Públicas y privadas: la unión hace la diferencia

JóvenesLa educación superior en México se encuentra inmersa en una tendencia globalizante que le obliga a innovar día con día para mantenerse a la vanguardia; para lograrlo no puede enfocarse únicamente a la docencia, sino que debe potenciar la investigación, de tal modo que la educación superior esté actualizada, sea de calidad y aporte al progreso del país.

El cambio en la pirámide de población ha ocasionado el aumento considerable de estudiantes en dicho nivel educativo. De lo anterior, las estadísticas oficiales (2010) estiman que el grueso de la población tiene un promedio de edad de 17 años.

Año con año, la matrícula de la educación superior crece, o al menos continuará creciendo por 10 años más. De acuerdo con la Subsecretaría de Educación Superior, de la Secretaría de Educación Pública (SEP), en 2009 la matrícula en este nivel fue de 2 millones 705 mil 200 alumnos. Por tal motivo, la cobertura y presupuestos destinados a la educación superior, pública y privada, son insuficientes.

El Plan Sectorial de Educación para el sexenio 2006-2012 indica que la cobertura hasta el año 2006 era de 24.3 por ciento y, aunque uno de los objetivos prioritarios del gobierno es aumentarla hasta 30 por ciento, ésta continúa siendo escasa.

En 2008, según datos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) en las instituciones públicas de educación superior estudiaban 1 millón 749 mil 53 alumnos, mientras que en las instituciones privadas el número ascendía a 874 mil 314. Si tomamos en cuenta que en ese año 28.8 millones de habitantes tenían entre 15 y 29 años —de acuerdo con datos del INEGI, 2008— nos quedará más clara la falta de cobertura en dicho nivel.

Rodolfo Tuirán, subsecretario de Educación Superior de la SEP, mencionó en un acto académico que “para incrementar de manera significativa la cobertura de educación superior en la década siguiente, con escenarios que van de 48 a 60 por ciento de cobertura en 2020, serían necesarios entre 6 y 10 mil millones de pesos adicionales por año”.

En consecuencia, la complementariedad de las universidades públicas y privadas con la finalidad de atender a un mercado cada vez más demandante se convierte en una necesidad imperante, además de un beneficio para la juventud mexicana pues incrementa el número de oportunidades para acceder a la educación superior.

Por otro lado, el presupuesto asignado a la educación superior pública, a pesar de ser elevado, se destina principalmente al pago de nómina y a gastos de operación. Como se anunció en febrero pasado, la SEP otorgará durante el presente año, más de 10 mil millones de pesos para fortalecer la educación superior por medio de 12 fondos de financiamiento que serán asignados, por un lado, a través de los Programas de Fortalecimiento Institucional (PIFI), el Programa de Mejoramiento del Profesorado (PROMEP) y el Fondo de Aportaciones Múltiples (FAM) y otra parte será entregada mediante concurso.

BibliotecaEsto nos lleva a cuestionarnos sobre un aspecto fundamental. ¿Cómo mejorar la educación superior en México? ¿Qué papel deben desempeñar tanto las instituciones públicas como las privadas? ¿Qué acciones concretas deberán llevar a cabo los estados y municipios para alcanzar la cobertura y presupuestos necesarios en aras de la calidad?

La educación superior constituye una formación indispensable para el mundo laboral actual, ya que permite acceder a puestos que implican mayor dominio de competencias profesionales y, por ende, mayor responsabilidad.

En el marco del deber ser, prepara a la población para formar parte del mundo laboral y desempeñarse con éxito. Por lo tanto, el Estado y, en consecuencia, los municipios, deben procurar que un mayor número de su población estudie el nivel superior, con la finalidad de mejorar la calidad de vida de la comunidad.

Corresponde a las instituciones superiores la tarea de la docencia, la difusión de la cultura y la investigación. Esta última carente en nuestro país debido a la falta de presupuesto. No obstante, la investigación, por ser el proceso que consiste en acumular información para obtener resultados y construir las ciencias (García Hoz, 1994), se convierte en una tarea trascendental para cualquier docente y, en especial en el nivel superior, debido al hecho de que la actualización constante es necesaria.

Un docente que no practica la investigación es obsoleto, pues se encuentra sumergido en paradigmas caducos. Las nuevas generaciones demandan nuevos métodos de enseñanza-aprendizaje y, sobre todo, contenido al día, debido a que las nuevas tecnologías acercan la información al educando.

Por ende, la actualización a través de la investigación cobra mayor importancia. Sin embargo, en México, según estadísticas de la OCDE, en 2007, de cada mil profesionistas únicamente 0.9 se dedicaba a la investigación, mientras que en países desarrollados la cifra oscilaba entre 8 y 10 investigadores por cada mil.

El Secretario de Educación Pública, Alonso Lujambio, en una reunión en el Consejo para la Acreditación de la Educación Superior (COPAES), dejó ver una acción concreta, además de la presupuestal, para fortalecer la educación superior del país, de 156 programas académicos acreditados en 2002, se pasó a 2,013 en el presente año; de los cuales 74.6 por ciento se imparten en universidades e instituciones de educación superior públicas y sólo 25.4 por ciento en instituciones particulares. Cabe aclarar que las privadas no reciben financiamiento del Estado, a diferencia de las públicas.

Aún cuando ha aumentado la demanda para educación superior y así continuará en los próximos años, por el crecimiento de este segmento en la prirámide poblacional, es importante recalcar que la educación superior pública no se está dando abasto para cubrir la demanda y, en buena medida, la está cubriendo la educación privada. Sin embargo, en el rubro particular hay que cuidar los índices de calidad académica a los que ya se hacía referencia en términos de certificación de COPAES o de instancias como ANUIES y FIMPES.

Para lograr que la educación privada cubra las demandas de cobertura que exige la realidad nacional, es necesario que se generen mecanismos de beca o créditos educativos que fortalezcan la viabilidad de esta estrategia, de lo contrario, las universidades privadas no contarán con los recursos necesarios para impulsar la investigación, docencia y difusión de calidad.

¿Cómo buscar el progreso de México si no se apuesta por educación e investigación? De lo anterior, es indispensable que las universidades públicas y privadas reflexionen al respecto. Si buscamos un México mejor, un México orientado a mejorar la calidad de vida de su población, a disminuir la pobreza y a dirigirnos hacia el mundo desarrollo es necesario dejar de soñar y pretender que ocurrirá sin tomar acciones concretas.

Por ello, es fundamental sumar esfuerzos públicos y privados, federales y estatales, para mejorar nuestro sistema educativo mexicano y, por lo tanto, académicos y gobernantes han de trabajar en conjunto para lograrlo. Sólo con educación se transformará a México.

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