Singladura / Estos muertos que ves

Por Roberto Cienfuegos J. / @RoCienfuegos1

¡Cuántos asesinatos hay en México! Esta frase del Papa Francisco debería estar retumbando en Palacio Nacional.

¡Cuántos asesinatos hay en México! Esta frase del Papa Francisco para deplorar el asesinato en la sierra Tarahumara de sus hermanos jesuitas, Javier Campos, de 79 años, y Joaquín Mora, de 80, así como del guía Pedro Palma, debería estar retumbando en Palacio Nacional, pero está sobradamente claro que no es así, lo que marca una doble tragedia en este país, nuestro país, asolado como nunca -así se niegue, se encubra o se disimule- por la peor hecatombe criminal en tiempos contemporáneos.

Foto: El Sol de México

Tampoco se trata por supuesto de encubrir, negar o disimular esta misma hecatombe criminal, sobradamente documentada en México, desde que Felipe Calderón declaró en 2006 la guerra contra el crimen y el narcotráfico, esto como parte de una estrategia tan fallida como la que seguimos padeciendo hace ya 16 años, con distintos nombres y en diferentes momentos, pero que trasunta la incapacidad gubernamental de detener la orgía de sangre en México.

Se conoce por informes diversos que en la misma región donde fueron ultimados los sacerdotes y Palma también se ha ejecutado a activistas, periodistas e incluso  visitantes.

Y sin embargo, el gobierno que encabeza Andrés Manuel López Obrador ha insistido en que su estrategia de “abrazos y no balazos” proseguirá en su sexenio sin cambio alguno porque “está probada”, así haya un clamor nacional por un cambio de estrategia para el combate al crimen y se impida la impunidad. Entre los llamados al presidente, destaca el hecho por el sacerdote jesuita Javier “El Pato” Ávila, durante las exequias de los religiosos en Chihuahua. “Los abrazos ya no nos alcanzan para cubrir los balazos”, dijo en la misa de cuerpo presente. Pero López Obrador, bien conocido por su terquedad, rehúsa siquiera a una evaluación.

Tampoco privilegia la detención de los capos del narcotráfico, y con frecuencia parece enviar señales de que tolera a las bandas delictivas, cuyos miembros -ha dicho públicamente- deben ser protegidos porque también son seres humanos.

En 2021, el general Glen VanHerck, jefe del Comando del Norte de las fuerzas armadas estadounidenses, consideró que el gobierno de López Obrador ha cedido hasta un 35 por ciento del territorio del país a las bandas criminales, entre ellas las que operan a escala trasnacional, algo que ha negado el gobierno de la 4T.

Recién este mes de junio, la Oficina de Investigaciones Legislativas del Congreso estadounidense dio a conocer un informe según el cual, López Obrador “promueve políticas enfocadas en las raíces de la criminalidad, pero su gobierno no lleva a cabo operaciones antinarcóticos sostenidas”, y añadió: “logró pocos de sus objetivos anticorrupción y en el campo de la justicia penal”.

Foto: EFE/Daniel Ricárdez

En medio de esto, lo cierto es que los mexicanos parecemos más bien inmersos en una polémica para determinar cuál de los gobiernos, los tres últimos, incluyendo el que está en curso, registra números menos altos o más elevados de muertos, desaparecidos, sepultados, y/o violentados.

Aunque haya evidencias de sobra en contrario, hay que apuntar que no se trata de un concurso para ver quién arroja menos o más cifras de cadáveres, como se viene pretendiendo hacer en un intento claro de encubrir, negar o disimular la responsabilidad que cualquier gobierno en México y el mundo, tiene frente a una tarea que en México se torna cada vez más colosal: cumplir y hacer cumplir la ley con base en las normas y las instituciones de procuración de justicia.

Ya se ha hecho prácticamente una costumbre la competencia de este gobierno con los anteriores, como si eso fuera en algún sentido útil a la ciudadanía, que sigue flagelada por los criminales y los saldos de ésta, que a contrapelo de una polémica o debate público, resultan cada vez peores. Es ridículo, insensato y aun irresponsable, mostrar estadísticas para dejar ver que hay presuntamente una diferencia.

Los muertos allí están, lo mismo en el gobierno de Calderón, que en el que encabezó Enrique Peña Nieto e igual que durante la gestión de López Obrador. Números más, o números menos, qué más da; no altera en nada el drama, que permanece, con todo el dolor que implica para cientos, miles de familias mexicanas.

La irresponsabilidad y el fracaso de estos gobiernos son más que palmarios, así se pretenda negar, encubrir o disimular.

Los muertos que ves, que vemos todos, allí están regados en buena parte de la geografía mexicana, hoy profundamente adolorida y aquejada, peor todavía, por una impunidad e irresponsabilidad que asquea.

Foto: Presidente

Corresponde al gobierno de López Obrador hacer algo, rápido y muy bien, para enderezar el rumbo en materia de seguridad. No hacerlo, como no lo ha hecho, será su mayor fracaso, el mismo que caracterizó a las gestiones que lo precedieron, y a las que tanto culpa como si el fracaso de aquellas exculpara e impidiera el suyo propio según es más que evidente, pese al recurso propagandístico y aún político de recurrir al pasado para negar, encubrir o disimular lo que está pasando de manera puntual y precisa en el México que gobierna.

El país sigue pagando una cuota de sangre, inaceptable, como inaceptable resulta un debate con el pasado que no resuelve ni un ápice el dramático momento mexicano.

Los asesinatos de los sacerdotes jesuitas Javier Campos Morales, de 78 años, y Joaquín César Mora Salazar, de 80, así como el de la tercera víctima, Pedro Eliodoro Palma, deberían marcar un punto de inflexión y aún de reflexión sobre la ola criminal que estremece a México hace más de tres lustros. Es claro que cualquier asesinato, como los miles que se acumulan en México, son motivo de dolor, preocupación y coraje entre los mexicanos.

Es un hecho que la violencia y el crimen que aquejan al país, constituyen hoy el peor problema nacional, y uno que impacta de manera grave otras esferas críticas del país, así esto no quiera verse y mucho menos atacarse bajo un enfoque de seguridad nacional y donde está en riesgo incluso la viabilidad del Estado mexicano.

Es tiempo ya de emprender acciones discutidas y consensadas entre todos los sectores del país para romper esta espiral violenta y criminal que impide la construcción del país y amenazan por sí sola con dar al traste con la propia Cuarta Transformación, dicho esto sin exageración alguna.

Es tiempo de dejar de polemizar y menos de sacar cuentas de en qué gobierno hay menos o más muertos. ¿Sirve de algo? ¿Es menor la responsabilidad? Es tiempo de evitar el festín sobre las cifras fatales en el país porque todas y cada una de esas muertes, duelen, angustian e indignan.

¡Cuántos asesinatos hay en México! Expresó Francisco al lamentar el asesinato de sus hermanos jesuitas en una iglesia de Chihuahua. El Papa no refirió cifras. Duelen más los asesinatos que los números. Y es tiempo de rectificar, aun y cuando cada vez haya menos tiempo.

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@RoCienfuegos1

 

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