Cooperación internacional, poco aprovechada.

Banderas NacionesPorque el municipio es la unidad de gobierno más cercana a la población, toda necesidad se transforma en desafío y cada reto es una exigencia. Ante la complejidad que implican los múltiples compromisos municipales, la creatividad resulta ser una aliada para el éxito.

Con la creación, en 1971, de la Dirección General de Cooperación Técnica Internacional (DGCTI), dentro de la estructura de la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE), México se ha comprometido con la colaboración internacional. Un ejemplo es el Observatorio de Cooperación Internacional México (OCI).

Desde hace más de dos décadas y merced a la Ley de Celebración de Tratados, que data de 1992, los municipios mexicanos han suscrito y registrado ante la Dirección General de Coordinación Política (DGCP) de la SRE, más de 300 acuerdos con sus homólogos en el exterior, tanto de cooperación internacional como de hermanamiento.

Desafortunadamente, son muy pocos los que impactan favorablemente a las comunidades involucradas. La gran mayoría, una vez terminados los actos protocolarios, se convierten en letra muerta, en gran parte por la falta de profesionales capacitados para llevar a la práctica y darle peso a los contenidos de dichos acuerdos.

Sin embargo, en la actualidad, el municipio mexicano puede sacar un gran provecho de las cuasi ilimitadas bondades de la colaboración internacional.

MUNDIALIZACIÓN, POLÍTICA DE ESTADO.

EdificioPor una parte, la nueva administración del presidente Enrique Peña Nieto —que reposa en cinco ejes: México en Paz, México Incluyente, México Próspero, México con Educación de Calidad y México Actor con Responsabilidad Global— pretende, en materia de política exterior, consolidar al país como actor relevante del escenario global, donde la cooperación internacional para el desarrollo (CID) se insinúa como un instrumento privilegiado.

Asimismo, la Ley de Cooperación Internacional para el Desarrollo (LCID), que se publicó en el Diario Oficial de la Federación (DOF) el 6 de abril 2011, brinda una oportunidad excelsa para potenciar las buenas prácticas y mejorar las experiencias menos afortunadas.

Si bien dicha ley sigue identificando a México como receptor de oferta internacional en materia de CID, también promueve al país como oferente, lo cual es coherente con el perfil internacional que desde la década de 1990 se le ha buscado dar al país, como puede recordarse a través de la incursión en la Organización Mundial de Comercio (OMC), la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) y la firma de los tratados de libre comercio, entre otras acciones.

De esta forma también se hace honor al papel que, desde hace varios lustros, México ha desarrollado en capacitación de cuadros de países asociados, sobre todo en América Central y el Caribe, en los aspectos electoral, salud y desarrollo rural, entre otros.}

INSTRUMENTOS AL ALCANCE.

Hoy día los alcaldes de los 2,445 municipios del país pueden contar con el apoyo de la Agencia Mexicana de Cooperación Internacional para el Desarrollo (Amexcid), creada en 2011 por la antes citada LCID.

Los ediles también tienen a su disposición la DGCP que, a través del Micrositio de Gobiernos Locales, abre un espacio de información, orientación y apoyo a las autoridades locales para el mejor ejercicio de sus relaciones internacionales, especialmente en lo que se refiere a concretar con sus pares extranjeros interesantes esquemas de desarrollo.

La CID exige los esfuerzos conjuntos de por lo menos dos países en beneficio de sus respectivas poblaciones, con lo que permite la movilización de recursos financieros,humanos,técnicos y tecnológicos para promover el desarrollo internacional.

Es preciso agregar que existe una generosa presencia de organismos multilaterales, como el Sistema de las Naciones Unidas, las organizaciones regionales y de la sociedad civil, además de agencias extranjeras de cooperación internacional, acreditadas ante las autoridades mexicanas, que ofrecen asequibles esquemas diversificados para mejorar el nivel de vida de la población, entre los que se encuentran intercambios en materia de educación, cultura, deporte, ciencia y tecnología, industria y comercio, migración, medioambiente, seguridad y turismo, entre otros.

CUESTIÓN DE INTENTAR.

La fórmula del éxito no es mágica pero sí de sentido común. De hecho es bastante sencilla. Consiste en acercar las necesidades municipales a los recursos disponibles para superar los retos institucionales y cumplir con las exigencias ciudadanas.

Es verdad que cada esquema tiene características muy particulares: convocatorias complicadas, formatos complejos o información difusa que suele desalentar al potencial beneficiario.

También es cierto que todo se reduce a un tema de metodología que se resuelve con la adquisición de algunas herramientas de trabajo —manejo del enfoque de marco lógico, entre otros— y un ineludible y estricto apego a los principios universales de la transparencia y rendición de cuentas de los recursos devengados.

Cuando se desea que vientos renovados soplen a lo largo y ancho del país para el beneficio de los menos privilegiados se debe, más que nunca, aprovechar las estructuras nacionales e internacionales disponibles para la CID, una certera herramienta al servicio tanto de las comunidades como de los grupos sociales involucrados.

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