Cuando hablamos de democracia

 Por Ricardo Escutia

 

 

 

 

Ante estos escenarios de incertidumbre política, es pertinente preguntar ¿esto es democracia?

Además de otras entidades, en el estado de México, se acerca el periodo electoral, donde se elegirán a los nuevos representantes del pueblo, este proceso donde se ejerce el voto activo y/o pasivo -votar y ser votado- se interpreta coma la máxima muestra de la democracia, especialmente ante jornadas competidas, justas y que llevan a la alternancia pacifica del poder.

Ante estos escenarios de incertidumbre política, es pertinente preguntar ¿esto es democracia?

En forma general, se habla de democracia como una abstracción del gobierno, un ente donde la mayor parte de la población elige a sus autoridades, quienes tienen la tarea de gobernar bajo el supuesto del beneficio para la sociedad; al tiempo, se hace alusión a un sistema económico y político que regula las relaciones entre ciudadanos, el estado y el mercado, con la intención de brindar oportunidades de vida digna para la población, entre estas, ampliar libertades y derechos, al igual que obligaciones para los tres sectores -población, gobierno, mercado-.

Los debates al respecto explican que el repliegue del ciudadano a la vida privada con el ejercicio del voto en escenarios de elección es una democracia representativa, donde el ciudadano no manda, pero elige a quien lo gobierna,

Sartori define a la democracia como un sistema ético-político, en el que la autonomía de la mayoría, confiere el poder a minorías en constante competencia mediante el mecanismo electoral (Sartori, 1988).

Robert Dahl (1999) la distingue en forma empírica, como un gobierno ideal, a alcanzar mediante una administración pública llamada Poliarquía, donde el gobierno, compuesto por élites políticas, representa a diversos grupos dentro de la comunidad, permitiendo la participación concurrida, la oposición partidista, la alternancia en el poder, el imperio de la libertad y de derechos, mediante un estado normativo, con procesos electorales e instituciones que controlan y garantizan la reproducción de la poliarquía.

En cambio, para Przeworski (1998) otra forma de observar la democracia es interpretarla como un sistema de reglas que permiten elegir a los gobernantes a través de elecciones competitivas, donde los ciudadanos pueden deshacerse de los gobernantes en turno, sin el derramamiento de sangre.

La democracia de Przeworski, implica una estrecha relación entre Estado y ciudadanía, a través de instituciones que hacen valer la democracia y que la robustecen mediante el fortalecimiento de los derechos y el cumplimiento de las obligaciones; pero también con el funcionamiento adecuado de las instituciones, ya que son estas las que reflejan la capacidad de la sociedad para autogobernarse.

Si bien. las perspectivas mencionadas -cada una con sus características, libertades, derechos y obligaciones atribuibles a ciudadanos y al estado- destacan el proceso electoral, la representatividad gubernamental y el voto como elemento central de la democracia, empero, expone Tilly (2010) son una forma acotada y minimalista de la vida política, que permite la proliferación de las élites en espacios clave para la administración pública, así como la segregación y exclusión de los que no pertenecen a esa élite.

Debido a esto, Tilly (2010) clasifica a la democracia en cuatro formas elementales:

  • Democracia Constitucional: se expresa en leyes que regulan lo relativo a la actividad política, un marco institucional que las hagan efectivas y en el fortalecimiento del ciudadano en la protección de responsabilidades y derechos.
  • Democracia Sustantiva: procura las condiciones de vida necesarias para garantizar la participación política, de los ciudadanos, en lo privado, lo público y lo político mediante un régimen con bienestar, libertad, seguridad, equidad, igualdad, deliberación púbica, resolución pacífica de conflictos; participación política y social que dota de estándares de vida y libertades a todos los ciudadanos (cabe resaltar que si un gobierno propicia estas condiciones, independientemente de lo que diga su constitución, se trata de una democracia), ya que el gobierno debe preguntar a los ciudadanos acerca de sus opiniones, necesidades y demandas.
  • Democracia Procedimental: incluye las características gubernamentales, para calificar si un régimen es democrático, como las elecciones competitivas, con regularidad y participación, el sufragio universal, voto secreto, seguro y con ausencia de fraude, transparencia de los resultados, e incertidumbre para candidatos, así como un acceso de los partidos al público –medios de comunicación y campañas-,y la entrada de actores políticos diversos, como se ha visto con anterioridad, esta es la forma cotidiana de observar la democracia.
  • Democracia Procesal: se conforma con los procesos continuos en marcha que facilitan una situación denominada democracia (instituciones), entre estos: la participación efectiva, igualdad del voto, comprensión clara de la información política y electoral, control de la agenda política y de gobierno, inclusión de actores políticos y ciudadanos.

En el caso de las propuestas procedimentales y procesales o representaciones minimalistas, la democracia pone en marcha instituciones mínimas que la distinguen de otros regímenes, donde, de acuerdo con Robert Dahl (1999) destacan la participación, igualdad de voto, comprensión clara, control de la agenda, inclusión de los adultos; que denotan una democracia poliárquica, bajo una serie de interacciones reguladas por el estado y los cargos públicos. En contra punto, la visión sustantiva o maximizada de la democracia centra su atención en la ampliación de libertades y derechos.

Con lo anterior, la democracia es uno de los mejores sistemas de gobierno, no el más eficiente o satisfactorio, sin embargo, sólo puede existir cuando el estado crea su propia clase dirigente, autónoma -sin influencias-, plural en su origen -clases sociales- y permeable a fuerzas sociales nuevas, facilitando que los intereses generales del pueblo, puedan ser definidos y llevados a término por el estado.

En una democracia, la presencia de élites políticas, de clases políticas y de sus simpatizantes sin evidencia de circulación en los puestos de poder, es decir, sin alternancia, fomenta una elitización de la democracia (Ruiz del Ferrier y Gradin, 2018), entendiendo esto como una democracia procedimental, donde las instituciones son vigentes, pero funcionan en el vacío, reduciendo la posibilidad de que los ciudadanos escojan entre proyectos de gobierno viables, ya que carecen de alternativas reales, puesto que las instituciones están al margen de las élites y restringen las oportunidades para acceder a las posiciones de poder.

Siguiendo este orden de ideas, la participación política es mínima, con frecuencia reducida al voto y limitada al proceso electoral -democracia electoral o representativa-; pero también, existe una insuficiente institucionalización y sobre todo una escasa organización del Estado (Baras, 1991).

Como se puede observar, existen diversas formas de entender la democracia, unas acotadas y otras que permiten a la sociedad el aumento de la calidad de vida y de sus libertades en correspondencia a sus responsabilidades, en estos tiempos de elección, es obligación del ciudadano velar por la mejora de la sociedad exigiendo el cumplimiento de sus derechos y sus obligaciones, pero no solo participar en los comicios, también en formas alternas como el Plebiscito, Iniciativa popular, la Consulta ciudadana, Audiencia pública, Foros de opinión, Auditoría ciudadana –Contraloría social-, Presupuesto participativo, Petición ciudadana, y de igual forma, en Movimientos Civiles, Organización comunitaria, Asociaciones Civiles.

Referencias

  1. Baras, M. 1991. Las elites políticas, revista del centro de estudios constitucionales, núm., 10, septiembre-diciembre, Universidad Autónoma de Barcelona, Barcelona, España.
  2. Dhal, R. A. 1999. La poliarquía, participación y oposición, 1997, Tecnos, España.
  3. Ruiz del Ferrier, C. y Gradin, A. (2018). Capítulo 4. El tiempo de las elites de poder en la posdemocracia. Diagnóstico, debates y propuestas posfundacionales. en García Delgado, D., Ruiz del Ferrier, C. y de Anchorena, B., comp. (2018). Elites y captura del estado, Control y Regulación en El Neoliberalismo tardío, FLACSO, Argentina.
  4. Sartori, G. 1988. Teoría de la democracia,1962, Alianza, Madrid, España.
  5. Przeworski, A., 1998. Democracia sustentable, Paidos, Argentina.
  6. Tilly, C., 2010. Democracia. Press University.

 

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