
Por Salvador Guerrero Chiprés / @guerrerochipres
La videovigilancia metropolitana tiene una oportunidad estratégica para transformar la coordinación institucional en una capacidad común entre demarcaciones y anticipar movimientos delictivos, reconstruir rutas de escape y reducir espacios territoriales aprovechados por la delincuencia.
Una infraestructura tecnológica coordinada permite que una investigación no pierda información al cruzar de una jurisdicción a otra.
La propuesta de un C5 Metropolitano considera un engranaje virtual capaz de enlazar centros de videovigilancia, bases de datos y herramientas tecnológicas para compartir información en tiempo real.

Foto: Cortesía.
Se trata de construir una estrategia basada en inteligencia territorial para rastrear vehículos y sospechosos cuando cruzan las fronteras entre la Ciudad de México y el Estado de México, sin esperar el inicio de una carpeta de investigación.
Una red de esta naturaleza también permitirá fortalecer la investigación de delitos con comportamiento regional, como el robo de vehículos, la extorsión o el homicidio, acompañada de la propuesta de la Jefa de Gobierno de la CDMX, Clara Brugada, de crear una Policía Metropolitana para el Valle de México para reforzar la estrategia.
El intercambio de información y capacidades de videovigilancia permite ampliar el campo de observación sobre los corredores metropolitanos, aquellos espacios donde diariamente circulan millones de personas y donde también se desplazan vehículos utilizados en actividades delictivas.
A nivel internacional, Nueva York ha desarrollado redes metropolitanas articuladoras de los sistemas de videovigilancia de departamentos de policía municipales y condales con plataformas centralizadas de video y lectura de matrículas, ampliando la capacidad de seguimiento más allá de los límites jurisdiccionales.
La infraestructura tecnológica de los C5 constituye una capacidad estratégica para fortalecer la investigación delictiva: 119 mil 711 cámaras en la Ciudad de México y alrededor de 20 mil en el Estado de México, conforman una red de observación para aportar evidencia.
De esta manera, los recursos tecnológicos se convierten en un ecosistema de seguridad compartida, donde la coordinación interinstitucional hace posible que la frontera política permanezca en el mapa sin convertirse en un límite para la inteligencia, investigación y respuesta de las autoridades.
La metrópoli ya funciona como un territorio integrado por sus desplazamientos, el siguiente paso es homologar sus capacidades de seguridad para cerrar las puertas a la impunidad y trabajar como una sola red de información frente al delito.
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