“selfies” PELIGROSAS

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Una sola foto puede construir o destruir la imagen de los políticos, la tecnología puede ser utilizada como arma contra cualquiera

Surgieron con las redes sociales y se popularizaron con los teléfonos inteligentes de cámara frontal: este año las selfies mostraron una tendencia creciente entre los usuarios de Twitter incluyendo a figuras políticas de diferentes órdenes.

El primero fue quizá el presidente de Estados Unidos, Barack Obama. La fotografía que publicó en noviembre de 2012, tras confirmar su reelección, fue retuiteada hasta convertirse en una imagen icónica de redes sociales con más de 750 mil retuits hasta la fecha. Esa imagen, que si bien no es una selfie, sino una excelente toma fotográfica, muestra al mandatario en un momento personalísimo vinculado a su nueva etapa como presidente de los Estados Unidos (cuyas campañas contaron con un fuerte impulso en medios electrónicos y redes sociales).

Fue el mismo Obama quien despertó comentarios al hacerse una selfie con la primer ministro danesa Helle Thorning Schmidth y David Cameron, el primer ministro británico, durante el funeral de Nelson Mandela. En este caso, el momento —una ceremonia luctuosa para honrar al recién fallecido Premio Nobel de la Paz— no era quizá el más adecuado para una fotografía social, sin embargo acaparó miradas por encima de los propios honores que se rindieron a Mandela.

Hace muy poco, en México, dos jefas delegacionales del Distrito Federal se tomaron una usie con el presidente Enrique Peña durante un evento oficial y la publicaron en redes sociales. La imagen levantó los comentarios más diversos poniendo en entredicho su militancia y congruencia en el terreno político, y aunque la semanas posteriores intentaron resarcir su imagen al publicar otra fotografía con Cuauhtémoc Cárdenas, poco les mereció por parte de militantes y simpatizantes de su propio partido.

Al encontrarse en el terreno público, es imprescindible ser más cuidadoso respecto a lo que se publica en redes sociales, incluyendo fotografías e imágenes. Una vez que se ha publicado algo, permanecerá en el dominio de los internautas para siempre.

Aun aquellos elementos de los que no estamos conscientes al momento de presionar el botón aparecen en la fotografía, las cámaras fotografían todo. La selfie pretende ser una fotografía casual y espontánea, pero conviene no perder de vista detalles importantes:

• Actores: No sólo de las personas que se fotografían en primer plano, sino además quienes de manera incidental podrían resultar incluidas en la escena. Es importante cuidar su apariencia física y que quienes se han incluido deliberadamente, no hayan sido “cortados” en la toma.

• Accesorios: Es importante cuidar este aspecto en el arreglo personal, pues de notarse algún elemento ostentoso y dependiendo del cargo que ocupan los fotografiados, podrían ser objeto de críticas.

• Leyendas, anuncios y entorno: Debemos estar atentos a cualquier texto, logotipo o imagen que pudiera haberse colado en la toma y que discorde con los objetivos o plataforma que se promueve.

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No tener cuidado respecto a estos elementos puede favorecer una interpretación desfavorable de la imagen.

Los funcionarios públicos tienen un reto mayor para marcar una diferencia entre su vida personal y profesional. Si no se ha definido una estrategia de presencia en redes sociales, es importante mantener un control estricto sobre lo que publica —y lo que se publica sobre uno—, para lo que conviene contratar un especialista que elabore un análisis profundo de la imagen que se tiene en estas redes y recomiende estrategias para mejorarla y enfrentar posibles crisis.

*El autor es consultor de Guerra Castellanos y
Asociados.

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