“Siembran” proyectos productivos

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Felipe VázquezFelipe de Jesús Vázquez es un hombre que ronda los 70 años de edad. Su rostro está agrietado, su andar es pausado y sus manos revelan una larga vida de trabajo. Tuvo 10 hijos y la mayoría de ellos migró a Estados Unidos (EU). No obstante el tiempo y la edad, Vázquez, junto con dos de sus descendientes, lleva a cabo la mayoría de las labores en su ejido ubicado en Santiago Ayuquililla, a 45 kilómetros del municipio de Huajuapan de León, en Oaxaca.

Felipe de Jesús no dejará pronto sus actividades pues tiene razones para continuar: una de sus hijas se fue junto con su esposo a EU en busca de una oportunidad de empleo, y a su cargo se quedaron dos pequeños nietos. Otro de sus motivos es el proyecto para sembrar jitomate y tomate bola en su invernadero El Mogote Rojo, de mil metros cuadrados, y que ha comenzado a rendir sus primeros frutos hacia finales de noviembre pasado. Los planes también incluyen que el fruto se comercialice en los estantes de la cadena minorista Walmart.

Al igual que cientos de productores de la región Mixteca, Felipe de Jesús busca que su jitomate tenga cada vez mejor calidad y canales de distribución óptimos, puesto que durante años se quedó en manos de “coyotes” que rebajan hasta 200 por ciento su precio. En su parcela complementa este proyecto con la siembra de mandarina, limón y flor de cempasúchil, pero a menor escala.

Por medio de su Fundación, Walmart de México comenzó a interesarse en proyectos de invernaderos de pequeños productores a partir de 2008. Si bien el eje central de la Fundación es la seguridad alimentaria, abrir paso a una siguiente etapa relacionada con proyectos productivos en comunidades pobres del país los alentó.

Gisela Noble“En septiembre del año pasado el Consejo de la Fundación aprobó un programa piloto para ver cómo funciona la comercialización. Estamos hablando de comunidades de muy bajo ingreso que vivieron en pobreza alimentaria y que hoy están llegando con su producto al piso de venta de Walmart”, explica Gisela Noble, directora de la Fundación.

La compañía eligió al Instituto para el Desarrollo de la Mixteca (Fundación Ayú) para iniciar la nueva aventura. Su relación con la organización no era una novedad, ya que desde 2005 habían trabajado juntos en la instalación de estufas ecológicas, sanitarios secos y traspatios en zonas marginadas de la región.

Entre los hallazgos de esa primera etapa destacó la participación de la población femenina, que fue la más entusiasmada en cuidar y ver crecer los huertos de jitomates y rábanos, y los traspatios de pollos, cabras y borregos, pues así aseguraban el alimento diario de la familia.

Lo que en sus inicios fue un trabajo comunitario de seguridad alimentaria, al poco tiempo se convirtió en acciones de trueque, por lo que las amas de casa comenzaron a tener ingresos adicionales y a tomar gusto por sentirse útiles y productivas.

“Un huerto es importante porque te da la posibilidad de alimentar a tu familia; pero más allá de esto, creo que el valor más importante y el más difícil de medir es el nivel de empoderamiento de la gente. La capacidad que adquieren las personas de salir adelante por sí mismas”, remarca la ejecutiva.

PIEZA CLAVE

Fundación Ayú es una asociación civil que nació 18 años atrás y que desde hace una década opera a través de unidades productivas y de servicios, con vocación en el desarrollo integral de las comunidades rurales del Nudo de la Mixteca —donde confluyen los estados de Puebla, Guerrero y Oaxaca—, del Valle Central, la costa e istmo de Oaxaca.

La organización se compone de un equipo técnico de 35 profesionistas —entre ingenieros agrónomos y administradores de empresas sociales— y 35 promotoras, y ha sido el otro elemento clave para la organización y apuntalamiento de los invernaderos de los ahora pequeños productores.

Margarito Pérez“El primer envío que hicimos a Walmart fue el 10 de septiembre pasado con 5,200 toneladas de jitomate. En noviembre estaremos mandando 6 mil toneladas y para diciembre y enero (de 2012) estaríamos hablando de 30 toneladas”, dice orgulloso Margarito Pérez, coordinador técnico del Instituto para el Desarrollo de la Mixteca.

Pérez, ingeniero agrónomo egresado de la Universidad de Chapingo, con al menos dos décadas de experiencia en proyectos sociales productivos, advierte, sin embargo, que existen todavía varios retos por delante: en primer lugar, asegurar que la producción de la región esté a la altura de los estándares de eficiencia y calidad que exige Walmart.

Otro más es el sinnúmero de necesidades que pueden tener las comunidades rurales alejadas de los grandes centros de actividad productiva, y que van desde hacer largos trayectos en caminos de terracería en detrimento de los artículos transportados, hasta integrar proyectos viables con recursos escasos y echarlos a andar.

En breve Cuodan especies del marLa Fundación Ayú opera también una Sociedad Financiera de Objeto Múltiple (Sofom), centros de capacitación y además cuenta con una red de 570 cajas de ahorro encabezadas en su mayoría por mujeres, quienes saben hacer balances básicos y administrar el destino de sus recursos económicos.

Desde hace más de 15 años, la organización ha integrado a 25 mil mujeres que participan en tareas productivas como la ganadería, el manejo de tiendas de abarrotes y zapaterías, la producción de mole, chocolate, conservas y artesanías.

En lo que respecta a los proyectos de invernaderos, éstos suman a la fecha 120, con 800 productores involucrados y un total de 25 hectáreas.

De hecho, los pequeños productores de la Mixteca generan 25 toneladas por semana, pero, debido a que el jitomate es una hortaliza que madura y perece rápidamente, el excedente de lo que no se manda a Walmart —unas 20 toneladas— se tiene que comercializar localmente a precios castigados.

Esto significa que aún no se logra que toda la producción llegue a tiempo a los cuartos fríos por falta de medios de transporte adecuados.

CALIDAD “AAA”

El 6 de septiembre, Fundación Ayú inició la operación de una de las Primero la seguridadempacadoras de pequeños productores más grande de México, ubicada a unos 15 kilómetros del municipio de Huajuapan de León, demarcación con una gran actividad comercial y de servicios por ser tierra de una población lotante que trabaja en EU y regresa para invertir sus ahorros.

A simple vista, la fachada de la empacadora es vistosa, y cuando se ingresa en ella se corrobora que tiene un sistema tecnificado de selección de jitomate, cuartos fríos y gente califi cada que está atenta a su funcionamiento. Para hacer realidad este proyecto, la Fundación pudo bajar recursos del Fideicomiso de Riesgo Compartido (Firco), un programa de la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (Sagarpa), por un total de 20 millones de pesos (mdp).

La empacadora abre al pequeño productor un horizonte de posibilidades, ya que antes no tenían la idea de que esto podía pasar, ni se imaginaron que su producto tuviera un espacio en la cadena comercial.

Gisela Noble recuerda que el modelo de comercialización de jitomates se trajo de Centroamérica y se aterrizó en México en diciembre de 2010, con un diagnóstico que revelaba la situación económica de las zonas, la capacidad de integración de los productores, las muestras de prácticas agrícolas, etcétera.

Después vino la etapa de capacitación técnica y financiera de los pequeños productores para ir cumpliendo con un objetivo claro: producir frutos de calidad Triple A.

Pesado“Es la más alta calidad del tomate. Estamos hablando del compostaje, el envasado, cómo lo tienes que embalar. En realidad el reto es todo el tema: desde que siembras hasta que cosechas. El tema es cómo traerlo desde la montaña de la Mixteca hasta el Centro de Distribución de Walmart en San Martín Obispo (Cuautitlán Izcalli, Estado de México)”, explica Noble.

Al igual que los campesinos involucrados, M argarito Pérez no ceja en su propósito de extender las labores de la empacadora. Ahora están a prueba el cultivo de jitomate cherrie, calabaza, sandía y pimiento.

Por ahora, el jitomate llega al Centro de Distribución de Walmart en un tráiler con capacidad de hasta 30 toneladas, que fue financiado con recursos captados por la asociación civil. Si los planes se expanden, tal como es el objetivo, necesitarán más elementos. Desde más transporte de pequeñas camionetas con capacidad de dos toneladas para que los frutos lleguen sin madurar a los cuartos fríos de la empacadora, hasta más inversiones en capacitación.

“Desde nuestros orígenes tuvimos la idea de desarrollar proyectos productivos que generaran ingreso y empleos. Estamos hablando de una región donde hasta hoy no hay delincuencia organizada ni agitación social, y donde justamente estos proyectos son la vía para crecer y revertir este tipo de fenómenos”, advierte Pérez.

Si bien el municipio de Huajuapan es muy dinámico, las comunidades a su alrededor sufren una paradoja: cuando sus migrantes regresan construyen su vivienda, pero no tienen dónde emplearse. Así, los nuevos planes buscan incorporar a quienes tengan el anhelo de crecer con base en programas productivos.

RESPONSABILIDAD COMPARTIDA

Neftalí GómezOtra de las grandes lecciones que han aprendido los involucrados en estos proyectos es la responsabilidad compartida. Neftalí Gómez Murillo aún no tiene 30 años de edad y es padre de dos pequeños. Comenzó a producir jitomate en el invernadero Hermanos Gómez, de mil metros cuadrados y propiedad de su familia. Para llegar al lugar hay que seguir una ruta de terracería que se adorna con flor de cempasúchil en los meses de octubre y noviembre, cuando los pequeños poblados y sus coloridas iglesias han quedado detrás

“Llevamos cuatro ciclos (años) con el invernadero, pero al principio no había dinero para los insumos. Decidimos acercarnos a la Fundación Ayú para no preocuparnos en caso de que no tuviéramos el recurso, que lo pudiéramos pagar de manera accesible y así seguir trabajando”, relata Gómez.

El atardecer cobra fuerza en la parte baja de la Mixteca oaxaqueña y las dos estaquitas con las que hoy cuenta la Fundación no se dan abasto. El trayecto del invernadero de los Gómez a la empacadora es de una hora. El jitomate se embarca por lo regular a las 8 de la noche y si no hubo posibilidad, el producto sale al día siguiente a las 5 de la mañana. “Esta tarea es de responsabilidad compartida”, expresa Neftalí.

Gaciela PonceGraciela Ponce, del invernadero Grupo Guelaguetza, ubicado a unos 20 kilómetros de camino de terracería del invernadero El Mogote Rojo, propiedad del septuagenario Felipe de Jesús Vázquez, también expresa lo mismo que sus compañeros productores: la fórmula del éxito es el trabajo y el compromiso propio con la comunidad, con los hijos, con los hermanos, con los padres o con los tíos o tías que deciden no emigrar y se quedan en su tierra.

“Una de las cosas que pensamos que en realidad hace falta en México es hacerse responsable de lo que tienes y crear conciencia de que la persona tiene en sus manos la posibilidad de generar los cambios.

“Con estos proyectos las personas toman su destino en sus manos. El drive más importante es cómo alcanzar el sueño, y esto ya no lo paras”, fi naliza Gisela Noble

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