país ha llevado al gobierno Federal a realizar propuestas encaminadas a mejorarla. Entre las más importantes está la redefinición del papel de los ayuntamientos en la materia, especialmente en lo referente a los cuerpos de seguridad, y en particular a la propuesta relacionada con la institucionalización de la policía única por cada entidad federativa. Esa iniciativa ya está en manos de la Cámara de Diputados, la que tendrá que tomar la decisión al respecto.

Con el fin de dar buenas respuestas a esos problemas, también es relevante conocer las experiencias que en la materia se han producido en otros países. Para conocer cuál es el estado de la seguridad pública en Chile, específicamente con relación a los municipios, Alcaldes de México sostuvo una conversación con el académico Jorge Araya. El experto en el tema destaca que en su país no existe una policía municipal, pese a lo cual las autoridades locales pueden tener una importante participación en la prevención del delito a través de la emisión de ordenanzas.

 

Araya es académico del Centro de Estudios en Seguridad Ciudadana del Instituto de Asuntos Públicos de la Universidad de Chile. Anteriormente fue director de la División de Seguridad Pública del Ministerio del Interior de Chile y responsable de la coordinación de la Comisión de Control de la Política Nacional de Seguridad Ciudadana.

SIN POLICÍA MUNICIPAL

ChileA grandes rasgos, ¿cuál es la organización legal e institucional de las policías en Chile? ¿Cuál es el papel que desempeñan los municipios en las tareas de seguridad pública?

En la tradición chilena no ha habido una responsabilidad directa de los municipios en materia de seguridad pública. La verdad es que en la legislación chilena éste fue un tema que siempre estuvo a cargo del gobierno central y de los gobiernos regionales. A éstos, en Chile los llamamos intendencias, que hay en cada región (existen 15 regiones en el país, y cada una de ellas tiene un intendente), y también contamos con 50 gobernaciones, a razón de dos o tres por cada región. Los intendentes son, en definitiva, autoridades designadas por el Presidente de la República, y desde hace mucho han tenido responsabilidades directas en la importante tarea de coordinar a las fuerzas policiales y de llevar a cabo las diversas acciones de prevención y control del delito.

Sin embargo, en los años 90 del siglo pasado, en nuestro país se desarrolló la convicción de que los municipios deberían tener un rol muy protagónico en materia de prevención del delito, ya que, sobre todo, son el gobierno más cercano a la gente.

Entonces se procedió a legislar, y se corrigieron incluso la normatividad y las leyes locales para establecer que los municipios tienen que desarrollar labores de apoyo y fomento a actividades de prevención del delito. De esa forma quedó en la legislación chilena, y desde entonces hasta la actualidad los municipios han venido desarrollando programas muy significativos en materia de prevención del delito, tanto en lo que se denomina prevención social del delito —que significa intervenir en las condiciones de riesgo social y de pobreza, entre otros aspectos—, como en la prevención situacional —que es todo lo que tiene que ver con las formas de mejorar las condiciones de los espacios públicos, de nuestras calles, para consolidar lugares más seguros en la ciudad.

En México hay una discusión acerca de tener una policía con un mando único en cada estado. ¿Cuál ha sido la experiencia de su país al respecto?

En Chile los municipios no pueden tener policía, por lo que no existe policía municipal; la legislación chilena es muy centralista en ese sentido, y lo que tenemos en realidad son dos cuerpos nacionales, uno es el de los Carabineros, que es una policía nacional uniformada, y el otro la Policía de Investigaciones, que es una agrupación civil que actúa sobre todo en causas judiciales.

Entonces, los municipios no han tenido directamente la responsabilidad de seguridad pública. A veces ha surgido la idea de generar cuerpos policiales en los municipios, pero únicamente para labores de control de faltas administrativas, de violaciones al reglamento de tránsito y otros problemas de ese tipo, pero no en materia de control de la delincuencia más dura, porque se piensa que con esto se pueden evitar hechos de corrupción. También se estima conveniente para no tener problemas en el proceso de formación policial, que para nosotros es muy importante. Por ejemplo, no se puede proporcionar a un sujeto seis meses de entrenamiento, darle un arma y colocarlo en la calle. No nos parece que esto sea muy serio, por lo que lo evitamos.

Nosotros más bien creemos en los procesos para impulsar el perfeccionamiento de las policías. Para ello contamos con la policía nacional, la que puede tener lazos de coordinación con el alcalde de cada comuna, de cada municipio y con sus respectivas autoridades; pero éstas no deben estar generando tantos cuerpos policiales porque al final bajan la calidad general que debe tener la policía.

PAISAJISMO SEGURO

¿Cuáles son las estrategias que en Chile han dado más resultado a nivel de los gobiernos locales? Usted mencionó en una conferencia las ordenanzas.

Lo que se hizo, de acuerdo con nuestra realidad, fue, primero que nada, reformar la legislación para que efectivamente existan normas que impliquen que, por ejemplo, cuando se va a proyectar y construir un conjunto de vivienda social, se garanticen determinadas condiciones para el entorno. De esa manera, desde los trámites para permisos y las bases de licitación, si es el caso, las empresas constructoras están obligadas a cubrir una serie de requisitos mínimos. Por dar un ejemplo, si van a construir un parque para que los niños jueguen y las familias se diviertan y disfruten, éste no puede tener una vegetación tal que impida un espacio visual libre, de tal forma que se produzca lo que se llama vigilancia natural, que se da en la medida que todo el mundo puede observar lo que ocurre en el espacio público, lo que posibilita un mayor control de la situación. De lo contrario, si hay espacios cerrados porque hay árboles, arbustos e instalaciones que impiden la visibilidad, se está facilitando la comisión de delitos.

Así, si se descubre que al lado de los postes de iluminación ubicados en la calle hay un árbol, y éste produce en la noche tanta sombra que al final la luz del arbotante instalado resulta insuficiente y no te sirve de mucho. Entonces hay que hacer modificaciones. Pero se tiene que exigir desde el principio que haya una distancia suficiente entre el alumbrado público y los objetos que lo puedan obstaculizar.

Otro ejemplo es que si hay un predio que se encuentra abandonado, se tiene que proceder a ubicar al propietario y decirle: “Señor, tiene este sitio abandonado, lo tiene que cercar y, además, iluminar”. Es decir, el ciudadano tiene la obligación de generar ciertas condiciones mínimas de seguridad en su espacio, y tiene que darle mantenimiento cada cierto tiempo; si no lo hace, definitivamente lo tiene que vender. Y también hay que presionar desde este punto de vista.

Lo anterior es lo que comúnmente se conoce como prevención situacional, que consiste básicamente en el diseño de un paisajismo seguro. Sobre éste se ha construido todo el conjunto de normas que se han implementado, y que consisten en cuestiones muy básicas y simples que debe hacer cumplir el municipio.

Entonces, se han corregido normas federales y se han reflejado en las ordenanzas municipales. Éstas las pueden establecer los alcaldes.

Entonces, en su país se pone el acento en las tareas de prevención.

A pesar de que tenemos una situación de crimen que nos tiene preocupados, por la que los medios de comunicación y la oposición política están continuamente presionando a los gobiernos, yo diría que las autoridades y la comunidad de nuestros países deben tener la tranquilidad para decir: “Señores, precisamente porque estamos apurados, vayamos con calma”. Preocupémonos por pensar bien lo que tenemos qué hacer. Apostemos a la prevención aunque parezca una solución no tan rápida. Pero apostar sólo al control, a las policías y a las cárceles, no puede ser en ninguna parte del mundo una solución definitiva. Por lo tanto hay que tener calma y paciencia, e implementar medidas de prevención que nos den éxito definitivo y no parcial en el corto plazo.

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