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Municipios: cimientos de la alternancia política

Ernesto RuffoLa alternancia política en México inició en los municipios, continuó en los gobiernos estatales y se consagró con la llegada del Partido Acción Nacional (PAN) a la Presidencia de la república. Para el 1° de diciembre del año 2000, cuando por primera vez en más de 70 años el candidato electo de un partido distinto al Revolucionario Institucional (PRI) rendía protesta como presidente del país, la transición política ya no era una novedad, pues los mexicanos habían experimentado el cambio de partidos en el poder, a nivel local, desde hacía más de dos décadas.

Autoridad municipalMauricio Merino, especialista en Ciencia Política del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE) refiere en su libro El régimen municipal en los Estados Unidos Mexicanos que para el año 2000, más de dos terceras partes de los electores ya conocían la experiencia del triunfo de un partido que no fuera el PRI en sus municipios.

“Toda la transición democrática en México no se explicaría si los municipios no hubieran empezado a ver como algo normal la alternancia política. Lo que hoy vemos a nivel federal empezó a pasar en los municipios a mediados de los años 80, ese fue el arranque del proceso de cambio político”, apunta en entrevista Enrique Cabrero Mendoza, director general del CIDE.

Uno de los primeros antecedentes se dio en 1947, cuando Manuel Torres Serranía asumió la alcaldía del municipio de Quiroga, Michoacán, convirtiéndose en el primer alcalde panista de la historia, según datos de Acción Nacional. Esto apenas ocho años después de haberse fundado dicho partido.

Enrique CabreroLos especialistas apuntan que es hasta mediados de la década de los 80 cuando la institución municipal comenzó a cobrar fuerza como un factor de cambio político en las posiciones de poder, debido, principalmente, a las reformas al Artículo 115 constitucional y a las fracturas del partido en el poder, en medio de la insatisfacción social que había provocado la quiebra financiera del país luego de la crisis de 1982.

Merino sostiene que los gobiernos municipales fueron un factor clave en la larga duración del régimen político basado en un sistema de partido casi único. Mientras ese partido se mantuvo en el poder, las alcaldías fueron las intermediarias entre los problemas locales y las decisiones avaladas por el Gobierno de la república, por lo que resultaron un instrumento importante para mantener el control de la vida política nacional y darle estabilidad, además de ganar adeptos para las causas del partido gobernante.

En 1983, una serie de reformas al Artículo 115 de la Constitución mexicana definió de manera puntual las funciones administrativas de los ayuntamientos y les otorgó, entre otras cosas, personalidad jurídica y patrimonio, así como medios de recaudación y ámbitos de decisión propios, lo cual hasta entonces era facultad de los poderes estatales.

Elecciones municipalesA partir de esta modificación a la Legislación, los gobiernos municipales adquirieron muchos de sus rasgos más característicos de la actualidad, como la facultad de dotar a la población de servicios de agua potable, alumbrado, alcantarillado, pavimentación y seguridad pública; formular planes de desarrollo urbano; expedir reglamentos y suscribir convenios de coordinación con otros municipios y con los gobiernos estatales.

Pero una de las reformas más importantes a ese Artículo fue la que les permitió a todos los municipios ampliar el principio de representación proporcional para la conformación política del ayuntamiento, independientemente de su población.

Desde 1977 y hasta 1983, únicamente los municipios con más de 100 mil habitantes podían contar con regidores de representación proporcional. Después de las reformas al 115 constitucional, todos los municipios se han gobernado con una mezcla de regidores electos por mayoría y otros de representación proporcional, designados a los partidos con menor número de votos en cada elección.

De acuerdo con Mauricio Merino, esta modificación en particular abrió la puerta a la pluralidad en todos los ayuntamientos y, posteriormente, a la alternancia política a nivel local. El resto de las reformas contribuyó con el mismo fin al darles a los ayuntamientos autonomía para reglamentar su vida administrativa interna y la capacidad de hacerse de recursos propios.

El investigador del CIDE sostiene en la publicación que para el año 1989 solamente 39 de los 2,387 municipios que había entonces eran gobernados por partidos de signo distinto al PRI; en dichas entidades vivía apenas 1.84 por ciento de la población. Para finales del año 2000, cuando Vicente Fox se convirtió en el primer presidente panista de la historia de México, el Revolucionario Institucional ya sólo gobernaba a 44.1 por ciento de los habitantes de los municipios. Antes de los comicios de ese año, Merino refiere que más de 63 por ciento de los ciudadanos ya había vivido una experiencia de alternancia política local.

También en 1989 tiene lugar otro hito en la transición política mexicana. Ese año, en Baja California, Ernesto Ruffo Appel logró ser el primer gobernador panista en la historia del país. Era la primera vez que un partido de oposición gobernaba una entidad federativa.

En el ensayo Gobiernos municipales y alternancia política en ciudades mexicanas, publicado en 1996 por Mario Bassols Ricárdez y Socorro Arzaluz Solano —entonces investigador de la Universidad Autónoma Metropolitana-Iztapalapa y asesora de la Comisión de Desarrollo Urbano de la Asamblea de Representantes del Distrito Federal, respectivamente—, los autores sostienen que no se trató de un hecho aislado, pues el triunfo del blanquiazul en Baja California venía precedido por una oposición aún débil pero creciente en municipios importantes, principalmente del norte del país. Además, dejaba en evidencia la fractura del PRI, que poco a poco iba perdiendo su dominio en el ámbito electoral.

En lo que toca al Partido de la Revolución Democrática (PRD), su primer triunfo en una elección para gobernar una entidad federativa fue en 1997, cuando Cuahutémoc Cárdenas se alzó con el triunfo de las elecciones intermedias de ese año para convertirse en el primer jefe de gobierno electo en el Distrito Federal, dejando atrás a Alfredo del Mazo, del PRI, y a Carlos Castillo Peraza, del PAN.

Un año después, Ricardo Monreal y Alfonso Sánchez Anaya ganaron las gubernaturas de Zacatecas y Tlaxcala, respectivamente, mientras que en 1999, Leonel Cota Montaño hizo lo propio en Baja California.

Bassols Ricárdez y Socorro Arzaluz apuntan en su ensayo que hasta noviembre de 1996, de los 2,412 municipios existentes, 1,546 estaban gobernados por el PRI, 224 eran encabezados por el PAN, 177 por el PRD y 43 por otros partidos. Además, en 10 había consejos municipales y 412 municipios de Oaxaca tenían gobernantes por usos y costumbres.

En 2010, la Federación Nacional de Municipios de México (Fenamm) elaboró un balance sobre la presencia de las fuerzas políticas en el ámbito municipal.

Los resultados de ese estudio revelan un avance significativo en la alternancia local en los últimos 15 años.

El PRI continúa siendo la primera fuerza política municipal del país al gobernar 1,510 de los 2,440 municipios que había hasta hace dos años; no obstante, el PAN y el PRD ampliaron su presencia al duplicar la cantidad de municipios bajo su mandato. Para 2010 el PAN gobernaba 447 y el PRD 320, mientras que los partidos políticos minoritarios o estatales gobernaban en conjunto 136 municipios, es decir, tres veces más que en 1996. En 418 entidades gobernaban autoridades electas bajo el sistema de usos y costumbres.

Historia

TRANSICIÓN ¿BUENA O MALA?

Al abordar las ventajas y las desventajas que trae aparejadas la transición política a nivel local, los especialistas difieren en sus posturas, aunque coinciden en que el cambio de colores en los ayuntamientos ha fomentado una mayor participación de la ciudadanía en los asuntos propios de los municipios, ya sea por verdadero compromiso o mero interés político.

En ese sentido, Enrique Cabrero considera que la alternancia permitió que los alcaldes de “colores” políticos diferentes que llegaban a gobernar a un municipio, lo hicieran con una oferta distinta, más atentos a considerar las demandas e inquietudes de los ciudadanos. “Luego, cuando el PRI regresaba al poder, lo hacía incluso con una promoción de los sistemas de participación ciudadana que antes no practicaba”, refiere.

Sin embargo, afirma, el problema con la alternancia es que con periodos de gobierno tan cortos los funcionarios municipales tienen que aprender todos los procesos de gestión del ayuntamiento cada tres años, lo que demerita la calidad de los servicios que se ofrecen a la ciudadanía.

Gabriela Alarcón, directora de Investigación de Desarrollo Urbano del Instituto Mexicano para la Competitividad (Imco), sostiene que el éxito de un gobierno de alternancia depende en gran parte de su habilidad para instalarse y sortear la oposición dentro del municipio sin perder la gobernabilidad.

“A veces cuando hay una oposición fuerte de alternancia en un municipio la gobernabilidad es más difícil; cuando no son políticos responsables puede ser que se bloqueen ciertas acciones, es algo que se tendría que evaluar. La alternancia por sí sola podría ser buena, pero cuidando no perder la gobernabilidad, como ocurrió a nivel federal, que no llegó a resultados quizá tan buenos en el aspecto económico justo porque hay una oposición de los otros partidos”, apunta.

Octavio ChávezPero la alternancia por sí misma no es suficiente. Ésta rendirá frutos en la medida en que los nuevos gobiernos se comprometan con la ciudadanía a desarrollar proyectos con visión a futuro y que sea capaz de establecer límites claros entre lo político y lo administrativo. Así lo considera Octavio Acosta, especialista y ex secretario General de la Conferencia Nacional de Municipios de México (Conamm).

“Puede ser buena si separamos lo político de lo administrativo y tenemos capacidad institucional. Que yo cambie hoy de partido pero que la administración sea cada vez mejor y la misma. A lo mejor ahí sí combates vicios, pero necesitas poner un piso de administración, si no lo tienes la alternancia no te dice nada”, expone.
Octavio Chávez Alzaga, director de ICMA Latinoamérica, asegura que el cambio de estafeta entre gobiernos municipales, de un partido a otro, ha tenido un impacto positivo en los gobiernos locales porque eso genera un dinamismo en los actores. “Hay hasta más tolerancia, (la alternancia) ha hecho que discutamos más las cosas, que seamos más propensos a escuchar al otro, a lo mejor no les gusta pero tienen qué. Los cambios generan ese dinamismo que toda sociedad necesita”, concluye.

Quien gobierna

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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