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¿De alcalde a presidente?

En octubre me invitaron a moderar un panel en el Encuentro Mundial de Valores y tuve la oportunidad de escuchar y charlar con Sergio Fajardo. Hace 17 años era un profesor universitario, hoy es uno de los candidatos a la presidencia de Colombia y lidera algunas encuestas para lograrlo. La gente parece confiar en un gobernante que es coherente y consistente en un contexto latinoamericano en el que la confianza en los gobiernos sigue a la baja.

Su carrera política comenzó en 2003 cuando fue electo alcalde de Medellín, la segunda ciudad más grande del país. Durante su periodo construyó centros culturales, parques y bibliotecas en los barrios más peligrosos y pobres de la ciudad, bajo el lema “lo más bello para los más humildes”. Diez años después, Fajardo fue electo gobernador del departamento de Antioquia, donde impulsó la construcción de 40 centros educativos en localidades remotas. Durante ambos mandatos, los ejes de su gobierno fueron la transparencia y la prevención de la corrupción. Cuando Fajardo asumió la gubernatura, Antioquia se encontraba en el puesto 27 del Índice de Gobierno Abierto, que mide el cumplimiento de las normas anticorrupción. Al dejar el departamento se encontraba en el primer lugar.

Otro de los proyectos que contribuyó a lograr esto fue la Feria de la Transparencia, un espacio abierto a ciudadanos y empresarios donde las diferentes secretarías exponen todos los aspectos de las contrataciones estatales, con el objetivo de informar a la población y facilitar el monitoreo de recursos públicos.

La posición de Fajardo en las encuestas prueba que el buen desempeño y la confianza pueden catapultar una carrera política. En un país desencantado con sus élites, la integridad y la competencia pueden promover una candidatura presidencial por fuera de la estructura de los partidos políticos. En su campaña presidencial, la prevención de la corrupción, la participación ciudadana y el estilo transparente de gobernar ocupan el lugar central. No estoy argumentando que Sergio Fajardo sea el mejor candidato para la presidencia de Colombia, pero es un ejemplo de que la cercanía con la gente y la transparencia pueden convertirse en una plataforma sólida que apela al apoyo electoral.

En México, desde 2004, 25 gobernadores han sido acusados de actos relacionados con corrupción y se han abierto investigaciones en contra de 12. ¿Cuándo tendremos alcaldes que sean ejemplo de apertura y cuya buena fama sea suficiente para hacerlos candidatos viables a la presidencia? Contamos con herramientas para promover la transparencia, impulsar el gobierno abierto y prevenir la corrupción, que los políticos podrían usar para demostrar que son, al igual que algunos de sus homólogos colombianos, coherentes y consistentes.

La fuerza de la candidatura de Fajardo es, en sus propias palabras, “la fortaleza de los argumentos, la transparencia en el comportamiento, una manera de relacionarse diferente con la sociedad”. Si más alcaldes se comprometen con estos principios, estoy seguro que podremos ver candidatos a la presidencia que empezaron a transformar a México desde un palacio municipal.

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