La preparación de México ante una erupción volcánica

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Alcaldes de México

Por Génesis Gatica Porcayo

El volcán de Fuego, ubicado aproximadamente a cuarenta kilómetros al oeste de la ciudad de Guatemala, entre los departamentos de Escuintla, Chimaltenango y Sacatepéquez, entró en erupción la tarde del pasado 3 de junio y ya es considerada por los expertos como la más devastadora desde su última explosión violenta el 15 de octubre de 1974.

Hasta el viernes 8, las autoridades contabilizan más de cien víctimas mortales, poco más de trescientos heridos, millonarias pérdidas materiales y más de tres mil 200 personas evacuadas de las zonas aledañas al coloso de fuego.

La población desplazada reclama a las autoridades guatemaltecas que no recibió alerta alguna sobre la inminente erupción, ni existió un plan coordinado de evacuación, acciones que hubieran disminuido considerablemente el número de víctimas.

Ante este contexto, México no es ajeno de experimentar situaciones similares, pues tiene en su geografía a los dos volcanes más peligrosos de América Latina: el volcán de Colima y el Popocatépetl, los cuales registran constantemente actividad que pone en alerta a las autoridades para efectuar acciones en favor de la seguridad de la población.

Sin embargo, ¿México está realmente preparado para enfrentar una situación de emergencia como la erupción de un volcán?, ¿con qué herramientas cuenta para efectuar acciones de prevención y rápida decisión a la catástrofe natural?

En entrevista para la Agencia Informativa Conacyt, el doctor Luca Ferrari, investigador del Centro de Geociencias de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), explicó las razones por las que un evento natural de esta índole en nuestro país dejaría menores pérdidas que las reportadas hasta el momento en Guatemala.

Tecnología que salva vidas

Tanto sismos como erupciones volcánicas no pueden predecirse, pero en las erupciones existen algunas características que estiman con mayor facilidad la posibilidad de actividad eruptiva en la zona.

Luca Ferrari.

Luca Ferrari mencionó que parte de las demandas de los pueblos guatemaltecos afectados por el volcán de Fuego está relacionada con la falta de aviso por parte de las autoridades, que podría derivarse de un sistema de monitoreo de volcanes insuficiente en comparación con los que México tiene.

La creación de estrategias de prevención derivadas del análisis del comportamiento de los volcanes activos de México es un trabajo en conjunto con vulcanólogos especialistas de diferentes instituciones del país como la UNAM, el Centro Nacional de Prevención de Desastres (Cenapred) y el Sistema Nacional de Protección Civil (Sinaproc).

“No es que nosotros podamos evitar la erupción, eso es algo que se dará naturalmente y tampoco podemos decir cuándo va a ocurrir exactamente, pero los recursos que tenemos evitarán en gran medida que el daño ocasionado por la naturaleza se magnifique con las pérdidas humanas”.

Los recursos que el investigador mencionó son de dos tipos. El primero es el monitoreo, es decir, la observación constante de los volcanes que son considerados activos a través de métodos geoquímicos, geodésicos, sismológicos y visuales, como el empleo de materiales de medición y análisis de la composición de los gases que liberan los volcanes, el registro de pequeños terremotos que ocurren por dentro y debajo de un volcán, así como en la medición y observación de las deformaciones que presenta antes de hacer erupción.

El segundo recurso es la generación de mapas de peligro, basados en el conocimiento de las áreas de mayor riesgo alrededor de un volcán, así como en el conocimiento de su comportamiento en el pasado geológico, como la dirección de los flujos de lava, la caída de ceniza, la composición y temperatura de las nubes incandescentes, también conocidas como flujos piroclásticos, entre otros.

Al crearse este material basado en la información previa se tiene conocimiento de las áreas que estarían mayormente afectadas en el caso de una erupción, y cae en manos de Protección Civil la construcción de rutas de emergencia a las que la población puede acceder en caso de desastre, además de prevenir a los habitantes a través de las fases de alerta de actividad volcánica.

“Con esto tenemos los dos tipos de prevención que podemos utilizar para minimizar los daños, sobre todo a la población y la infraestructura. Evidentemente una de las principales recomendaciones es evitar construir en zonas peligrosas, pero no siempre es escuchada esta petición”.

Alarma por el Cinturón de Fuego, ¿erupciones en cadena?

De acuerdo con el especialista se conoce como Cinturón de Fuego a una serie de arcos volcánicos que rodean el océano Pacífico y que son el resultado de la presión superficial de la subducción de todas las placas oceánicas debajo de los continentes.

“La más grande es la placa del Pacífico y esta subduce bajo la parte norte de Alaska, Japón, toda esta área del Pacífico noroccidental, también más al sur hacia Papúa Nueva Guinea y luego Nueva Zelanda y las zonas circundantes, por tanto cuando esta gran placa subduce produce vulcanismo”, explicó.

El Cinturón de Fuego representa alrededor de 75 por ciento de los volcanes activos e inactivos del planeta y en México todos aquellos que forman parte del Eje Neovolcánico o Faja Volcánica Transmexicana son miembros de dicho complejo entre los que se encuentran el volcán de Colima, Popocatépetl, el Pico de Orizaba, el Nevado de Toluca o el Paricutín.

Hacia Centroamérica hay una cadena de volcanes que empieza justo en la frontera entre Guatemala y México con el volcán Tacaná y luego continúan en Guatemala, El Salvador, Nicaragua, hasta Panamá, y el volcán de Fuego —que acaba de hacer erupción— es uno de los más activos dentro de esta región.

Debido a que cada volcán tiene su propio sistema de alimentación de magma que es independiente de los otros, una erupción volcánica en determinada zona no influye en la actividad de otro volcán circundante, por lo que no hay evidencia de la relación en este fenómeno conocido como sistema de alimentación.

“Cada uno de estos sistemas es independiente del otro, no hay una relación directa, ya que si hoy ocurre una erupción en el volcán de Fuego no tiene por qué ocurrir otra en el Tacaná. Aunque puede coincidir la actividad de las montañas, esta no será por la relación de una erupción con la otra”.

En el caso de Guatemala, el especialista subrayó que no hay equipo de monitoreo suficiente ni sistema de organización eficiente para estos casos, por lo tanto la población no estaba preparada para un evento de tal magnitud.

Población informada para evitar pérdidas humanas

Lo ocurrido en el volcán de Fuego fue una erupción explosiva que implica la liberación de una gran cantidad de gases junto a fragmentos de magma —que es ceniza a alta temperatura—, esta formó una columna eruptiva o nube incandescente que llegó a diez kilómetros de altura, la cual colapsa poco después por su propio peso y en consecuencia fluye por los flancos del volcán a velocidades de cuarenta o cincuenta metros por segundo y a una temperatura de 400 grados Celsius aproximadamente.

“Imagínate una nube que baja a esa velocidad con una temperatura de 400 grados, la gente no estaba preparada, incluso se quedaban relativamente cerca tomando fotografías. El problema principal fue eso, que no había monitoreo y que no hubo prevención en el sentido de que la gente no fue alertada sobre la posibilidad de una erupción con esas características”.

Ante estos eventos de la naturaleza, Luca Ferrari subrayó que México sí está mejor preparado, Cenapred cuenta con diversos programas de monitoreo y alerta, además de que Protección Civil tiene las facultades para actuar en situaciones de este tipo.

Sin embargo, consideró necesario no bajar la guardia ya que independientemente de las pequeñas explosiones que han presentado el volcán de Colima y el Popocatépetl en los últimos años, no se descarta la posibilidad de una erupción mayor.

“El hecho de que estemos mejor preparados no implica que no habrá riesgo o que no pueda ocurrir algo fatal si no hay una respuesta rápida por parte de Protección Civil en el caso de alerta por una erupción explosiva, y si no hay educación de la gente para actuar como es debido ante una emergencia de esa magnitud, es un peligro latente lo que tenemos en el país”.

 

La actividad volcánica se monitorea o vigila a través de la observación continua o permanente mediante instrumentación especializada que implica el reconocimiento e interpretación de los cambios que ocurren durante la reactivación.

Es una actividad donde al detectarse alguna anomalía se implementan dispositivos de respuesta dirigidos a los sistemas de Protección Civil. Los principales métodos de monitoreo son el visual, sísmico, geodésico y geoquímico.

 

El Centro Nacional de Prevención de Desastres (Cenapred) tiene la responsabilidad principal de apoyar al Sistema Nacional de Protección Civil (Sinaproc) a través de la prevención, alerta y fomento a la cultura de autoprotección para reducir el riesgo de la población ante fenómenos naturales y antropogénicos que amenacen la vida, bienes y entorno a través del monitoreo, capacitación y difusión. Además de ser el órgano encargado del monitoreo de los volcanes de México, especialmente de aquellos considerados activos y de riesgo para la población.

Fuente: Cenapred.

Publicado originalmente por Agencia Informativa Conacyt bajo una licencia de Reconocimiento 4.0 Internacional de Creative Commons. VER ORIGINAL AQUÍ

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