Trabajo colectivo, una alternativa al TLCAN

De fracasar la renegociación de este acuerdo comercial, las autoridades locales y los pequeños y medianos productores deben implementar estrategias para desarrollar cadenas de valor que permitan aprovechar el potencial de todos los sectores del mercado

FOTO: ROSALÍA MORALES

Con o sin el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), México debe rescatar su vocación productiva y apoyar las actividades productivas que le han generado riqueza e incluso identidad durante siglos y que hoy en día tienen un gran potencial.

De esta manera, aun y cuando el país se enfila a ser el quinto productor de autos a nivel mundial y un proveedor estratégico de la industria aeroespacial, existen sectores como el textil, del calzado, de la curtiduría, turístico, agrícola, ganadero y del vestido que tienen grandes posibilidades de crecimiento y en donde la suma de esfuerzos entre empresarios y gobiernos locales es factor clave.

En este sentido, por su amplio vínculo con la economía local, el impulso de dichos sectores tradicionales se erige como un aliado estratégico para la generación de empleos y combate a la pobreza.

“Desde una perspectiva conceptual, teórica y académica, no hay buenos ni malos sectores”, afirma Enrique Dussel, doctor en Economía y miembro del Sistema Nacional de Investigadores (SNI) del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt).

UN ABANICO DE OPCIONES

De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), México es un país con un amplio abanico de actividades productivas: hasta el momento tiene cuantificados 178 subgrupos de actividades económicas, distribuidos en 20 categorías principales, que incluyen al sector primario, secundario y terciario.

FOTO: DREAMSTIME

Por cuestiones de coincidencia, estrategia, planeación o libre albedrío, el país se ha fraccionado en regiones productivas altamente especializadas, con claras fortalezas y debilidades.

Así, mientras que el norte del país se ha posicionado como un aliado de la industria maquiladora, el noreste y occidente se han constituido con grandes productores agropecuarios, mientras que el centro y centro-norte se han convertido en un importante corredor industrial y manufacturero, en tanto que los estados del Golfo en extractores de crudo y los del sureste del país en grandes ofertantes de turismo.

Sin embargo, con todo y el arribo de la tecnología y las grandes maquiladoras, diversos estados han conservado su vocación productiva y, con altas y bajas, se mantienen en la batalla. Un ejemplo es Guanajuato, con su ancestral producción de piel y calzado, o la industria textil en Puebla y Aguascalientes, o la confección en el Estado de México, así como el cultivo de café en Chiapas o la pesca tanto en Sinaloa como en Veracruz.

Por ello, a pesar de que hoy día la industria automotriz por sí sola es el gran motor de las exportaciones mexicanas (al generar poco más de 30 por ciento del valor total de las exportaciones, con datos del Inegi al primer bimestre del año), el resto de las industrias manufactureras todavía generan la mayor porción de las ventas mexicanas al exterior (55 por ciento). Su importancia es clara.

IMPULSAR CADENAS DE VALOR REGIONALES

Al margen de lo que suceda con el TLCAN, es claro que autoridades locales y productores, sobre todo los de menor tamaño, deben implementar estrategias para desarrollar y enlazar cadenas de valor agregado en las distintas zonas económicas del país para aprovechar el mercado local e incursionar en otros a nivel global, beneficiándose de los acuerdos de libre comercio que tiene el país con más de 40 naciones.

FOTO: DREAMSTIME

En este sentido, Leticia Armenta, directora del Centro de Estudios Económicos del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey (ITESM), afirma que la responsabilidad de esta gran travesía recae, por un lado, en las autoridades locales, quienes deben garantizar un ambiente propicio para el desarrollo de los negocios, combatiendo la venta de productos ilegales, preservando la seguridad física y legal e impulsando el desarrollo de institutos para fomentar la capacitación.

Y por el otro, agrega, los empresarios también deben asumir su responsabilidad y aplicar nuevas formas de hacer negocios en el orbe.

“Por el lado de los productores, mi impresión es que pocos han asumido una lógica más colectiva, están empecinados en la competencia de talleres contra talleres, cuando en realidad, la competencia viene de afuera, entonces podrían entablar alianzas para conseguir materiales a menores precios, hacer compras en mayor volumen, acceder a tecnologías y aprender de esquemas, incluso, de las grandes empresas, como las automotrices que llegan a adquirir diseño de manera colectiva”, comenta la especialista.

Enrique Dussel.
FOTO: VICTORIA VALTIERRA/CUARTOSCURO

En esa línea, Enrique Dussel considera oportuno aprovechar la experiencia y las cadenas de valor de los sectores productivos que ya están en marcha en diferentes regiones, pues sería un grave error apostar sólo a los sectores altamente tecnificados cuando lo cierto es que el país tiene zonas con diversos perfiles competitivos.

“En contra de esta visión de que para todo debemos traer empresas de aeronáutica o fabricantes de autopartes, esto no es así; si tienes características y especializaciones territoriales en tu municipio, está bien, pues no todos deben de traer a Intel o Ford Motors, y tener productos de alta tecnología. Entonces, si una región tiene turismo, muebles, calzado o textiles, el reto es que, con esa especialización, con esas empresas, con esa red se logre un proceso de escalamiento; por ejemplo, había ciudades de Veracruz y Oaxaca especializadas en piña y entonces ahí el reto era generar proveeduría a través de empaques.”

RECURSOS PARA INVERTIR

La creación de centros de capacitación e innovación, así como la implementación de programas para impulsar el encadenamiento de eslabones productivos requiere de recursos, muchas veces, públicos.

En este sentido, con el objetivo de que los gobiernos locales (aquellos que, a diferencia del Federal y estatal, conocen mejor su localidad), puedan emprender acciones para enfrentar los posibles efectos de un TLCAN no tan satisfactorio, es claro que deben asumir los costos políticos y elevar su recaudación local para disponer de recursos. La misión: elevar la inversión en favor de la productividad.

Leticia Armenta.
FOTO: CORTESÍA DE ITESM

De acuerdo con estimaciones de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE), del 100 por ciento de los ingresos tributarios en México, sólo 2 por ciento proviene del impuesto predial (gravamen bajo responsabilidad de los municipios), mientras que en los países que conforman la organización el promedio es de 6 por ciento.

Respecto a lo anterior, Mario Morales, presidente de la Comisión Fiscal del Instituto Mexicano de Contadores Públicos (IMCP), explica que pueden ser varias las razones del bajo nivel de recaudación del impuesto predial: hay municipios con predios rurales en los cuales viven personas en condición de pobreza (sobre todo al sur del país); otras alcaldías están suficientemente “cómodas” con los recursos que reciben de la Federación, y otros más no cuentan con el equipo de cómputo necesario para actualizar los valores y facilitar el pago del impuesto.

“Ante ello, se debe continuar con los programas de actualización catastral, como el implementado por el Inegi; llevar a cabo una revisión anual de los valores catastrales, así como de las nuevas construcciones no reportadas y establecer un mayor incentivo de participaciones federales basadas en el aumento del cobro del impuesto predial y demás gravámenes municipales”, comenta el fiscalista.

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