Disminución de recursos para estados y municipios podría aumentar el nivel de endeudamiento

La estabilidad de la deuda estatal corre riesgo debido a la contracción del gasto federalizado, que disminuyó 11.4% a tasa anual real en agosto del 2019, el peor resultado, para un mismo mes, desde 1995, cuando la caída fue de 15.2 por ciento, según datos de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP).

Un análisis publicado por El Economista señala que la buena racha del nivel de endeudamiento de los gobiernos estatales y municipales, con mejorías desde la implementación de la Ley de Disciplina Financiera, podría acabar debido a la alta dependencia subnacional hacia los recursos provenientes del gobierno federal.

Los datos de la SHCP, a agosto de este año, señalan que el gasto federalizado solamente aumentó en el Ramo 33, referente a las aportaciones federales, las cuales tuvieron un aumento de 10.0% anual real. Sin embargo, bajaron las participaciones (9.4%), el rubro más importante de los recursos provenientes de la federación, pues concentran el 49.8% del total: 114,299 millones de pesos, que provienen principalmente de la recaudación y son determinados por la actividad económica y petrolera, explica el diario.

Por ello, con un menor crecimiento económico las participaciones descienden, lo que se suma a la política de austeridad del gobierno federal, que se refleja en el recorte al Ramo 23, considerado discrecional debido a que algunos de sus fondos carecían de reglas de operación. Para este 2019 el recorte fue de 43,467 millones de pesos.

Al cierre de junio de este año, el saldo de los financiamientos y obligaciones de entidades y sus entes públicos ascendió a 542,815 millones de pesos, lo que significó una caída anual de 0.8% en términos reales, la segunda disminución al hilo.

Por ahora, los únicos estados con un endeudamiento en observación son Coahuila, Chihuahua, Nuevo León y Quintana Roo, mientras que el resto de las entidades reflejan un endeudamiento sostenible.

“Actualmente el país atraviesa por una etapa de estancamiento económico, que tendría que ser revertida mediante mayor inversión pública. Al no existir, todo el peso recaería sobre el sector privado, que también se encuentra deprimido”, dijo a El Economista Héctor Magaña Rodríguez, director del Centro de Investigación en Economía y Negocios (CIEN) del Tecnológico de Monterrey.

Si se mantiene un horizonte con poca o nula inversión, en el largo plazo se tornará más complicado que cualquier entidad retome un ritmo de crecimiento dinámico. Básicamente es un círculo, más inversión se traduce en mayor crecimiento económico y, a su vez, en mayores ingresos para el gobierno”, explicó.

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