Mi campaña política ¿DE DÓNDE SACO DINERO?

Operación colectaLas campañas son guerras sin sangre, y como toda guerra, las ganan quienes tienen más recursos. “Los votos cuentan, los recursos deciden”, dice la creencia generalizada. Pero los recursos no sólo se refieren al dinero —que suele ser decisivo cuando se usufructúa la miseria con clientelismos o compra de votos—, también son recursos el talante y el tiempo del candidato, el trabajo voluntario y, desde luego, una estrategia acertada.

Nuestra legislación dispone precampañas y campañas caras, porque al ser cortas y mediáticas requieren del empleo de publicistas y del uso intensivo de la televisión, lo cual provoca que la participación política se dé sólo en las elecciones y se reduzca al ciudadano a mero consumidor, sin estimular el compromiso de los candidatos con sus electores, empobreciendo la política y la democracia.

Dado este alto costo y la disparidad de recursos de partidos y candidatos, la ley establece topes a los gastos de las precampañas y campañas, y otorga acceso igualitario a los medios electrónicos mediante la compra de tiempo comercial a través del IFE, para que las elecciones sean más equitativas. Además prohíbe a partidos, candidatos y terceros, contratar tiempos de radio y televisión, para que las victorias o derrotas electorales no se determinen por el poder del dinero o la manipulación de los medios.

Con propósitos similares, la ley otorga financiamiento público hasta en 90 por ciento del tope permitido. Se prefiere esta opción como el mal menor, pese a que se grave el presupuesto gubernamental y también se aliente la “partidocracia”, pues contando con abundante dinero público los partidos no necesitan del de los electores ni de sus militantes.

EL 10% MÁGICO

ParticipaciónEn este contexto legal poco puede hacerse para acrecentar el financiamiento público, que representa 90 por ciento del total, pero sí mucho respecto al margen restante de 10 por ciento, que corresponde al financiamiento privado. Éste debe ser nacional, abierto y transparente en su origen, sujeto al escrutinio público y fiscalizado

Salvo los recursos obtenidos en colectas realizadas en mítines y en la calle, cada persona que aporte debe identificarse como ciudadano y contribuyente; además, se prohíben las contribuciones de extranjeros, de organizaciones gubernamentales de todos los niveles, del clero y de las empresas mercantiles, para que la política se reserve exclusivamente a los ciudadanos mexicanos.

La ley también pone límites a las aportaciones de particulares para que éstas provengan de medianos y pequeños donadores, y se restrinja así la influencia de grupos de interés y criminales. De igual modo, las contribuciones en especie deben constar en un contrato celebrado según las leyes aplicables. Importa colectar este 10 por ciento, porque hará falta y tiene efectos persuasivos en el electorado. Para obtenerlo se deben tomar las siguientes acciones:

1. Crear un comité de finanzas, con gente relevante en la circunscripción, y que haga las primeras 10 ó 20 aportaciones hasta el tope permitido, y que después cada uno consiga otras 10 o más.

2. Encomendar al comité la colecta de fondos, según el principio de hacer sentir a los donantes potenciales la emoción de la competencia, y de que conciban la victoria electoral como logro propio, que sin su ayuda no se obtendría. Si son motivados, también serán propagandistas espontáneos de la campaña.

VOLUNTARIOS DE ORO

Otra forma de acrecentar los recursos de una campaña es la incorporación de voluntarios a la misma. Esto tiene ventajas como mayor espontaneidad, credibilidad y ahorro de salarios; pero también implica las desventajas de la inestabilidad y el menor profesionalismo de los colaboradores. El ideal democrático es que las campañas las hagan los mismos ciudadanos convencidos de una causa o por un candidato, sin otro interés que el de obtener su triunfo.

Por desgracia, las campañas, y hasta las elecciones se han “mercenarizado”, pues muchos participantes esperan pago. Desde hace décadas es conocido el papel desempeñado por maestros de educación básica comisionados a las campañas, voluntarios” suigéneris, primero al servicio del PRI y hoy del PANAL.

Voluntarios espontáneos y convencidos de una causa contagiarán mejor su fe y entusiasmo, por lo que contar con ellos será señal de triunfo. Éstos colaboradores deberán convocar, clasificar —conforme a sus capacidades y disponibilidades—, además de capacitar, asignar tareas, controlar el trabajo realizado y motivar a los electores participantes.

PARA LEVANTAR EL RATING

Hay otras acciones para acrecentar y hacer rendir más los recursos disponibles sin violar la ley, que pueden tomarse al preparar una candidatura y la campaña con anticipación. Tome en cuenta estas recomendaciones si usted piensa en un cargo de elección:

1. Realice actividades comunitarias años o meses antes de la elección, que aumenten el rating de reconocimiento de su nombre (el grado en que la gente lo identifica) y de “favorabilidad” (el grado en que la gente lo apoya) en su circunscripción. Así evitará gastar dinero y tiempo en darse a conocer y ganará ventaja respecto a otros aspirantes.

2. En el candidato están todas las potencialidades y todas las limitaciones de una campaña, debido a que es su recurso principal, ya sea en persona o en los medios, el candidato es la fuente principal de mensajes, imágenes y señales expresados en diversos lenguajes: oral, corporal, visual, icónico, etcétera, en los cuales infiere el elector cómo se desempeñará en el puesto que pretende. Por lo tanto, se requiere de un candidato de 24 horas. Prepare también a su cónyuge, lo puede sustituir en algunos actos y hasta hacer una campaña paralela.

3. Construya su base y sus redes sociales. Además de posibles votantes, valórelas como fuente de recursos para su campaña, ya sea como donadores o como voluntarios.

4. Elabore directorios del electorado de su circunscripción y manténgalos actualizados. Le permitirán comunicarse para cultivar relaciones y, en su momento, hacer campaña por correo e Internet. Las bases de datos también son un recurso valioso.

5. Esboce su plan y presupuesto de precampaña y campaña. Así sabrá en qué gastará cada peso y cuándo lo necesitará. También forme un fondo de “dinero semilla” para hacer frente a los primeros gastos La improvisación genera gasto inútil de tiempo y dinero.

Finalmente, no olvide que el propósito de la estrategia es asignar sus recursos para maximizar su fortaleza y minimizar su debilidad a lo largo del proceso electoral. Por eso una estrategia acertada es un recurso que potencia a todos los recursos de campaña.

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