Observatorios urbanos contra la violencia social y de género

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Alcaldes de México

Por Mónica Alba

La violencia es uno de los factores que quebrantan nuestras relaciones interpersonales, la dinámica social y nuestra calidad de vida. La violencia tiene orígenes y manifestaciones muy diversas; sin embargo, la dinámica familiar y las instituciones son dos factores que favorecen o minimizan ambientes de violencia y equidad hacia hombres y mujeres.

 

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), la violencia es el uso intencional de la fuerza física o verbal contra uno mismo, otra persona, un grupo o una comunidad que tiene como consecuencia un traumatismo, daños psicológicos, problemas de desarrollo o letales. Aun cuando la violencia hacia las mujeres ha sido un tema mayormente explorado, también se debe considerar los ámbitos de violencia hacia los hombres ya que ambos se dan dentro de los contextos sociales que pueden convertirlos en víctimas o victimarios en cualquier momento.

La violencia es uno de los múltiples factores que determinan el bienestar de una comunidad. Como una respuesta para generar investigación social hacia la comprensión de las condiciones urbanas de las ciudades, el Programa de Naciones Unidas para los Asentamientos Humanos (ONU-Habitat) creó los observatorios urbanos. Los observatorios son figuras autónomas que, a través de la investigación social, se encargan de seleccionar, recolectar, manejar y aplicar indicadores y estadísticas para medir y dar seguimiento a las condiciones urbanas de las ciudades que permitan entender las dinámicas sociales, necesidades e identificar focos de atención comunitaria.

Observatorios urbanos como indicadores de bienestar

Celina Izquierdo Sánchez.

El término observatorio se refiere al agrupamiento de representantes de los diversos sectores sociales con el objetivo de impulsar o vigilar procesos, políticas o iniciativas específicas que brinden calidad de vida en una comunidad, a partir de problemáticas sociales. La figura de los observatorios urbanos propuestos por ONU-Habitat es plural, es decir, se promueve la participación enriquecida por distintos puntos de vista, todos ellos acreditados en sus respectivas materias. Los observatorios de lo social se abocan a fenómenos sociales sin distinguir necesariamente si tienen su origen en entes públicos o privados.

Una vez identificada una problemática o iniciativa local que requiere ser observada, entre las actividades principales de un observatorio se realizan diagnósticos, informes documentales, reportes de estado, estudios de caso y la difusión a la comunidad. Además, existen observatorios urbanos que utilizan instrumentos de investigación cualitativa y cuantitativa para obtener la mayor cantidad de información y datos que ofrezcan una perspectiva real de cada situación y contexto.

En México, se cuenta con cerca de 40 observatorios ubicados en 14 estados, que conforman la Red Nacional de Observatorios Urbanos Locales dedicados al apoyo de políticas públicas que atienden dinámicas particulares de cada comunidad. Los planes y programas de dichos organismos están suscritos al cumplimiento de las metas establecidas por el Objetivo 11 de los Objetivos del Desarrollo Sostenible (ODS): “Lograr que las ciudades y los asentamientos humanos sean inclusivos, seguros, resilientes y sostenibles”.

Violencia y género, prioridades urbanas en Quintana Roo

En 2006, se instaló en Quintana Roo el Observatorio Urbano Local enfocado hacia dos vertientes. Por una parte, hacia factores que determinan las dinámicas urbanas —transporte, usos de suelo, espacios públicos, climatológicos y condiciones ambientales— y por otro, a la atención de la violencia social y las perspectivas de género.

En entrevista para la Agencia Informativa Conacyt, Celina Izquierdo Sánchez, secretaria técnica del Observatorio de Violencia Social y de Género de Benito Juárez, Quintana Roo, comentó que para entender los problemas de violencia social y género se tiene que entender la dinámica de una ciudad, cómo funciona, cómo vive la gente, cómo son sus casas, cuáles son sus rutas de traslado y oportunidades; a partir de la comprensión de dichos factores se pueden analizar temas más profundos sobre cómo se origina la violencia y además cómo se presenta de manera diferenciada en hombres y en mujeres.

“El transporte es una de las variables que vigilan los observatorios urbanos, al analizarlo desde el contexto de perspectiva de género, porque dependiendo de cuál es el uso que le dan y cómo viven el transporte, es muy diferente las experiencias que tienen los hombres de las mujeres. Sin duda, en la mayoría de los casos es de mayor vulnerabilidad para las mujeres porque se sienten inseguras y violentadas. Por el contrario, hay condiciones particulares en las que los hombres se sienten más vulnerados, en más peligro y en peores condiciones de calidad de vida”, comentó Izquierdo Sánchez.

“Hacer análisis con perspectiva de género no implica que siempre estemos a favor de las mujeres o enfocados en lo que les sucede exclusivamente a las mujeres, no es justo que todo el tiempo sean asumidas como víctimas. Es importante tener una visión diferenciada que permita conocer las condiciones de vida de uno y de otro y fundamentarse en datos reales para hacer los cambios necesarios en las estructuras sociales. Eso es igualdad”, agregó.

Dentro de los análisis de violencia que ha desarrollado el Observatorio, se han identificado dos factores como detonantes de todas las demás formas de violencia para Quintana Roo —y seguramente para muchas otras ciudades de México—. En primera instancia, se identifica la violencia que se vive dentro del núcleo familiar. Desafortunadamente, según los investigadores sociales, este tipo de violencia se “normaliza” en nuestra sociedad, lo que provoca que se perciba de menor importancia que las violencias de alto impacto, como el crimen organizado, omitiendo el hecho de que la violencia familiar es la raíz de buena parte de todas las demás formas de violencia.

“Es en entornos de violencia familiar que se aprende, se enseña, se practica y profesionaliza a las víctimas y a los victimarios, mismos que cuando salen a la calle pueden fungir cualquiera de los dos papeles pues están, hasta cierto punto, acostumbrados a estas dinámicas sociales”, argumentó Izquierdo Sánchez.

Para el caso específico de violencia contra las mujeres en Quintana Roo, las investigaciones realizadas por el Observatorio han arrojado que la mayor proporción es de índole emocional con 84.9 por ciento, seguida de la económica con 45 por ciento, la violencia física con 20.2 por ciento y la violencia sexual con nueve por ciento.

El segundo factor determinante es la violencia institucional que, a diferencia de la violencia familiar, pasa casi desapercibida por nuestros sistemas sociales. Se refiere a las omisiones institucionales, al incumplimiento de medidas y políticas públicas, al deslinde de la responsabilidad institucional para favorecer la calidad de vida de sus habitantes, usuarios, conciudadanos, etcétera. En este contexto, no es evidente la responsabilidad de los focos de generación de violencia. Según datos del Observatorio de Violencia Social y de Género en Quintana Roo, en las ciudades existen muchos sistemas de violencia institucionalizada en donde los usuarios o derechohabientes  difícilmente pueden tener injerencia para mejorar las condiciones hacia un bienestar social.

“Es así como el análisis social de las ciudades desde un Observatorio nos permite comprender que el acoso sexual que vive una joven que va desde su casa hasta su escuela tiene que ver con toda una estructura mayor institucional combinada con las oportunidades a las que tiene acceso, y no solamente con el acosador”, afirmó Izquierdo Sánchez.

La principal ventaja del trabajo de investigación social desde los Observatorios Urbanos es que tienen tiempos rápidos de respuesta, lo que permite generar datos reales y estadísticas para la comprensión de las dinámicas urbanas y problemáticas sociales. Dicha información ayuda para el establecimiento de indicadores de medición, estrategias de prevención y atención inmediata, lo que pretende tener una incidencia directa en políticas públicas.

“Una sociedad civil es realmente poderosa cuando tiene conocimiento de sus propias dinámicas sociales, fundamentadas en investigación. Necesitamos construir los conocimientos a partir de la teoría. En el Observatorio de Violencia Social y de Género en Quintana Roo queremos demostrar cómo se construye la violencia y los patrones de género que afectan nuestra comunidad. Pero realmente lo que queremos es demostrar que al entender cómo funciona y de dónde proviene, es posible deconstruirla”, concluyó Izquierdo Sánchez.

 

Publicado originalmente por Agencia Informativa Conacyt está bajo una licencia de Reconocimiento 4.0 Internacional de Creative Commons.

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