Las narrativas sobre la violencia de género

Por José Alberto Márquez Salazar

La importancia de la discusión pública radica en la presencia de voces diferentes, de ideas y conceptos que buscan analizar la realidad y acercarse al conocimiento.

 

Foto: Dreamstime

Quienes parten de la creencia de tener la verdad o conocer el objeto, a priori, suelen cerrar el camino del diálogo. Basta observar la “discusión” en las redes sociales para entender lo anterior.

En México se avanzó en los últimos veinte años en diversos rubros para visibilizar y disminuir la violencia de género, especialmente desde el aspecto normativo y las políticas públicas, no así en ese gran espectro que podemos denominar cultura y en la educación cívica.

Términos como violencia de género, violencia política, feminismo, heteropatriarcado, empoderamiento, visibilizar, estereotipo, discriminación, por ejemplo, se encuentran en las narrativas de los medios de comunicación.

Pocos pueden estar a disgusto porque en los medios de comunicación se hable abiertamente de la violencia de género y se describan las acciones que vivimos.

Sin embargo, como todas las narrativas, es probable que éstas también pierdan la esencia y sentido y, lo que puede ser más preocupante, la proporción sobre “los hechos” cuando se comunica a las personas.

Para esclarecer el último párrafo, que no me queda claro, describiré dos hechos envueltos en una de tantas narrativas sobre la lucha contra la violencia de género.

A inicios de mayo, la cantante Joy Huerta fue entrevistada en el marco de las actividades que desarrolla, la presentación de su nuevo disco, etcétera. Durante el espacio, señaló:

«Yo vivo el día a día con esa incertidumbre, como mexicana, temiendo salir a la calle como mujer, lo vivo como cada mujer que tiene que salir a tomar el camión, a tomar el metro, con mucha angustia. Espero de verdad en un futuro, así como estamos todos aquí cada quién desde nuestra trinchera hagamos lo que podemos porque estoy segura que cada quién tenemos un impacto en nuestra sociedad.» (InformadorMX, 3/05/22).

Y agregó.

«Las veces que salgo a marchar con mis hermanas y las veces que salgo lo hago desde un lugar genuino creyendo como Jesse que puede haber un mejor futuro. Perdón que llore, de verdad estoy… me he alejado mucho de redes sociales porque la vida no me da para tantas malas noticias, no puedo con que son tantas las mujeres que nos hacen falta, y lo digo con miedo al mismo tiempo, porque sé que vivimos en un país en el que cada vez más se comienza a atacar la libertad de expresión.»

Tras sus declaraciones, algunas cuentas, declaradas feministas, de la red social (twitter) cuestionaron las declaraciones de la interprete pues, decían “… habla desde el privilegio…” Y, en efecto, el argumento parecería ser sensato. Dudo que muchas personas famosas tengan la vida de una mujer que se levanta a las cinco de la mañana para ir al trabajo, camine por calles oscuras, aborde un colectivo inseguro, suba al Metro. Pero, ¿tener privilegios “deslegitima” la narrativa de la interprete o el mensaje que promueve?

El segundo hecho que me llamó la atención:

La historia tiene que ver con un cantante que evidenció a su ex pareja sentimental luego de que la madre de ésta lo considerara como “un naco”.

El mensaje del famoso cantante evidenciaba la petición de dinero que la mujer le había hecho.

En las entradas en las redes sociales diversas mujeres, muchas de ellas comunicadoras del mundo del espectáculo, afirmaron que el cantante podría ir a la cárcel “pues la Ley Olimpia” protege a las mujeres.

Ilustración: JUPSIN

Al margen de que pudieran configurar el delito contra el cantante, ¿qué lleva a las comunicadoras del espectáculo a buscar utilizar los instrumentos legales para darle contenido a sus comentarios

Estoy completamente seguro que el hecho de que los medios de comunicación incluyan en sus espacios los conceptos y avances en contra de la violencia contra las mujeres es muy importante. Aún la televisión abierta tiene mucha fuerza entre la sociedad mexicana. Pero, ¿es adecuado que el desconocimiento sobre las leyes, como la Olimpia, las lleve a promoverla en una discusión entre “famosos”, en una disputa entre particulares?

Sé, perfectamente, que mucho de lo que se promueve en “el mundo del espectáculo” tiene que ver con la publicidad, con un negocio y, ahí mi punto: si los medios de comunicación no capacitan bien a las personas comunicadoras, actoras, narradoras, cronistas, en materia de género, la narrativa se pervertirá.

Las principales cadenas de televisión abierta en México (Televisión Azteca y Televisa) continúan promoviendo estereotipos, no tienen lenguaje incluyente y aún promueven la “cosificación” de las mujeres.

¿Cuándo van a establecer criterios para las narrativas sobre la violencia de género, para combatir la violencia contra las mujeres?

A raíz de que las jóvenes se manifestaron en las calles de la Ciudad de México, principalmente, desde el 2019, los medios de comunicación dieron cobertura a sus marchas y pusieron en la agenda el tema del feminicidio.

Ilustración: Mujer Hoy

Y, de pronto, parecería que se ha vuelto una moda hablar (sólo hablar) contra la violencia a las mujeres.

A los diferentes feminismos, colectivas y colectivos, activistas y académicas, que luchan por visibilizar la violencia y la desigualdad de género, se está sumando (o ya lo hizo) un grupo de medios de comunicación y personas comunicadoras que no cuentan con la preparación suficiente para tratar el tema.

Simplificar un problema de la magnitud que tiene el feminicidio en México, contribuye poco a su combate. Hasta este 30 de marzo, en México hubo 229 presuntos feminicidios (2.5 al día).

Es cierto: en una democracia todas las personas podemos expresarnos y hablar, exponer las ideas, pero también es importante recordar la responsabilidad de saber de lo que hablamos.

Hasta el día de hoy, los medios de comunicación han tenido apertura para las nuevas expresiones de la sociedad, pero no han crecido en la calidad de sus contenidos, ni en la capacitación de sus empleados.

En algunos espacios, la violencia de género se convirtió en una forma de ganar simpatías y seguir lucrando con la vida de las personas, no en un verdadero compromiso contra la violencia que sufren las mujeres.

Las lágrimas de actrices, cantantes y comunicadoras por lo que viven otras mujeres podría entenderse como empatía y, también, como un lucro que desvirtúa la lucha contra la violencia.

Hoy, la narrativa del feminismo puede ser desvirtuada gracias a que los medios de comunicación dejaron que sus empleados la utilicen.

Todo esto me recuerda una idea de Judith Butler: la norma se expresa en la práctica social, se reformula y se reinstituye en y mediante los rituales sociales cotidianos.

 

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