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Educando desde la solidaridad

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Es presidenta de la Organización No Gubernamental Y Quién Habla por Mí AC. Estudió ciencia política en el Tecnológico de Monterrey y se ha dedicado al fortalecimiento de políticas públicas, proyectos y legislación en materia de Derechos Humanos, especialmente en temas de seguridad, género y de protección de derechos de niñas, niños y adolescentes. twitter Twitter twitter Twitter

“Se quebró la tierra, pero se nos unió el corazón”
Frase colectiva

Los hechos que presenció el pueblo de México el pasado 19 de septiembre, dejaron un enorme dolor con una inigualable lección para México y muchos otros países. Los desastres naturales que han golpeado a México en distintos estados y que terminaron por desgarrar las más sensibles fibras de nuestra sociedad, el día 19 de septiembre con un sismo que devastó no solo las tierras, edificios y calles; sino el corazón y la paz de todas y todos los mexicanos sin distinción.

El dolor que provocó y provoca saber de víctimas fatales y de familias enteras que lo han perdido todo, en un primer momento causó una depresión generalizada que parecía paralizar los tiempos y los espacios a lo largo y ancho del país; causando además una consternación empática en otras naciones que no dudaron en solidarizarse con nuestro pueblo. La incertidumbre e incredulidad reinaron las primeras horas; sin embargo a modo de catalizador, esas horas de incertidumbre se convirtieron en el propulsor de una ola solidaria sin igual entre la sociedad mexicana que se extendió hasta la comunidad internacional.

No había pasado la tarde aun, cuando centenares de jóvenes tomaron las calles para subsanar el caos que estaba provocando la falta de luz, los semáforos descompuestos, los derrumbes y el pánico que dejó a su paso el sismo; además de ofrecer la colaboración inmediata en los lugares de mayor catástrofe para remover escombros y para levantar evidencia que contribuyera a pedir ayuda a través de redes sociales y otros medios para las personas más afectadas. Seguido a esto toda la ciudad parecía moverse al unísono, para ayudar a quienes habían sido afectados. Con una sonrisa, nerviosos(as) o entre lágrimas todas las personas buscaban contribuir a aminorar los daños. Fue el momento en el que se borraron clases sociales, lugares de origen, profesiones y cualquier otro elemento que causará división; fuimos una sola fuerza, una sola energía que tenía un objetivo común: sanar a México.

Las juventudes diversas de la ciudad, las personas adultas que se atrevieron a quitarse el terror acumulado del siniestro de 1985, brigadas de instituciones, personal militar  de Marina y SEDENA han trabajado en cuerpo y alma días y noches desde el día del siniestro. Tuvimos noticias que nos bajaron la moral y nos dejaron una cicatriz profunda como la de la fábrica de costureras o el colegio Rébsamen; estructuras colapsadas que provocaron decenas de personas fallecidas, niños y niñas entre ellos, que visten de luto a nuestro país. Sin embargo también hubo noticias de esperanza que  nos han invitado a seguir ayudando y a reflexionar sobre lo que hacemos a diario por las otras personas que nos topamos en nuestro andar, quienes quizá mañana estén poniendo parte de su vida para rescatar la tuya o la de alguien a quien amas, gente que a su vez puede necesitar un acto solidario o una simple sonrisa en ese momento; gente que se ha convertido en nuestra gente.

Este trágico momento nos ha hecho ver la otredad como una extensión de nosotras y nosotros mismos. Y la esperanza se sembró de aquí para adelante, cuando comenzamos a ver que niñas y niños comenzaron a contribuir en cientos de actos de solidaridad, la magnitud de esto implica que estamos hablando de una generación que se educa en la solidaridad y a través del ejercicio de la misma. Estamos hablando de una generación que está aprendiendo a modo natural el valor del dar y recibir solidaridad y empatía. Por ello es nuestra responsabilidad como personas adultas preservar este estado que nos da un aire de cambio real y sustantivo en tiempos presentes y futuros.

Casi sin darnos cuenta estamos generando una colaboración intergeneracional que de seguir por el rumbo que va, puede ser el primer paso para ese gran y tan buscado cambio que venimos implorando en México ya hace décadas. Démonos cuenta de que estamos siendo capaces de organizarnos colaborativamente y nos estamos auto-reeducando. La ruptura que acaba de haber en nuestra sociedad, implica un dolor profundo que llevaremos en nuestras mentes y corazones el resto de nuestras vidas, sin embargo estamos resiliendo como un organismo colegiado vivo con ganas de que nuestro corazón colectivo siga latiendo. Y además estamos logrando dejar a este acontecimiento como un legado para las próximas generaciones que más que cargar a México lo abrazarán con solidaridad, ética, confianza, esfuerzo y entereza.

One Comment

  1. Verifica tu gramatica y semantica antes de publicar un articulo, conjugaste mal “resiliencia”; no es resiliendo, tal vez quisiste decir “somos resilientes”.
    Solo es una opinión.

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