Singladura | El fondo AMLO

Por Roberto Cienfuegos J.
@RoCienfuegos1

 

Tan ensoñadora propuesta parece algo más que difícil de ingresar en la agenda internacional de las naciones y/o las empresas, o los magnates de este, nuestro mundo.

Andrés Manuel López Obrador en el marco de su intervención en el Consejo de Seguridad de la ONU en Nueva York. Foto: Twitter @lopezobrador_

Como buena parte de sus ideas e iniciativas, siempre asociadas al combate de la pobreza, a favor en particular de los más pobres, y también bajo la premisa de la suprema moralidad, la propuesta recién hecha por el presidente Andrés Manuel López Obrador al asumir la presidencia del Consejo de Seguridad de la ONU en nombre de México, a fin de crear un denomi0nado Fondo para la Fraternidad y el Bienestar por un monto anual de un billón de dólares, resulta seductora, impecable, inobjetable, profundamente humana y digna de todo encomio. Pero tiene sus asegunes a la hora de una eventual instrumentación.

El cambio verdadero y profundo que encarna la Cuarta Transformación

Veamos. ¿Quién en su sano juicio podría oponerse a aliviar las penurias de al menos 750 millones de personas que, según datos presentados por el presidente, viven con menos de dos dólares por día? Asumo, y me salto la encuesta de esas que también encantan al presidente en nombre de la democracia participativa, que nadie. Si acaso, un puñado de egoístas, profundamente individualistas y, si me insisten, hasta esos clasemedieros aspiracionistas. Es más, si acaso, sólo se opondrían aquellos que rechazan el cambio verdadero y profundo que encarna la Cuarta Transformación, o aquellos que se ubican en el lado equivocado de la historia.

En verdad, ese discurso ante la ONU, que a decir verdad muchos esperamos con interés debido en buena parte a que hizo incluso que nuestro mandatario dejara el suelo patrio y viajara a la Gran Manzana, conmovió hasta el tuétano a quien esto escribe. Imagínese, la planteada por López Obrador describe una iniciativa fraterna y de bienestar en un mundo desolado por el egoísmo, la idolatría, la ganancia del más fuerte, una competencia voraz y tenaz, y por si fuera poco el acelerado apetito del hombre como el lobo del hombre.

Como nunca, se lanzó una propuesta en el seno del máximo foro de naciones que podría, de concretarse, marcar un antes y un después en la historia del egoísmo humano. De ese tamaño.

Así, insisto, nadie y si acaso, sólo unos cuantos, podrían oponerse a abrir la puerta al paraíso en la tierra. Algo, francamente, utópico. No lo tome a mal, pero tan ensoñadora propuesta parece algo más que difícil de ingresar en la agenda internacional de las naciones y/o las empresas, o los magnates de este, nuestro mundo. Ese es el problema central que enfrentará el Fondo para la Fraternidad y el Bienestar. Nada más, pero nada menos.

¿Imagina usted viable que para establecer el Estado Mundial de Fraternidad y Bienestar se haga el cobro de una contribución voluntaria anual del 4 por ciento de sus fortunas a las mil personas más ricas del planeta? ¿O que proceda una aportación similar por parte de las mil corporaciones privadas más importantes por su valor en el mercado mundial y una cooperación del 0.2 por ciento del PIB de cada uno de los países integrantes del Grupo de los 20? México se autoexcluye, claro, ante los muchos apuros pecuniarios que pasa. Después de todo, México tiene y sufre con sus propios pobres, que dicho sea de paso, se multiplican a una velocidad que aterra, pese a los buenos deseos que emanan de Palacio Nacional, donde reside el único intérprete fiel de los pobres de este país, a los que más quiere, si no, los únicos por los que batalla cada día, y a los que se debe.

“sin intermediarios”

Con base en un juicio sano, ¿usted cree que esto resulte viable para que el fondo disponga anualmente de alrededor de un billón de dólares?, que se repartirían “sin intermediarios”, claro, y a través de tarjetitas, a los 750 millones de personas más pobres del mundo que demandan con absoluta certeza una gigantesca canasta que dispensaría la limosna universal, e implicaría una especie de pase de charola a las personas, países y/o empresas, del tipo de las que tanto se critica y aún se les ahuyenta de México de manera cotidiana.

Así, parece que el principal problema de las ideas, iniciativas, pensamientos justicieros, principios morales y otros más que lanza el presidente es su inviabilidad práctica, y financiera incluso. Lo animan los mejores deseos, pero bien sabemos que así no funciona desafortunadamente la realidad, y mucho menos constituye la manera de cambiarla. Si, ciertamente, la caridad es una cualidad humana, pero se inventó para compensar la falta de justicia que rige al mundo, no de ahora, sino nos guste o no, desde siempre. Sabemos además que la caridad tampoco resuelve el drama de la pobreza, si acaso puede paliarla en el mejor de los casos. Ojalá todo fuera tan sencillo como regalar dinero al pobre para resolver los problemas que nos agobian como género. Ojalá también fuera posible que los grandes retos humanos se resolvieran a punta de deseos y buena voluntad, si acaso. Es claro que si fuera así, otro gallo nos cantaría.

Urgen otras fórmulas y aún iniciativas que rebasen la dádiva

Hace casi tres años, en México se regalan dinero y/o becas, pero la pobreza goza de cabal salud. Y conste, digo esto con pesar y preocupación. Urgen otras fórmulas y aún iniciativas que rebasen la dádiva, una práctica que en la mayoría de los casos degrada y humilla a la mayor parte de las personas que aparentemente se benefician porque las convierte en dependientes y termina por hacerlas casi siempre improductivas, además de conformistas y resignadas. Faltan iniciativas viables, realistas, y muchas voluntades prácticas.

Roberto Cienfuegos es licenciado en Ciencias de la Comunicación y Maestro en Dirección Comercial. Su trabajo periodístico en México, América Latina, Europa y Asia ha sido publicado por McGraw-Hill, la revista colombiana Dinero, las agencias noticiosas Ansa (Italia), United Press International (UPI de Estados Unidos) Xinhua de China y Notimex de México, los diarios La Opinión de Los Angeles, Hoy y The Dallas Morning News.

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