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Los políticos más twitteros

Seguidores y seguidosEscribir un mensaje en 140 caracteres no es un reto fácil, mucho menos para quienes están acostumbrados a endulzar a diario los oídos de sus electores. Desde que Obama lo puso de moda en Estados Unidos, los políticos mexicanos comenzaron a buscarlo. Intentaron comprenderlo y se aventuraron a utilizarlo. En 2009, la mayoría subía a su cuenta alguna frase dicha en otro lado:

“Para que los que menos tienen, tengan al menos algo”. Otros anunciaban su blog o su página de Internet. Uno que otro se atrevió a adelantar su agenda: “Voy para San Juan, a un mitin con campesinos”. Y sólo los más audaces entraron a dialogar.

Desde entonces, Twitter se ha convertido, para muchos, en una fuente de información y entretenimiento, incluso más confiable que los medios tradicionales.

Pero, señores políticos, ¿para qué twittear? Toda la comunicación estratégica tiene un solo objetivo: convencer a otros para que tomen decisiones favorables a nuestra agenda. Votar por nosotros, comprar nuestros productos, simpatizar con nuestros partidos, apoyar nuestras políticas públicas, etcétera. Quienes quieran hacer política en Twitter no pueden olvidar esto. Pero la naturaleza de este espacio es muy diferente a los medios de confort a los que están acostumbrados. Muchos políticos han sido golpeados fuertemente por los twitteros y creo sinceramente que su problema ha sido que no entendieron, ni la naturaleza de la herramienta ni a las personas con quienes se estaban comunicando.

Preguntándole a algunos twitteros críticos, me encontré con una lista de lo que odian de los políticos en este espacio. A continuación la comparto para que, si usted está interesado en twittear, evite caer en los mismos errores:

1. Creer que vale más por su imagen o su cargo que por sus contenidos El mayor valor de Twitter es la capacidad de réplica de los mensajes. Para que la gente replique lo que uno dice, no basta con tener una buena imagen o ser gobernador. Se necesita que lo que diga sea relevante y atractivo para que otros lo quieran hacer propio.

2. Que no contesten. Twitter —como casi todas las redes sociales— es mucho más que un medio. Es un espacio. Es un lugar virtual donde la gente se reúne a platicar. Esto implica que no podemos pretender controlar lo que se dice ahí, ni mucho menos lo que se dice de nosotros. Tampoco podemos creer que es un medio unidireccional. Si usted va a una plaza pública o a un bar, y alguien le saca plática, ¿lo ignora? Seguro que no. Entonces no lo haga en la red, porque esa persona y sus 30 ó 3 mil seguidores se darán cuenta de ello y jamás volverán a acercarse a usted. Incluso hablarán mal de usted en la primera oportunidad que tengan.

3. Que tengan a otros twitteando por ellos. Volvemos al ejemplo de la plaza pública. Cuando usted camina por el mercado ¿trae a sus asistentes o a un doble hablando con la gente a su nombre? Tampoco lo haga en Twitter.

4. Que sigan a todo el mundo. Una persona, y sobre todo un político, que se pone a seguir a todos, evidentemente está simulando. Un twittero en México publica 4.5 veces por día. Si un político dice que sigue a il personas, quiere decir que recibe por lo menos 4,500 mensajes diarios. Si tuviera tiempo de leerlos, ¿a qué hora trabajaría? Muchos cometen el error de seguir a todo mundo el primer día que abren su cuenta para buscar que los sigan. Cuando nos damos cuenta de ello los borramos de nuestra lista de contactos y nunca más los volvemos a poner.

5. Que no sigan a nadie. Es muy arrogante no seguir gente. Es como pasearse en la plaza pública con los oídos completamente cerrados a lo que dicen los demás. Quien no sigue a nadie le está diciendo a la esfera pública que la opinión de sus electores o representados no es importante.

6. Que no digan la “neta”. En Twitter, los políticos más exitosos son aquellos que se muestran tal y como son, y no intentan esconderse detrás de su avatar. Hoy las comunidades virtuales tienen la gran posibilidad de verifi car lo que los políticos dicen en menos de 15 segundos buscándolo en Google. Esto implica hablar siempre con absoluta honestidad, congruencia y consistencia. Si hoy su partido lo obliga a tener una postura contraria a la que tuvo en el pasado, lo van a cachar. Si miente, también.

7. Que no toleren la crítica. Parte de la naturaleza de ocupar un cargo público implica estar en el escrutinio de los electores o pagadores de impuestos interesados. Que usted, como político, no pueda escuchar lo que otros dicen, no quiere decir que no lo digan. Muchos han abandonado Twitter porque “les pegan mucho”, o han eliminado de su timeline a personas que hablan mal de ellos. Dialogue, escuche, algunas de estas voces críticas pueden aportarle. Y si lo están calumniando o difamando, enfréntenlos. Podría hacerles cambiar de opinión, o por lo menos lograr que dejen de hacerlo.

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