Educación transformadora

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En breveStarbucks Diana Azucena Alcántara relata que cada tarde que recogía a sus hijos de la escuela se tomaba unos minutos para revisar las novedades que se anunciaban en un centro comunitario cercano a su casa, pues a ella siempre le gustó aprender cosas nuevas.

Su curiosidad la llevó a inscribirse en un curso de mujeres productivas promovido por la Universidad de Monterrey (UdeM); después se abrieron otras oportunidades respaldadas por universitarios de esa casa de estudios y, tras un camino de seis años, desde hace dos, Diana —con estudios cubiertos hasta la preparatoria—, decidió formar su propia empresa.

De 41 años y madre de dos niños, Alcántara forma parte del Proyecto Kimakul, auspiciado por el Centro para la Solidaridad y la Filantropía de esa universidad, que este año obtuvo una certificación por parte de Ashoka, una organización civil de reconocimiento mundial que impulsa el cambio social a través del emprendimiento en diferentes sectores, como pueden ser empresas, universidades y jóvenes.

El fundador de Ashoka, Bill Drayton, fue el primer personaje que acuñó el término de Emprendedor Social. Como parte de una iniciativa global creada en 2008 en Estados Unidos, se creó Ashoka Universidades y México fue el primer país en adoptar la medida fuera de Estados Unidos (EU), hace dos años y medio.

“Cuando lanzamos Ashoka Universidades nos propusimos encontrar a las 30 instituciones en el mundo que estuvieran integrando el emprendimiento social y es de mucho orgullo decir que de las 24 seleccionadas (hasta ahora), dos de ellas están aquí”, explica Ramsés Gómez, director de Ashoka Universidades.

Una de ellas es el Tecnológico de Monterrey, Campus Guadalajara, y la otra es la UdeM. Diana comparte que empezó a vender libretas bordadas a mano en las instalaciones de la UdeM cada quince días y que, al poco tiempo, jefes de área de la universidad comenzaron a solicitarle bocadillos para eventos, situación que se repitió una y otra vez. Fue entonces cuando decidió formar su empresa, Banquetes Kimakul.

La microempresaria ya no acude tanto al campus pues ahora sus clientes le hacen llegar sus pedidos vía correo electrónico, los que atiende desde casa.

“Me da gusto cuando en los eventos se acercan y me dicen: felicíteme al chef. Lo cierto es que los jóvenes me han apoyado con muchos tips para mejorar mis platillos, y también hago búsquedas de nuevas recetas en Internet”, comenta.

Iniciativa educativa

Grupo Financiero Santander México, en línea con la filosofía global de Santander, ha hecho del tema de la educación universitaria la columna vertebral de sus programas de responsabilidad social, destinando 97 por ciento de sus recursos a ese objetivo. Con los programas Universidades y Universia, Santander México ha canalizado a la educación mil millones de pesos (mdp) de 1996 a la fecha.

Tan solo en 2012 Santander Universidades otorgó 1,469 becas y con base en 161 convenios de colaboración con universidades favoreció a 60 por ciento del colectivo estudiantil de México. En ese año, 45 mil 229 estudiantes consiguieron empleo por medio de Universia, lo que representó el mayor apoyo a la educación universitaria por parte de una empresa en México.

Arturo Cherbowski“En Universia nos apoyamos con 327 portales de empleo y a la fecha hemos colocado más de 165 mil estudiantes en empleos”, dice Marcela Espinosa, directora de relaciones públicas y comunicación corporativa de Santander.

En 2005 Santander lanzó la primera edición del Premio Santander a la Innovación Empresarial donde universitarios pueden ver coronados sus esfuerzos con premios de 1.6 mdp, que reconocen dos categorías: la Innovación Empresarial y Negocios con Impacto Social. Recientemente se clasificó en otro aportado el tema de Emprendimiento Social, cuyo acompañamiento lidera Ashoka. El Premio Santander ha destinado a la fecha 10 mdp en premios en los 32 estados de la república.

“Los objetivos (para 2014) son continuar promoviendo la creación de iniciativas que permitan generar crecimiento económico por medio del desarrollo de diversos programas para promover la cultura de la innovación y el emprendimiento entre los universitarios”, indica Arturo Cherbowski, director general de Universia México y director ejecutivo de Santander Universidades.

Así, los planes de este año incluyen el impacto de 3 mil emprendedores y un incremento de 30 por ciento en proyectos de negocio.

Alianza fructífera

Por los universitariosLa relación de los programas clave del banco de origen español con la iniciativa de Ashoka Universidades fue natural, y no se hizo esperar.

“Santander ha sido un aliado clave para gestionar el movimiento de emprendedor social en México; fue nuestro primer socio y donante”, precisa Ramsés Gómez. Los recursos económicos aportados por el banco permitieron a Ashoka realizar un mapeo de las universidades mexicanas que querían incorporarse al movimiento “emprendimiento social”; sus plataformas han respaldado una serie de diplomados, seminarios, cursos y charlas que permiten sumar cada vez a más personas y organizaciones.

La institución bancaria también ha financiado becas para el traslado de académicos, personal administrativo y alumnos de universidades mexicanas al evento anual “Exchange”, que se ha convertido en el acontecimiento más importante dentro de Ashoka, donde las casas de estudio de todo el mundo comparten sus prácticas de innovación social.

Plan y acción

Si bien el programa tiene claros lineamientos de formación de redes de emprendedores sociales para resolver nuevas problemáticas en cada esfera de cualquier sociedad, hasta hace cinco años, antes de la formación de Ashoka Universidades, hacía falta la pieza que impactara el ecosistema de las universidades.

“Es una forma de repensar qué es lo que los estudiantes están haciendo por las sociedades donde se desenvuelven”, añade Ramsés Gómez.

Ashoka Universidades contempla la creación de campus universitarios transformadores (Chage Maker Campus), lo que se refiere a aquellos espacios en el mundo que están registrando avances en el tema del emprendimiento social con criterios de excelencia, los cuales deben pasar un proceso de certificación.

Uno de los compromisos de estos campus transformadores es incidir en el cambio estructural de la curricula del estudiantado, con el fin de que el emprendedurismo social y el desarrollo de habilidades estén presentes, sin importar la carrera que estudian los jóvenes. “Hay una serie de pasos donde los acompañamos para entender cuál es la dinámica, quiénes son las personas clave; cuáles son las iniciativas; cómo pueden colaborar entre ellos y de lo primero que nos damos cuenta es que están haciendo cosas muy importantes, pero que no necesariamente están integradas”, refiere Gómez.

El Instituto Tecnológico de Monterrey recibió la acreditación hace poco más de un año, mientras que la UdeM la obtuvo durante 2013.

“Son líneas que van más allá, para que el joven no diga: estoy cinco años en la escuela y me voy, sin devolverle nada a la comunidad”, señala por su parte Mónica Bilbao, de la Coordinación de Proyectos Productivos del Centro de Filantropía de la UdeM.

Bilbao indica que el movimiento que promueve Ashoka está disponible para todo el sistema escolar, desde estudiantes universitarios hasta posgrados, lo que implica una comunidad de 12 mil estudiantes.

Beneficiarias

La comunidad universitaria de la UdeM hacía recorridos frecuentes a zonas populares de la ciudad y periferia de Monterrey para dar diversos cursos de capacitación, especialmente a mujeres, y contribuir con eso a mejorar sus niveles de vida. Sin embargo, al poco tiempo se percataron de que no estaban atendiendo sus requerimientos, y que básicamente lo que demandaban eran fuentes de empleo.

En una siguiente etapa, las mujeres ya estaban vendiendo alimentos y artesanías en el kiosco de la universidad, lo que poco a poco se convirtió en una actividad formal, con un horario de atención de las 08:00 a las 17:00 horas, en los días que permanecen activas las instalaciones.

“Esa es una parte de c rear soluciones para problemáticas sociales reales”, apunta el directivo de Ashoka Universidades.

Una de las personas que también se ha visto favorecida por esta dinámica es Elsa Yáñez García, ama de casa de 43 años, que hoy opera junto a otras tres mujeres más la cooperativa Dulces Artesanales Kimakul, con especialidades gourmet. En esta unidad productiva, Elsa y sus socias preparan dulces, cocadas, cacahuates garipañados y mazapanes.

“Somos amas de casa y no nos imaginamos que seis años después estaríamos vendiendo nuestros propios productos; gracias a Dios nos ha ido muy bien”, señala orgullosa.

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