Numerosos Obstáculos para reconocer usos y costumbres

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Si bien el Estado mexicano erige al país como pluricultural, el recorrido es largo para afinar asuntos legales, de economía y respeto a los derechos de los indígenas

 

FOTO: TERCERO DÍAZ /CUARTOSCURO

“Falta mucho para que los pueblos indígenas lleguen a la autodeterminación, y la aplicación de los sistemas judiciales (en la práctica) siguen sin ser reconocidos en territorio mexicano”, afirma Victoria Tauli-Corpuz, relatora especial de Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas. Explica en entrevista que, en su visita a diferentes comunidades del país, “hemos visto situaciones en las que han tenido que recurrir a una policía comunitaria porque no ven ningún tipo de justicia por parte del gobierno. Todavía hay mucho trabajo pendiente para poder reconocer la gobernanza de los pueblos indígenas y de los sistemas de justicia en sus territorios”.

Dice que el uso de justicia de los indígenas es muy limitado y el acceso al sistema judicial ordinario (nacional) también enfrenta retos muy importantes, y cita el caso de Acteal, Chiapas, en el cual atacaron a indígenas tzotziles de la organización “Las Abejas”, que se encontraban orando en el interior de una iglesia cristiana pentecostal (protestante) de la localidad. Ahí, hubo una masacre en la que resultaron 45 muertos, incluidos niños y mujeres embarazadas; calificada por el gobierno mexicano como “un conflicto étnico entre comunidades”, para el que hasta ahora no ha habido algún tipo de justicia, fundamentalmente porque las comunidades se encuentran en lugares remotos, inaccesibles y no hay los mecanismos ni traductores para la realización de los juicios.

En las instituciones que tratan el tema de las formas de gobierno de los indígenas, hay una falta de capacidad, así como de recursos técnicos y financieros, porque no logran abordar todos los problemas de los pueblos originarios. Por ejemplo, la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos (CDI) es muy asistencialista, en cuanto a cómo manejar los problemas, y realmente no aborda las causas raíz de éstos.

“Considero que debería haber más instituciones a un nivel más elevado que pudieran tratar el problema de los pueblos indígenas. Los atienden de manera muy básica: sería bueno que existiera una agencia a la que le preocupara y supiera de la perspectiva de los derechos de los pueblos indígenas y, si no hay, pues se deben capacitar para abordar el tema”, asevera la entrevistada.

De igual modo, afirma: “Me dicen que no hay paz y seguridad en las comunidades y que por ello utilizan sus propias formas de Gobierno y justicia en sus territorios, esto es una de las principales demandas de los pueblos, que puedan seguir usando sus leyes, usos y costumbres y elegir a sus autoridades tradicionales y dedicarse de manera efectiva a sus culturas, idiomas y su visión del mundo”.

Asimismo, añade que los pueblos deben ser quienes definan su estatus político frente al Estado, lo cual debe ser respetado, respaldado y reconocido por el gobierno, y no criminalizar a los habitantes por aplicar sus propias leyes. “Trabajamos en buscar cómo estos sistemas (Usos y Costumbres) pueden trabajar en conjunto, porque México reconoce que es un país pluricultural, pues debe existir, entonces, un pluralismo legal y cultural en cuanto a cómo las comunidades se van a gobernar y administrar con relación al respeto, al derecho de los pueblos indígenas a determinar el desarrollo económico que debe llegar a las comunidades”, señala.

ANTAGONISTA DE INDUSTRIAS

Por su naturaleza, estructura filosófica y concepción de la realidad, que se ajusta a la cosmovisión de cada pueblo, los Usos y Costumbres constituyen una diversidad cultural equiparable con el número de grupos indígenas existente en México y América Latina. En conjunto, el espíritu de este sistema de gobierno, social y económico, se concibe como un frente opuesto al orden sociopolítico-económico de las sociedades industrializadas.

Las diferencias van más allá de los sistemas de impartición de justicia; es sólo una parte que está determinada por la estructura económica, filosófica y cultura de las comunidades indígenas.

Para estos pueblos la Tierra es la madre que da alimento, cobijo y vida. La agricultura la conciben como la parición de alimentos, que agradecen con ceremonias y festividades religiosas. Para una empresa o productor no indígena la agricultura es una práctica industrial que atenta contra la propia naturaleza por el uso de tecnología y agroquímicos para extraer el máximo rendimiento de la tierra, toda vez que el objetivo central es la ganancia que se pueda obtener de esta actividad.

Así lo afirma Joel García Venegas, zapoteco de la Sierra Sur, dirigente de la Unión Nacional de Trabajadores Agrícolas en Oaxaca, estado que tiene 570 municipios, de los que 418 son de Usos y Costumbres, reconocidos por la Constitución Política del Estado Libre y Soberano de Oaxaca. También hay este tipo de localidades en Chiapas, Michoacán, Tlaxcala, Veracruz y Puebla, aunque su número no está definido oficialmente.

En las localidades de Usos y Costumbres se eligen autoridades cada uno, dos o tres años, y lo mismo lo hacen a mano alzada, voto secreto, anotación en pizarra, que en pelotón (al que convoque a más personas a su alrededor).

Comenta que hay municipios con este sistema de gobierno en los que las autoridades reciben la dieta (salario por el cargo) y otros en los que no. En estos últimos, quienes son nombrados como autoridades no sólo no perciben paga, sino que dedican tiempo completo a la responsabilidad que les fue asignada, por lo que dejan las actividades propias bajo la responsabilidad de sus familias durante el tiempo del mandato.

Finalmente, el entrevistado explica que en los ayuntamientos en los que las autoridades sí reciben dieta, es debido a la acción de los partidos políticos, que a través de esas dádivas y las que utilizan para las campañas de diputados, senadores y demás puestos de elección popular, han corrompido a una buena parte de las comunidades, con lo que las han dividido y han creado problemas de enfrentamientos y antagonismo intracomunales, que contravienen el espíritu de los Usos y Costumbres.

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