Cabildo y parlamento abierto, ahora a distancia

En tiempos de crisis, todo es confuso. ¿Cómo actuar?, ¿qué hacer?, ¿hacia dónde ir? Son preguntas constantes tanto para los ciudadanos como para los gobiernos. La pandemia de Covid-19 tomó a todos por sorpresa, nadie pudo prevenir la magnitud de su impacto ni vislumbrar sus consecuencias.

Sin embargo, aún en medio del caos, la participación de los ciudadanos es clave para superar los efectos adversos. En el actuar de los congresos locales y de las administraciones municipales, existen dos esquemas que, por sí mismos, son puentes entre la esfera gubernamental y los ciudadanos y que propician la participación activa de éstos en el ámbito público, así como la transparencia, se trata de los cabildos y los parlamentos abiertos.

Un cabildo abierto, de acuerdo con la definición formulada por Mauricio Merino, investigador del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE), es una modalidad de estos órganos colegiados que permite que los ciudadanos participen e intervengan en los asuntos públicos, mediante conductos de comunicación entre gobierno y sociedad.

A través de estas instancias, los habitantes de un municipio pueden incorporar asuntos de interés colectivo a la orden del día de las sesiones y conocer la postura de los regidores acerca de los temas que se abordan en ellas.

Los parlamentos abiertos, como apunta la definición de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) son una forma de interacción entre la ciudadanía y los órganos legislativos (congresos estatales y federal), “que tiene por principios la transparencia y acceso a información sobre las legislaturas nacionales en formatos reutilizables y amigables para los ciudadanos. Asimismo, permite la participación de la ciudadanía en el proceso de creación de leyes utilizando las tecnologías de la información y de la comunicación (TIC) e Internet”.

De manera similar a los cabildos abiertos, los parlamentos abiertos son un vínculo entre los congresos y los ciudadanos, que tiene por objetivo involucrar a éstos en la toma de decisiones.

La dinámica de los cabildos y de los parlamentos abiertos gira en torno a cuatro dimensiones que, como apunta el Observatorio de Transparencia Legislativa y Parlamento Abierto –encabezado por el Instituto Nacional de Transparencia, Acceso a la Información y Protección de Datos Personales (Inai), en conjunto con la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM–, configuran el escenario para que los ciudadanos presenten sus demandas a sus representantes. Se trata de la transparencia, la participación ciudadana, la innovación en el uso de tecnologías, y la integridad y responsabilidad parlamentarias.

TRABAJO POR HACER

En el papel, los objetivos y las bondades de los parlamentos y de los cabildos abiertos son claros, pero en el día a día, a decir de los especialistas, aún no existen prácticas sistemáticas que permitan consolidar estos esquemas, por lo que su puesta en marcha se ha quedado en lo anecdótico.

Joel Salas Suárez, quien en marzo de este año concluyó su periodo como comisionado del Inai, asegura que en materia de parlamentos abiertos existen avances en términos de buenas prácticas, pero no en cuanto a institucionalización.

“Por ejemplo, la reforma para generar el Sistema Nacional de Transparencia, y la Ley General de Transparencia se hicieron bajo un mecanismo real de parlamento abierto, pero esto dependió de la voluntad de una legislatura, porque un acuerdo que se buscó formalizar, donde se generaba una comisión bicameral de parlamento abierto, todavía no ha sido aprobado. Algunos congresos locales han adquirido compromisos y han dado ciertos resultados, pero como una política robusta de los congresos mexicanos aún tenemos mucho por hacer”, expone.

En materia de cabildos abiertos, apunta el ex comisionado del Inai, “destacaría la labor de Plan Estratégico Juárez, una organización de la sociedad civil que inició con los esfuerzos por abrir las sesiones de cabildo en Ciudad Juárez, Chihuahua. A partir de ahí, se hizo una asociación que se llama Regidor MX, la cual ha impulsado el tema del cabildo abierto, pero también en materia de políticas institucionales seguimos estando en pañales. Los organismos garantes, en función del Artículo 59 de la Ley General de Transparencia, tratan de abrir a los congresos y a los cabildos, pero es un tema que debe estar, sin duda, con mayor fuerza y mayor presencia en la discusión pública”.

La emergencia sanitaria vino a poner en realce la importancia de contar con mecanismos que vinculen de manera efectiva a los ciudadanos con los gobiernos y, al mismo tiempo, impuso el reto de mantener y, en su caso, estrechar ese vínculo sin la necesidad de la presencia física, como había sido hasta antes de la pandemia.

En ello coincide Joanna Felipe Torres, Tercera Síndica del ayuntamiento de Cuautitlán Izcalli, Estado de México y Vicepresidenta de la Conferencia Nacional de Síndicos de México, por lo que destaca la importancia de implementar medidas que, de manera complementaria a los cabildos abiertos, eliminen las barreras entre las personas y los gobiernos, y en las que el uso de tecnología es clave.

“En Cuautitlán Izcalli autorizamos llevar a cabo nuestras sesiones de cabildo a distancia, esto significa que tuvimos la oportunidad de continuar con todas las funciones que se requieren para tener gobernabilidad en el municipio y continuar con nuestra toma de decisiones a través de una plataforma digital”.

DOS ESCENARIOS

Como afirma Alejandro Ferreiro Yazigi, ex Presidente del Consejo para la Transparencia de Chile, los cabildos y los parlamentos abiertos deben favorecer la implementación de mecanismos de transparencia activa, como la difusión periódica y sistematizada de la información necesaria para que la sociedad evalúe el desempeño de las autoridades, atendiendo el principio de máxima publicidad.

Al respecto, Joanna Torres apunta que los municipios están obligados a hacer públicas todas sus decisiones a través de la página institucional en Internet, así como en otros medios físicos como gacetas y periódicos oficiales, sin embargo, las restricciones impuestas por la pandemia han dificultado e, incluso, impedido la divulgación a través de medios impresos, de tal manera que los medios digitales han cobrado una importancia significativa como herramientas de los cabildos abiertos.

En materia de parlamentos abiertos en el actual contexto de la emergencia sanitaria, Eduardo Bohórquez López, Director Ejecutivo de Transparencia Mexicana, una organización no gubernamental que genera propuestas para fortalecer las capacidades anticorrupción, tanto del sector público como privado, es enfático al afirmar que los congresos locales no han estado a la altura.

“Siempre hay excepciones, pero el papel de los congresos ha sido lamentable, han cedido soberanía popular, han perdido fuerza respecto a los ejecutivos federal y estatales, no están cumpliendo con su función de vigilancia del ejecutivo y no son un contrapeso para las decisiones de política pública.”

Joel Salas coincide con lo anterior, al esbozar dos posibles escenarios. El primero, es que los congresos locales y los ayuntamientos utilicen la contingencia para cerrarse y renunciar a sus facultades de control legislativo sobre los ejecutivos, y tratar de autorizar medidas de contención o compras fuera de la norma, en las que no es posible dar seguimiento al ejercicio de recursos.

“No obstante, también puede haber un escenario positivo, que es donde los congresos tratan de controlar a los ejecutivos en este sentido. A sabiendas de que se debe reorientar el presupuesto, los congresos pueden establecer y vigilar, a través de sus órganos de fiscalización, el cumplimiento de reglas y procesos claros para el uso de recursos con distintos fines, como compra de insumos para enfrentar la emergencia sanitaria, y de esa manera impedir que se tomen decisiones unilaterales del Ejecutivo respecto a qué tipo de programas e inversiones se deben aplicar para paliar la crisis económica y para evitar la precarización de grandes grupos poblacionales que viven al día y que requieren atención prioritaria; siempre con líneas de recursos previamente aprobados.”

Joanna Torres apunta que, incluso antes de la emergencia sanitaria, la transparencia ha sido uno de los grandes temas que los cabildos deben atender de manera más efectiva, ya que, al margen de cualquier situación, están obligados por la ley a evitar la opacidad. “Lo que tenemos que hacer los ediles es, siempre con el fundamento de esas leyes, exigir que haya transparencia en todo lo que se realiza”, concluye.

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