Inclusión de personas con discapacidad, clave para el desarrollo sostenible: BID

Aproximadamente 85 millones de personas con discapacidad viven en América Latina y el Caribe en la actualidad. Abarcan una población muy heterogénea, pero comparten una historia común de invisibilidad y exclusión. Lo más fuerte detrás de esta exclusión, es que está tan enraizada en nuestras instituciones y en nuestra vida diaria, que se ha vuelto invisible, señalaron Anna Wellenstein, Regional Director, Latin America and the Caribbean, Sustainable Development Practice Group y Maria Elena García Mora Especialista sénior, Inclusión y Sustentabilidad Social del Banco Mundial.

Rompamos las barreras de la discapacidad. Imagen: Placebo/Banco Mundial

En reporte regional “Inclusión de Personas con Discapacidad en América Latina y el Caribe: Un Camino para el Desarrollo Sostenible”, el Banco Mundial hace un llamado a los gobiernos, a los parlamentarios, a los maestros, a los empleadores, y a cada persona en nuestra región a romper barreras. “Porque ya no podemos seguir dejando atrás a esas 85 millones de personas con discapacidad”, señalaron las especialistas.

Refieren que un 15% de los niños con discapacidad entre 6 y 12 años están fuera de la escuela. Muchos de los que asisten al salón de clases van a escuelas especializadas, segregadas del resto. Algunos se quedan en casa porque el estigma asociado a la discapacidad despierta el temor de los padres a que los discriminen o porque simplemente creen que no podrán aprender. En México, por ejemplo, alrededor de 4 de cada 10 personas con discapacidad (de 15 años o más) reportaron que nunca fueron a la escuela porque sus padres no lo consideraron necesario. Así comienza, desde la infancia un mundo paralelo en donde los niños con discapacidad comienzan una vida invisible.

Rompiendo Barreras

La invisibilidad, explican las expertas, continúa en los espacios públicos inaccesibles, donde no hay personas con discapacidad usando el transporte público, disfrutando de los parques, circulando por las aceras, o visitando los museos. Y tampoco se les ve en los espacios de diálogo y toma de decisiones, en donde su invisibilidad surge de la negación de la capacidad jurídica y la falta de canales de participación accesibles.

“Con el tiempo, esta invisibilidad forzada por estas innumerables barreras puede normalizar la idea de que las personas con discapacidad no pueden trabajar, ir a la escuela, tomar decisiones  o transitar las ciudades en igualdad de condiciones”, remarcan.

Para destruir dichas barreras, las especialistas recomiendan:

Primero, mejorando el diagnóstico. Los gobiernos deben continuar mejorando la recolección y análisis de datos desagregados, iniciando con la ronda de censos del 2020 asegurando la adopción de los estándares internacionales como el Grupo de Washington y eliminando todo lenguaje estigmatizante.

Segundo, fortaleciendo la voz y participación de las personas con discapacidad. Los parlamentarios deben eliminar las restricciones legales a la capacidad jurídica y reconocer el derecho al consentimiento libre e informado para el acceso a servicios de salud. Las organizaciones de las personas con discapacidad son actores claves y expertos en el tema.

Tercero, mejorando la accesibilidad del transporte, espacios públicos, y las escuelas; conscientes que esto no solo beneficia a las personas con discapacidad sino a todos los ciudadanos.

Y finalmente, combatiendo nuestros propios prejuicios para acabar con el estigma y la discriminación.

 

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