Cómo conversar con China

Expo ChinaNo se trata de una sugerencia lingüística ni de entendimiento de un idioma; tampoco es una ironía expresiva, ni un título sugerente que evidencie la, de por sí, poco lucida relación bilateral que impera entre México y China. De lo que se trata es de hacer referencia a un atributo enteramente básico e indispensable en cualquier relación humana; desde luego también lo es, para una relación que buscando ser estratégica entre nuestro país y la nación asiática, merece analizar el aspecto más básico de trascendencia eficaz en la construcción de posibilidades que el presente y el futuro nos depara: la verdadera posibilidad de mantener una conversación sustentable con el país en comento.

China es hoy para México —y para el hemisferio americano— un tema de seguridad nacional. Hay que decirlo sin cortapisas ni vacilaciones lingüísticas. Para contar con un contenido estratégico en la relación bilateral que me ocupa, urge provocar esfuerzos de mayor profundidad y humildad en la comprensión de lo que está sucediendo hoy en China.

Estamos viviendo la cristalización de lo que evidencia ser la nueva Guerra Fría del siglo, al menos la cronología de los acontecimientos de los últimos tres años así lo propician. China ha establecido su nuevo tipo de cambio en 6.35 yuanes por dólar. Cuando yo vivía en el país asiático hace siete años, el tipo de cambio era de 8.18 yuanes por dólar. La apreciación de la moneda, la provocación estadounidense en las declaraciones bilaterales a la administración del asunto de los derechos humanos y, sobre todo, el desarrollo de inversiones que China está manejando en el mundo junto con el cáncer financiero que Estados Unidos tiene con China, están aumentando silenciosamente la atención de varios sectores hacia ese país, aunque el sensacionalismo noticioso no alcance a sensibilizar a las autoridades y empresarios de lo que la nación asiática está representando para el mundo.

El desarrollo sustentable de México y Estados Unidos, el uso de la mano de obra, la estrategia migratoria regional en Norteamérica, la explosión competitiva que México busca, todo ello hoy, sin regateos y aunque se reconozca o no, está y estará ligado en los próximos 50 años de manera directa e indirecta con el movimiento de China. La geopolítica que México quiera construir, si es que así lo desea y le merece su atención, pasará por los asuntos que China desarrolle.

Por ello, juzgo importante, y después de escuchar tantas impresiones de funcionarios públicos de México que reconocen el poco avance en una relación bilateral que flota en la mediocridad de las circunstancias, provocar en el ánimo de quien lea estas líneas el reconocimiento de que no hemos sabido ni sabemos desarrollar comunicaciones sustentables y estratégicas con China.

Es también opinión de muchos responsables públicos que los empresarios somos quienes debemos impulsar la estrategia nacional y la realidad con China. No nos equivoquemos, es el Estado aunado a la inteligencia ciudadana agrupada, quienes deben provocar a través de su pensamiento público–estratégico que los ánimos empresariales, académicos y políticos sigan una misma línea de acción, un frente a una estrategia común para el factor de seguridad nacional llamado China.

Insisto, esto no es un asunto de sintaxis ni de desarrollo verbal. China y México no se colocan entre sí en el reinado de la urgencia, porque no hay un hilo conversacional de ideas ni proyectos estratégicos que lo provoquen.

BASTA DE IMPROVISACIÓN

Gente ChinaLa improvisación estratégica reina en los asuntos bilaterales. No lo juzgo yo, lo evidencia la realidad: las exportaciones de minerales y del sector automotriz no son provocadas por una estrategia de políticas públicas ni por el sector empresarial. La emergencia económica de Brasil y de otras naciones africanas repentinamente volvieron importante a México, como relación sucedánea y fungible mientras esas regiones respiran un poco de su crecimiento explosivo con China.

Sin embargo, es urgente aprovechar la improvisación y las circunstancias en que nuevamente México está en el mapa de atención para China. Es urgente que el país provoque la necesidad de contar con un Consejo Gubernamental de Asuntos Asiáticos y que dentro de éste se genere la Academia de Altos Estudios Asiáticos, para formar estrategas de la relación regional. Urge que en la agenda de seguridad nacional se reconozca a China como lo que es, un asunto prioritario.

PARA EL NUEVO GOBIERNO

Provocar un plan estratégico con China y Asia para la administración pública que vendrá en 2012, habrá de llevar a profundas reflexiones sobre la reingeniería de un Estado mexicano que, aunque muchos defienden el romanticismo constitucional y el estado de cosas, el arquetipo de Estado mexicano no sintoniza con las necesidades y las urgencias del siglo XXI. Merecemos un Estado fuerte y eficaz con atribuciones y estrategia para sentarse en la mesa con la próxima potencia del mundo.

México requiere reconocer que el turismo transregional, que el sector agroindustrial, que el factor energético y minero junto con las enormes oportunidades que nuestra cultura tiene, y sobre todo varios ejemplos de políticas públicas sociales para aminorar la pobreza, pueden ser los elementos que despierten de inicio las líneas guturales que provoquen el ánimo para que China esté interesada en conversar verdaderamente con México.

Estas líneas no están animadas por un amarillismo sensacionalista, ni por un protagonismo deseoso de imponer ideas. Recorro simplemente a través de la cotidianeidad las circunstancias y los asuntos que me llevan a concluir lo urgente e imperioso que es aprender a conversar con China.

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