Lo que es bueno para la gente es bueno para la política

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La autora es gerente de Comunicación y Relaciones Públicas de LID Editorial Mexicana.

Autoridades, gobernantes, presidentes, dirigentes, directivos, superiores, jefes hay muchos, demasiados, a veces. Los líderes son mucho menos, y los buenos líderes apenas unos pocos. Es un fenómeno que sucede en el sector público, desde los estamentos federales hasta los municipales, pero también, en el sector privado, desde las direcciones corporativas hasta las jefaturas de departamento. ¿En dónde radica la diferencia entre unos y otros?  Liderazgo_gente_politica_Alcaldes_de_Mexico_Junio_2016

El tema del liderazgo es tan importante que se encuentra en el catálogo de todos los conferencistas, es tema obligado en el coaching, tiene presencia en cursos de la más diversa naturaleza o domina buena parte de los libros de superación personal. Por lo tanto, es fácil imaginar la inmensa variedad de fórmulas, alternativas, métodos y programas para llegar a ser un líder.

En lo que prácticamente todos coinciden es que el liderazgo es una armoniosa combinación de dos elementos fundamentales: cierta capacidad genética y, principalmente, un desarrollo personal orientado en esa dirección. A partir de ahí, para ser líder prácticamente cualquier método puede ser efectivo si se cultiva con disciplina y empeño. Sin embargo, durante los últimos tiempos ha ganado terreno un tercer elemento como esencial del liderazgo: la razón y el sentido de ese liderazgo. Es muy bueno ser un líder, pero es mejor saber para qué se es un líder.Liderazgo_gente_politica_Alcaldes_de_Mexico

La situación actual del mundo, prácticamente en cualquier región o tema y desde el municipio más pequeño hasta las dimensiones globales, es testimonio de que esos para qués se han confundido, extraviado u olvidado; dominan los qués, quiénes, cómos, cuándos, dóndes. Lo que el candidato tiene más claro en su campaña suele ser lo primero que se olvida al tomar posesión.

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Luis Huete y Javier García

La razón del líder, no sólo del político pero marcadamente de él, está en el bien común. El liderazgo cobra sentido cuando beneficia a la comunidad. Y esto se traduce en la vida diaria en decisiones de dirección, definición de políticas, actos de gobierno, cumplimiento de promesas, toma de compromisos, etc. El líder no ha de olvidar que lo que es bueno para él, para los individuos y la sociedad, es bueno para la política y los negocios, como lo recuerdan Luis Huete y Javier García, en su libro Liderar para el bien común, publicado por Editorial Lid; un libro que nos recuerda lo que parece obvio y nos dice, puntual y claramente, cómo hacerlo.

El líder, con frecuencia, marca el rumbo de su comunidad, por eso es que tiene la responsabilidad de a su experiencia y conocimientos sumar una intencionalidad que busque el beneficio de todos. Es por ello que la tarea del líder es inagotable ya que, a partir del dominio personal, debe saber gestionar los conflictos en su equipo, armonizar intereses y perspectivas, obtener resultados y, no perder nunca de vista el horizonte, siempre abierto y participativo, del bien común. Es la forma en la que una autoridad legitima su poder y transita hacia el auténtico liderazgo.

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