Yo habito, luego existo / La ciudad que nos hace felices

por | Dic 22, 2025 | De Puño y Letra | 0 Comentarios

Por Romy Rojas Garrido *

Las ciudades son el reflejo de lo que somos como sociedad. La ONU estima que hoy más de 55 por ciento de la población mundial vive en zonas urbanas, y para 2050, esa cifra alcanzará 68 por ciento. América Latina, con un 81 por ciento de urbanización, es ya la región más urbana del planeta. Sin embargo, este crecimiento no siempre ha significado bienestar.

En México, el panorama es complejo. De acuerdo con la Encuesta Nacional de Seguridad Urbana (INEGI, 2023), el 62.3 por ciento de la población se siente insegura en su ciudad. A ello se suma que nuestras manchas urbanas crecieron tres veces más rápido que la población entre 1990 y 2020 (SEDATU), generando una dispersión que encarece los servicios, fragmenta el tejido social y expulsa a miles de familias hacia periferias desconectadas.

Foto: Archivo.

La falta de transporte público masivo —solo 17 por ciento de los mexicanos tiene acceso a él, frente a más del 70 por ciento en ciudades europeas—, la escasez de áreas verdes (apenas 4 m² por habitante frente a los 9 m² recomendados por la OMS) y la ausencia de instrumentos para regular la gentrificación han deteriorado nuestra calidad de vida. Todo esto se traduce en calles vacías, niños que ya no juegan afuera, jóvenes sin espacios de encuentro y comunidades rotas.

Y cuando la ciudad no genera cohesión social, lo que crece es la delincuencia. No es casualidad: las urbes fragmentadas y mal diseñadas se vuelven caldo de cultivo para la violencia y las adicciones. En contraste, experiencias como Medellín o Barcelona demuestran que el desarrollo urbano bien planeado puede ser un motor de seguridad y prosperidad. En Medellín, la construcción de transporte público integrado y equipamientos sociales redujo los homicidios en más del 80 % en dos décadas.

México necesita aprender de esas lecciones y actuar ya. Urge una nueva cultura del desarrollo urbano, donde las prioridades sean:

  • Diseñar ciudades compactas y caminables, que acerquen vivienda, trabajo y servicios.
  • Expandir el transporte público masivo y sustentable, para que moverse no sea un lujo, sino un derecho.
  • Regular la gentrificación con instrumentos de gestión del suelo que equilibren inversión y permanencia de comunidades.
  • Recuperar los espacios públicos como infraestructura social para la convivencia.
  • Y, sobre todo, tener autoridades honestas que no lucren con el desarrollo urbano y eviten que nuestras ciudades sigan fragmentándose.

El urbanismo no es un tema técnico aislado: es una herramienta de justicia social y de prevención del delito. Una ciudad bien diseñada es una ciudad más segura, más equitativa y más feliz.

Por eso, para mí, el desarrollo urbano no puede seguir siendo subestimado. Es impostergable que entendamos su gran poder para transformar a México. Si logramos que nuestras ciudades sean espacios de encuentro, de juego y de confianza, estaremos también cerrando la puerta a la violencia, a los vicios y a la desesperanza.

El desafío es enorme, pero también lo es la oportunidad. Las ciudades pueden ser el escenario de una transformación social profunda, siempre y cuando las diseñemos para la gente, para la comunidad y para la vida. Hacer ciudades que nos hagan felices es, al final, construir un México más sano, más justo y más unido. Y eso empieza hoy.

*Maestra en Arquitectura, Romy Rojas Garrido es Directora General de ULC Urban Linked Culture y Presidenta del Consejo Nacional de Desarrollo Urbano de México CONARED.

Otros artículos de la autora:

Yo habito, luego existo / Tejer ciudades organizadas y humanas

Yo habito, luego existo / Retos para el desarrollo urbano de México

Yo habito, luego existo / Proyectos ferroviarios para un México con desarrollo

Redacción Alcaldes de México

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