Fin de año: tiempo de cerrar expedientes.

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El autor es Decano Asociado de la Escuela de Gobierno y Transformación Pública del ITESM. Twitter:@ArturoSanchezG; Facebook: Arturo Sánchez Gutiérrez (Figura Pública)

Nada más difícil para un nuevo gobierno que la acumulación de pendientes al final del año. Ése es el resultado de proponer una agenda muy ambiciosa, sin considerar los pormenores de la política mexicana. Peña Nieto termina su primer tramo en un ambiente de claroscuros y con retos importantes.
Entre los claros, es evidente que el Pacto por México fue la base de una estrategia que facilitó la construcción de acuerdos que de otra manera no se habrían alcanzado. Lo menos que se puede decir es que se abrieron muchos frentes de debate y los ciudadanos conocimos las diversas posturas que tienen los sectores de la sociedad sobre las reformas política, energética, fiscal y financiera y, desde luego, en educación.

El debate no siempre implica diálogo. Sin embargo, en cada tema los sectores de la sociedad encontraron el camino para expresar sus puntos de vista, desde los desplegados en la prensa para protestar por la reforma fiscal, hasta marchas y plantones para rechazar la educativa. En muchos casos la discusión se rompió, pero con todo, los medios estuvieron atentos para reportar la pluralidad de puntos de vista. Por lo demás, no deja de ser un importante logro la longevidad que manifestó el Pacto por México.

Sin duda, algunas instituciones —como el propio Congreso de la Unión— sintieron invadidas sus competencias y se manifestaron en contra de la conveniencia de mantener una estrategia de ese tipo. Pero los resultados muestran que todos estuvieron, de una manera u otra, incluidos en el debate.

Sin embargo, el nuevo gobierno levantó una importante expectativa sobre dos temas que no pudo resolver: el crecimiento económico y el combate a la delincuencia. El hecho fue que el “momento de México” se perdió en pocos días y la desaceleración económica, que para otros es ya una fuerte recesión, constituyó uno de los primeros elementos de desilusión de la segunda alternancia.

No sólo se trató de una crisis pasajera, sino que la estrategia económica por la que se optó no parece ser comprendida por la población: más impuestos, nueva deuda, un presupuesto austero y todo en medio de acusaciones de subejercicios que no se entienden con facilidad. Por otra parte, casos como el de Michoacán, con un alto nivel de violencia e ingobernabilidad en importantes regiones del estado —como Lázaro Cárdenas o Apatzingán—, parecen ser la continuación de un problema sin solución aparente.

Los oscuros de este primer año de gobierno generan una importante incertidumbre sobre el futuro próximo. El bono de confianza parece haberse agotado y ahora toca esperar a que se resuelvan los nuevos retos.

El paquete de pendientes no es menor. Ya no sólo se trata de realizar reformas que anuncien una transformación para el país. Ahora se deben impulsar los cambios para traer beneficios a la población. Por lo pronto, es necesario medir hasta qué punto son realizables los asuntos inconclusos como la reforma política, en primer lugar; la energética, en segundo, y el resto de promesas que incluyen la reglamentación de la reforma en telecomunicaciones.

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