Entre los 3 órdenes de gobierno Abundan vacíos y duplicidades

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Ife Niña Policías con escudo

Un sistema federal como el mexicano implica la distribución de responsabilidades y atribuciones entre los distintos órdenes de gobierno. Dicho esquema supondría la clara delimitación de funciones entre los distintos espacios de autoridad gubernamental con el objeto de optimizar recursos e incrementar el valor público. Sin embargo, esta suposición no es certera cuando nos asomamos a la práctica y podemos encontrar duplicidades, espacios de acción sin claridad en su delimitación y, más aún, necesidades que no están contempladas y que no tienen ni regla ni responsable para su satisfacción.

En este momento, más de un lector habrá arqueado la ceja y le habrán venido a la memoria un sinfín de actividades en las que se haya visto involucrado, donde la concurrencia de funciones gubernamentales crea más cuellos de botella que soluciones y beneficios para la ciudadanía.

Entonces, la relación entre el gobierno Federal, los estados y los municipios, se hace compleja en un esquema donde existen debilidades y deficiencias para su operación, y donde la dimensión política juega un rol determinante cuando los actores relevantes pertenecen a partidos o grupos políticos distintos, lo que dramatiza el problema. La relación entre los tres niveles de gobierno no se circunscribe únicamente a lo que la ley dice, sino que se enfrenta también a problemas de operación técnica, financiera y política que pueden perdurar por años.

VICIOS E INEFICIENCIAS

Puntos de conflictoExisten distintos ejemplos donde podemos ubicar duplicidad de funciones, entre órdenes de gobierno, que generan más problemas que beneficios. Tal vez el más claro y vistoso por la moda del tema es el de seguridad pública. A pesar de que las leyes parecen ser

claras en términos de responsabilidades y funciones de las policías municipales, estatales y federales, con respecto a los distintos tipos de crímenes que se presentan cotidianamente, al igual que los mecanismos de coordinación, tenemos casos de inoperancia e ineficiencia que rayan en lo absurdo. ¿Cuántos lectores no han visto violaciones simples a los reglamentos de tránsito frente a autoridades policiacas diversas, sin que nadie haga ni diga nada simplemente porque dicha autoridad no es responsable de sancionar la violación?, no digamos ya lo que pasa con crímenes como secuestros o el narcotráfico.

 

Otro caso de concurrencia se da en el desarrollo social. Debido a que la pobreza y los mecanismos de desarrollo se asocian en mayor o menor medida a prácticas clientelares, desde el gobierno Federal, los estados y hasta los ayuntamientos, todos tienen sus propios programas que atacan de manera dispersa y, en la mayor parte de las ocasiones, muy marginal, los aspectos que determinan la condición social de las personas, lo que aumenta el estancamiento e inhibe el desarrollo. Como ejemplo, a pesar de que sus públicos parecen diversos, los programas federal y estatales que destinan transferencias monetarias a adultos mayores, simplemente duplican recursos que podrían utilizarse de mejor manera si fueran enfocados a estrategias de desarrollo coordinadas y con objetos de largo alcance, más que a tratar de solucionar roblemáticas inmediatas sin beneficios perdurables para las mismas personas.

La infraestructura es otro espacio donde la duplicidad fortalece la ineficiencia y los vicios. La disparidad en los ordenamientos locales sobre la competencia de las autoridades para la construcción y mantenimiento de infraestructura entre autoridades estatales y municipales, se ve agravada con las acciones que en el mismo rubro realiza el gobierno Federal.

A MÍ NO ME TOCA

La lista es larga y en ella podríamos mencionar temas de educación, salud, empleo, etcétera, que simplemente provocarían un fuerte dolor de cabeza y un sentimiento de frustración. Pero lejos de pensar que son los únicos problemas entre el gobierno Federal, los estados y los municipios, podemos ubicar aspectos como los “huecos” de la relación. Cuántas calles, puentes, escuelas, crímenes, entre otros muchos aspectos, han quedado sin mantenimiento, construcción y solución, debido al pretexto de autoridades diversas en el sentido de que a ellos no les toca cargar con la responsabilidad, debido a la ambigüedad o inexistencia de normas. El problema es que en ocasiones esto beneficia a quienes deben solucionar el problema, por lo que la ambigüedad puede ser una herramienta más atractiva que la concreción.

Aún nos falta mucho por hacer para que nuestro federalismo funcione. Para que eso ocurra, la responsabilidad no es únicamente de los gobernantes, sino de la sociedad a partir de su capacidad para reaccionar y actuar sobre temas cuya resolución es fundamental para construir el valor público.

 

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