Primera escuela autosustentable

NiñosEl Programa de Escuelas Auto Sustentables (PEAS) desarrollado en México por ING y la organización Happy Hearts Fund (HHF) ha dado sorpresas agradables. En un tiempo relativamente corto sumó iniciativas cuya finalidad apuntaban al mismo objetivo: apoyar la educación de niños en medio de situaciones de desastre natural.

Si bien la tarea más difícil no fue identificar los casos con estas características, que en el país se cuentan por decenas, el reto mayor consistió en hacer la elección más adecuada para que los recursos tuvieran el mejor destino. Después de varios meses de exploración y de visitar más de 30 escuelas se tomó la decisión: la escuela beneficiada con recursos por aproximadamente 2.4 millones de pesos estaría ubicada en la ranchería El Río, del municipio de Jalpa de Méndez, en Tabasco.

Yalín CachoEn realidad no sólo se buscaba cumplir con la tarea de reconstruir una escuela primaria involucrando a toda la comunidad respectiva; la idea que se tenía en mente era ir más allá y desarrollar por completo el concepto PEAS, que tiene su antecedente en Perú. En México, entre otros desafíos, implicaba que en una segunda etapa se crearía una unidad productiva.

Punta de lanzaTabasco, cuya orografía e hidrografía lo coloca como una de las zonas con más precipitaciones pluviales del país, en 2007 fue azotado por inundaciones no vistas en décadas, y en los años subsiguientes este fenómeno ha recobrado bríos haciendo estragos entre su población.

 

Dentro de ING, el impulso de Carlos Muriel, presidente y director general de la financiera en América Latina, a los temas de responsabilidad social fue clave, con sus cinco pilares básicos: Oportunidades para los niños, Promoción de la diversidad, Medio ambiente, Difusión de la cultura y Educación financiera.

La otra parte fundamental, pues sin ella no se hubieran podido alcanzar los objetivos que hoy colocan al programa en su tercera fase, era contar con los aliados correctos. Ya identificados los actores, las piezas del proyecto se fueron acomodando y, aunque hay nuevos desafíos, la ruta ya está trazada.

“Ahora contamos ya con una plataforma legal y con un programa, pero empezamos picando piedra, persiguiendo a la gente de gobierno, hablando con la comunidad constantemente, haciendo un trabajo propio dentro de ING para que el proyecto fuera autorizado”, explica Yalín Cacho, subdirectora de Responsabilidad Social de ING para México y América Latina.

El PEAS comenzó como un programa de ayuda a escuelas en Perú en 2005, a raíz del terremoto que se suscitó en el país sudamericano en aquel año, y en 2008 coincidió con los objetivos promulgados por la organización Happy Hearts Fund con sede en Nueva York.

La iniciativa también llamó la atención de Architecture for Humanity, otra organización internacional sin fines de lucro que lleva soluciones arquitectónicas a crisis humanitarias y servicios profesionales de diseño a comunidades con necesidad de apoyo.

Para el proyecto en México, Cacho recuerda que la donación de los recursos que estaba realizando ING como organización no se liberó de inmediato. El antecedente de una burocracia engorrosa y los malos manejos de recursos recabados para programas sociales en épocas de desastres les recomendó prudencia. Así, el monto fue depositado en una cuenta de fomento social de una institución bancaria. Con los órganos de vigilancia aprobados, los recursos llegaron al gobierno del estado a través del Instituto Tabasqueño de Infraestructura Física y Educativa (ITIFE). “El ITIFE nos propuso ciertas escuelas y nosotros decidimos cuál apoyar en términos de costo, facilidades y compromiso de la comunidad. Todo coincidió”, añade la ejecutiva.

RUTA DEL APOYO

En breve Apoyo global en TIEn 2007 ING lanzó una campaña interna de donación de recursos para ayuda a la población damnificada de Tabasco que tuvo muy buena respuesta, hazaña que se repitió el siguiente año. La administración de la empresa duplicó la aportación dada por sus trabajadores y el apoyo alcanzó 2.4 millones de pesos.

Con base en las relaciones que se fueron desarrollando con diversas autoridades, sociedad civil, pobladores y asesorías legales, ING y HHF seleccionaron la escuela primaria Arcadio Zentella para ser favorecida. Con 236 alumnos, los problemas donde estaban las instalaciones originales se suscitaban cuando la corriente del río Nacajuca se desbordaba de su cauce invadiendo la construcción, lo que cada vez ocurría con mayor frecuencia.

Los padres de familia, maestros y los pequeños estaban ya cansados de la zozobra constante que provocaban las crecientes del río, por lo que buscaron ser el grupoganador de los recursos proporcionados para su propio beneficio. Los pobladores de la ranchería El Río no quisieron más daños y se pusieron a buscar terrenos propicios para una nueva construcción.

“La escuela estaba bastante deteriorada y con riesgos de una catástrofe. Cuando se vino la primera inundación de 2007, donde 85 por ciento del territorio del estado quedó cubierto por las aguas, nos apuramos más”, relata José Amador Valenzuela, director del recinto de educación básica y uno de los promotores del proyecto.

Con 24 años de carrera magisterial, el docente ha aprendido otra lección: la importancia de que los pobladores se unan para mejorar su entorno y no esperar a que otros vengan a salvar la situación. “Te das cuenta que no toda la carga es para los gobiernos, pero que uno solo tampoco puede responder a todas las necesidades de una población. También de que los recursos se deben manejar con equidad, con transparencia.”

La escuela primaria ahora cuenta con aulas espaciosas, llenas de luz, funcionales y cómodas. Además, con un centro de cómputo equipado con 20 máquinas, todas ellas conectadas a un servicio de Internet de alta velocidad; y un salón enfocado a educación especial, para niños con capacidades diferentes. Ambos espacios son atendidos por profesores especialistas en cada ramo. La escuela fue reinaugurada en sus nuevas instalaciones el 11 de marzo de 2010 por las autoridades estatales y municipales.

GENERAR MÁS

Jorge Harp

Valenzuela añade que una vez que la escuela fue cambiada de sitio y reconstruida en terrenos sin riesgos de inundación, vino un nuevo desafío: estar al pendiente de una unidad productiva cuyos ingresos tuvieran como destino los trabajos de mejoras que requerirá el nuevo centro escolar.

Yalín Cacho relata, en tanto, que para llegar a este punto se evaluaron los servicios de asesoría de varias instituciones expertas en desarrollo de negocios. Finalmente, se eligió al Instituto Panamericano de Alta Dirección de Empresas (IPADE).

“Un especialista del IPADE literalmente se vino a vivir dos meses y medio a la ranchería para analizar cuál era el negocio que más convenía desarrollar por las características de El Río”, explica la directiva de ING. Se llegó a la conclusión que se echaría a andar un negocio de agua embotellada y los padres de familia de la escuela Arcadio Zentella serían los distribuidores del producto, no los fabricantes.

Esta parte del proceso se relacionó con la empresa local La Victoria, la cual tiene 40 años de trayectoria. Cacho explica que La Victoria vende el agua al precio de producción y la ganancia íntegra se va a una cuenta mancomunada. “Los padres de familia y la mesa directiva cuidan que así suceda. Además existe un reglamento que indica las rutas de distribución, las existencias del producto y un control sobre el encargado de la tienda”.

Ahora, la unidad productiva tiene una modalidad: las tareas de reciclaje de botellas PET, que involucra a todos los pobladores de la ranchería, padres de familia, maestros y alumnos. El contrato lo vio ING con un reciclador de la ciudad capital, Villa Hermosa.

El director de la escuela Arcadio Zentella explica que todos los viernes, los grupos invitados a participar traen bolsas con la recolección de botellas PET; ING ha logrado en acuerdo con una empresa de reciclaje para este fin.

“El impacto va a ser para la comunidad, que se está dando cuenta de que algo está pasando con la escuela, con el negocio sustentable y que los padres de familia sepan que eventualmente pueden trabajar en la distribuidora. Lo valioso es el cambio que se está dando en la comunidad”, menciona Cacho.

El área de cómputo de este centro educativo, extendido en un área de 8 mil metros cuadrados, donde además está el espacio de recolección y la unidad productiva (distribuidora de agua), está dotado de un servicio de vigilancia sensorial donado por uno de los participantes más activos en este esfuerzo, Jorge Antonio Harp, miembro del Consejo Ciudadano Reconstrucción de Tabasco.

Harp, empresario originario de Oaxaca pero con varios años viviendo en Villahermosa, coincide con la postura de ING sobre el cambio de cultura que se puede formar en comunidades marginadas cuando se dan cuenta de que los programas generan resultados.

Policía municipal de oficio, José Juan de la O. Molo, un padre de familia con una niña en tercer año de primaria en el centro Arcadio Zentella, asegura que en poco tiempo los cambios han sido positivos. “Mi niña ahora quiere seguir estudiando”, afirma.

Renán López Sánchez, presidente municipal de Jalpa de Méndez —un poblado de 75 mil habitantes ubicado en el noroeste de Tabasco—, explica que parte de la fuerza laboral de la región proviene de la agricultura, el petróleo y del magisterio, con casi 10 por ciento de su población aglutinada en estos gremios.

“La promoción de la docencia y la educación son banderas de mi gobierno y siempre daremos todas las facilidades para que esto suceda y para que cualquier iniciativa interesada en la comunidad tenga progreso”, asegura este abanderado del Partido Revolucionario Institucional (PRI), cuyo mandato inició en enero de 2010 y concluye en diciembre de 2012.

El caso del centro escolar Arcadio Zentella, le despierta admiración por las metas logradas; de hecho el municipio participó en la dotación de aires acondicionados para las aulas y promete techar su plaza cívica.

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