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Patrimonio intangible, una marca registrada.

MariachisAun año de que la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) declaró como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad al mariachi mexicano, las condiciones de trabajo no han cambiado para este gremio de músicos. “Todo sigue igual”, dicen mariachis de Garibaldi y otras plazas donde se ofrecen serenatas.

“No es suficiente con decir que el mariachi es patrimonio. ¿Qué necesitan los mariachis? Más publicidad”, asegura Israel, quien desde hace 14 años toca música tradicional mexicana en la conocida Plaza Garibaldi del Distrito Federal (DF).

Otro ejemplo. En 2009, los lugares sagrados de los otomí-chichimecas de Tolimán —principalmente el monolito o piedra de Bernal— fueron declarados patrimonio inmaterial por la Unesco. Sin embargo, la cabecera municipal de Ezequiel Montes, Querétaro, todavía no tiene un proyecto turístico para beneficiarse de esos activos.

“Vamos a revisar el proceso para ver si quedó algo pendiente”, comenta en entrevista Verónica Huerta González, responsable de Turismo en el ayuntamiento queretano.

Peña de BernalEl monolito de Bernal se encuentra situado a la entrada de la Sierra Gorda y recibe cerca de 5 mil visitantes nacionales y extranjeros por día en temporadas altas, como Semana Santa y otras festividades.

Con la postulación de expresiones culturales ante la Unesco, es evidente que el gobierno de México está interesado en proteger esa forma de riqueza intangible, pero su aprovechamiento social y económico todavía no tiene un panorama definido.

FALTAN PROPUESTAS.

Una declaratoria de patrimonio inmaterial tiene como primer propósito preservar en el tiempo las tradiciones, los vínculos sociales y los oficios —entre otros aspectos—, ya que se consideran como herramientas de desarrollo cultural de una región o grupo étnico determinado, explica Adriana Fabiola Poblano Ramos, presidenta del Consejo de los Pueblos y Barrios Originarios de la Ciudad de México, que agrupa a 189 comunidades.

MáscarasPero lo que hace falta son más esfuerzos de varios agentes —gobiernos Federal y locales, sociedad, especialistas y emprendedores— para detonar las posibilidades económicas de un nombramiento de este tipo. Al final de cuentas, “una declaratoria es como una denominación de origen o una marca registrada”, refiere Poblano Ramos.

NO SE TOCA, PERO SE SIENTE.

México y Colombia son los países de América Latina con más designaciones en la lista de Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, con siete registros cada uno. La Unesco define como bienes culturales inmateriales a “conocimientos y creencias que infunden en las comunidades y a los grupos un sentimiento de identidad y continuidad, con lo que se contribuye a promover el respeto a la diversidad y la creatividad humana”.

Hilario TopeteHilario Topete Lara, profesor de la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH), agrega que el patrimonio inmaterial “es todo aquello que no se puede tocar, pero se puede sentir. Se siente porque se escucha, como la música. Se siente porque se puede oler, como la gastronomía”.

No obstante, en su opinión, el concepto es más amplio, debido a la complejidad de una expresión cultural. “Lo que no se puede percibir son los significados, el sentido de una procesión, de conservar un traje ceremonial, una danza, los grupos musicales, los juegos tradicionales, todo eso está detrás de la categoría”, refiere el académico.

MariachisEl Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) y el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta) son las autoridades responsables de tramitar un registro ante la Unesco. Existen otras instituciones que, aunque no son la vía obligada para hacer la solicitud, son excelentes acompañantes, como las secretarías de Turismo y de Economía, los gobiernos locales y hasta la Presidencia de la república. “Eso ayuda mucho”, indica Topete Lara.

Sin embargo, el académico advierte que, en contraprestación, las instituciones públicas están obligadas a dictar políticas públicas y destinar recursos económicos que permitan cuidar dichos bienes.

EL AMARANTO, UN CANDIDATO.

Pero antes que las instituciones y los organismos internacionales, los especialistas consultados advierten que los herederos de las comunidades y los pueblos son los principales responsables de la defensa de su patrimonio cultural inmaterial, por lo que asimismo deben ser activos promotores en la búsqueda de fórmulas de protección.

Por ejemplo, el pueblo de Tulyehualco ha exigido desde hace seis años que los gobiernos del DF y el Federal impulsen la elevación del amaranto a la categoría de Patrimonio Inmaterial, lo que constituiría la primera denominación de este tipo para la capital del país ante la Unesco.

Expresiones

 

Al amaranto se le conoce también como alegría, pero su nombre en náhuatl es huautli, que significa “semilla que no perece”. Este producto agrícola puede conservarse de 10 a 14 años y tiene un valor proteínico superior a la soya.

Pese a estos esfuerzos, Poblano Ramos insiste en la importancia del acompañamiento institucional para alcanzar el resultado deseado. “Una de las tareas que tienen las instancias públicas es dotar a las comunidades de los instrumentos necesarios, para que ellas mismas puedan proteger su patrimonio cultural.”

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