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Para ganar elecciones: transparencia.

Arturo Sánchez Gutierrez descripción 2013

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Los acontecimientos de enero muestran las paradojas que vive la política en el país. Por un lado, el cambio de sexenio y la alternancia no hicieron evidente que el viejo Partido Revolucionario Institucional (PRI) había regresado. La forma de hacer política cambió, ya que el gobierno privilegia la construcción de consensos para actuar, mientras que las instituciones como el Congreso de la Unión operan de manera más inclusiva y negociadora.

Con todo, prevalecen altos niveles de inequidad social e, independientemente de la forma como se mida la pobreza, la lucha contra este fenómeno deberá continuar. La agenda prometida no es sencilla y, más allá de las reformas laboral y educativa, los temas que vienen no serán tan fáciles de concertar.

Por ejemplo, el fortalecimiento de las telecomunicaciones y toda la legislación que lo acompaña enfrentará posiciones muy radicales. En el caso de la reforma energética, la idea de tocar fuertemente a Petróleos Mexicanos (Pemex) no resulta fácil de operar, tanto por la fuerza de su sindicato, como por la rígida estructura que caracteriza a esta institución.

Algo similar ocurrirá con la reforma hacendaria y fiscal, pues si se quiere ir al fondo de los problemas, se necesita de toda una nueva concepción de la hacienda pública, no sólo para recaudar impuestos, sino para ejercer el presupuesto con un sentido de eficiencia y productividad.

Sin embargo, los acuerdos se construirán con mayor facilidad en un tema que afecta a las administraciones locales. Al parecer, nadie duda de la necesidad de una regulación sobre las responsabilidades hacendarias de los estados y los municipios. Muchos de los presidentes municipales que tomaron posesión recientemente se encontraron con una de tres situaciones: alto nivel de endeudamiento, arcas prácticamente vacías, o bien presupuestos insuficientes para los proyectos que se habían ofrecido. Evitar esos escenarios es la misión de las nuevas normas.

Al igual que la ley que uniforma la contabilidad de los tres niveles de gobierno, el avance de la transparencia como política general y la proyección de la responsabilidad hacendaria han comenzado a cambiar de raíz muchas de las viejas formas de la administración municipal.

Si el gobierno en turno quiere mantener el bono de credibilidad que está en proceso de construir, las palabras mágicas son “rendición de cuentas efectiva”. Ese es el reto que enfrentarán muchos de los nuevos presidentes municipales y, para eso, habrá que prepararse con nuevos esquemas de administración y generación de políticas públicas.

Sin duda, muchos gobernadores buscarán salidas para mitigar el efecto de las reformas en lo inmediato. Es factible que el proceso de reestructura implique una renegociación de deudas y establecimiento de metas hacendarias muy específicas en el corto plazo; pero sin duda alguna, la perspectiva que se configura implica una forma de administración muy transparente que convenza a los gobernados. Así se ganarán las elecciones en adelante y para ello habrá que capacitarse y prepararse.

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